(Publicado hoy en mi columna del Correo del Orinoco)
DE AMOR Y CON AMOR
Hace unas semanas me referí, en este mismo espacio, al odio obsesivo que ha hecho su nido en el ánimo de algunos sectores, por fortuna minoritarios, de nuestra sociedad. Un odio de tal naturaleza que les enturbia la razón y, por supuesto, la capacidad de apreciar y entender la realidad.
Dije entonces que es un odio peligroso del cual hay que cuidarse.
Seríamos injustos con esa misma realidad si al mismo tiempo no hacemos referencia al inmenso amor, que por contrapartida, llena y desborda el corazón de la mayoría del pueblo.
Un amor vigoroso, creativo, alentador y, por supuesto, terrenal, ligado a la vida.
No es un amor idealista, de seres alados o espíritus puros. No es una entelequia. Es un amor de humanos, de hombres y mujeres justos, que cada día busca concretarse en acciones y que se reconoce en los tiempos de cambio que transitamos.
Es un amor en revolución, esto es, transformador. Un amor para el bien común.
Es un amor en el otro extremo del odio estimulado por la burguesía.
Pues si aquel odio quiere retroceder, para deshacer el presente y volver al pasado, borrando lo que hemos conseguido en estos años, por el contrario este amor nuestro, este amor de pueblo, expansivo y generalizado, tiene verdadera vocación de felicidad. De la mayor suma de ella para todos, como decía Bolívar. Pues de eso se trata. Estamos hablando de política y la política no es un juego superficial. Nos va en ella el sentido completo de la existencia en comunidad.
Con ese amor avanzamos. Con él como bandera. Y se hace cualidad suprema de las relaciones humanas en la refundación de un país.
Florece por todas partes, como antídoto del odio.
Un amor colectivo que, en definitiva, debiera garantizar que esta revolución social, en pleno proceso de consolidación y expansión, no pueda ser derrotada por nada ni por nadie.
Con ese amor le decimos a Chávez: P’alante Comandante.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada