domingo, 22 de enero de 2012

UN ODIO PREOCUPANTE / 19.01.12

Publicado el jueves 19 de enero en el Correo del Orinoco

Desde la izquierda


UN ODIO PREOCUPANTE

A veces damos trato superficial al odio del que hacen gala algunos sectores de la oposición.

Un odio ciego, espeso, obsesivo, y sin límites.

Odio expresado en sus medios de comunicación o que se revela en las palabras y gestos de un político de la derecha, como fue en el caso de la diputada el día del mensaje presidencial.

Pero que de vez en cuando lo observamos también en un ciudadano de a pié, en una dama con aspecto de ama de casa, por ejemplo, o en un vecino con los que nos encontramos en cualquiera de las actividades de la vida cotidiana.

Tan fuerte es ese odio que supera toda prudencia hasta irrumpir de pronto hacia nosotros, o hacia otros, como un acto inoportuno de mala educación, desconsiderado o agresivo. ¡Es tan frecuente!

Puede ocurrir entonces que le quitemos importancia y lo tratemos como una curiosidad, o como síntoma de alguna patología. Que digamos que es algo enfermizo, sabiendo desde luego que lo es.

También es posible, y sucede a menudo, que encontremos en ello el motivo para algún chiste o una nota humorística. Y que después nos quedemos tan tranquilos, como si la cosa no fuera a trascender y no tuviera que ver con nosotros y nuestro destino.

¡Ah, qué grave error!

Porque yo debo decir que me preocupa.

Me preocupa ese odio, tanto odio, irracional y perturbador.

Y digo que no hay que tomárselo a la ligera, porque a partir de él como de un nódulo perverso de la sicología de masas, podría desarrollarse una violencia fascista que nos afectara seriamente. ¡Quien sabe!

El odio está allí y es un veneno que engendra fanatismo.

Como hemos advertido otras veces, la derecha carga en su propia naturaleza el argumento de la fuerza como el resumen de las ideas. Y cuando puede, cuando encuentra una grieta, una oportunidad, aplica ese argumento.

Lo vivimos el 11 de abril de 2002, cuando el odio encendido preparó emboscadas, produjo víctimas, diseñó traiciones y se enardeció marchando hacia el Palacio que el pueblo defendía.

El fascismo está allí, activo en unos casos y latente en otros, encapsulado, atento. No hay que perderlo de vista.

Farruco Sesto