(publicado el sábado en Todosadentro)
La Poesía de la Ciudad
Palabras a los Pobladores
En días pasados, junto a los ministros Ricardo Molina e Isis Ochoa, tuve la oportunidad de improvisar unas cortas palabras dirigidas a los delegados del Movimiento de Pobladores de Venezuela y América Latina. Fue con motivo del acto que se realizó en el Teatro Teresa Carreño.
Pero debo decir que si mis palabras fueron ciertamente improvisadas, no lo fueron las ideas que allí expuse. Son ideas trabajadas por muchos de nosotros desde hace largo tiempo.
Aunque no recuerdo con precisión matemática lo que dije en esos momentos, quiero dejar aquí anotado lo que pudiera ser un resumen. Son cinco ideas básicas.
Una: No puede existir una transformación revolucionaria del hábitat sin que los movimientos sociales se encuentren directamente involucrados. Cualquier otra posibilidad es inimaginable. Intentar una transformación sin el pueblo sería necio e inútil. Y cuando digo que los movimientos sociales deben estar involucrados, no me refiero a que puedan manejar información y a que sean objeto de consulta. No es eso. O al menos eso no es todo. Me refiero a la cuestión de fondo. A que logren apoderarse de la capacidad de reflexión en colectivo. Y a que puedan participar protagónicamente en la toma de decisiones.
Dos: Es necesario adentrarse en procesos de planificación que vayan a contrapelo del orden burgués heredado. En el caso de la planificación del hábitat debemos ir inventando unos modelos que respondan a la idea de un urbanismo subversivo. ¿Cuáles son esos modelos? No hay una formula preestablecida. Hay que producirla en cada caso.
Tres: Los movimientos sociales que buscar incidir físicamente en la ciudad, deben aprender a sortear la peligrosa trampa de las escalas, para ser capaces de manejarse a la vez en todas ellas. Anoto de manera particular el riesgo de que el trabajo en la escala vecinal o sectorial refuerce una actitud defensiva, egoísta, ajena a la totalidad del problema, si no va acompañado de una comprensión integral de la ciudad y de un consecuente compromiso con ella. La unidad territorial de lucha profunda, para los grandes cambios, no es el vecindario, sino la ciudad.
Cuatro: La actuación de los movimientos sociales en resistencia no puede ser exactamente igual a la actuación de los movimientos constituidos en gobierno popular. Son dos tiempos, dos escenarios distintos. A los efectos de transformación del hábitat, nuevas formas de actuación del pueblo en revolución, más abarcadoras, más ambiciosas y más estructuradas, deben ser concebidas y puestas en práctica.
Cinco: La lucha por la vivienda y el tema de la autogestión deben ser colocadas al servicio de la transformación revolucionaria, emancipadora, de la ciudad. Si no se hiciera así, se estarían perdiendo oportunidades históricas y ello sería altamente irresponsable. Porque el problema de la vivienda, el de la ciudad, el de la ciudadanía y el de la construcción del socialismo van inexorablemente juntos. No existe forma de trabajarlos por separado.




