(Entrevista publicada el sábado 4 de junio en Todosadentro)
Hoy el semanario cultural Todosadentro estrena dos páginas de su estructura para un tema necesario, el de la transformación de la ciudad. La identificación permanente de esas páginas llevará por encabezado el título La poesía de la ciudad. Para iniciar esta tarea divulgativa nuestro semanario cultural ha escogido entrevistar a quien hoy ocupa la responsabilidad de ser Ministro de Estado para la Transformación Revolucionaria de la Gran Caracas, Francisco Sesto Novás.
Todosadentro.- ¿Por qué ese título? ¿Qué tiene que ver la poesía con la ciudad? ¿Qué de poético puede tener una ciudad ajena y triste?
Farruco.- Bueno, camarada, me disparas una ráfaga de preguntas con apariencia de una sola. Vamos a ver. El título de La Poesía de la Ciudad lo utilicé hace muchos años en una columna semanal que tuve en el Diario de Caracas. Allí reflexionaba sobre ese tema tan importante, yo diría que trascendental, de la sociedad venezolana contemporánea. Pero esa reflexión la hacía más en términos poéticos que sociológicos, por decirlo de alguna manera. Más desde las sensibilidades de la vida cotidiana. Ese título lo reproducimos ahora para esta doble página de Todosadentro. La intención sigue siendo la misma o muy parecida. La ciudad es el ámbito de la vida en común. Y si ese ámbito no está impregnado de poesía, de nada vale. Hay una poética de la existencia que muchas veces nos ha sido arrebatada, pero a la que tenemos el derecho de recuperar, para disfrutarla, para expresarla. Entre otras cosas, para eso es una Revolución.
Tú hablas de una ciudad ajena y triste. ¿Ajena? En parte es verdad, pero la estamos reconquistando, para que sea nuestra verdaderamente, es decir de todos. ¿Triste? No lo creo, nuestras ciudades nunca han sido tristes, ni siquiera en los peores momentos a pesar de sus luchas permanentes contra la adversidad. Tienen problemas, es verdad, pero este pueblo los enfrenta con el mejor de los ánimos. Es un pueblo tratando de construir para él la mayor suma de felicidad.
Todosadentro.- Usted ha hablado varias veces en el programa de radio que conduce los días lunes En Caracas con Farruco, acerca del alma de la ciudad.
-¿La palabra alma es para usted un sinónimo de poesía cuando se refiere a la ciudad?
Farruco.- Me gusta la definición de alma que nos da Gustavo Pereira: la de conciencia sensible. Y así como cada uno de nosotros tiene un alma, esa conciencia que se abre paso desde los sentimientos, de la misma manera una ciudad tiene un alma colectiva. Pero esa alma que es de todos, no está en lo material, en lo físico, en las formas y los espacios urbanos, aunque se relaciona con ellos, sino en sus habitantes, los de ahora y los de antes. Y de alguna manera, también en los que vendrán, imaginados, intuidos, desde el tiempo presente. El espíritu de la ciudad es el espíritu de sus gentes, enlazadas a través de la memoria, de la realidad cotidiana y de los sueños. Una ciudad es un proyecto de vida en colectivo. ¿Acaso te parece posible un proyecto de vida, sin aliento poético? De nada nos valdría.
Todosadentro.- La ciudad de Caracas, ¿tiene alma?, ¿siempre la ha tenido? ¿Hace falta inventarle un alma?
Farruco.- Es lo que te digo: hay un alma de Caracas, por supuesto. Es el espíritu de la ciudad que nos trae el recuerdo de aquellas figuras notables como la de Simón Bolívar, por poner el ejemplo más destacado, pero también de tantas y tantas personas de las cuales ni siquiera guardamos registro de su nombre, que han pasado por aquí a través de los siglos y fueron construyendo este lugar, esta casa de todos, y, al hacerlo lo fueron disfrutando y padeciendo, porque así es la historia de los seres humanos.
Esa es el alma de la ciudad. Algo que se hace cada día, que cada día se renueva, que a todos nos contiene, pero que se va dibujando siempre, generación tras generación, sobre un mismo soporte.
Todosadentro.- A usted se le ha asignado una gran tarea con rango de Ministro de Estado. Transformar la ciudad.
¿Por qué transformarla la ciudad? ¿La que tenemos no sirve?
¿Esa es una tarea compartida?
¿Con quién o quiénes la comparte y cómo se reparten las tareas de reconstrucción?
¿Tienen mecanismos de articulación entre los entes afines? ¿Cómo se prueba la eficacia de esa articulación?
Farruco.- Muchas cosas. Me preguntas demasiadas cosas todas juntas. Pero te digo con claridad meridiana: Caracas necesita urgentemente acelerar el proceso de transformación profunda que se ha venido iniciando en ella con la Revolución. En verdad es difícil percibirlo en sus aspectos urbanísticos, porque once años es muy poquito tiempo en relación a sus siglos de vida, pero, al menos, son suficientes para detectar la necesidad de es cambio y disponerse a ello con todo el ánimo.
Con todo, Caracas es el reflejo de la sociedad que queremos dejar atrás, de la cual valoramos algunas virtudes, pero rechazamos radicalmente sus perversidades. Entre ellas, la cruel segregación por clases sociales que se observa a simple vista.
¡Ah! en verdad, Caracas debe transformarse, sobre todo porque nosotros debemos cambiar también y, de hecho, estamos cambiando. ¿Acaso es concebible que podamos transformar la sociedad y al mismo tiempo mantener intacta la expresión urbana de sus inhumanas contradicciones?
No. No es posible. Pero te aclaro: No es una tarea para un hombre, ni siquiera para un gobierno, es una tarea de todo un pueblo. Uno lo que puede, si algo puede, es ayudar a recoger algunas ideas del colectivo, para sintetizarlas y devolvérselas al colectivo un poco más ordenadas.
El Presidente Chávez, tú lo sabes, tiene una gran preocupación por Caracas, porque la quiere, la estudia con cuidado, reflexiona mucho sobre ella. El proyecto de la Revolución, no puede ser de otra manera, debe incidir en esta ciudad, directamente en lo urbano y reflejarse en ella. El Presidente me ha pedido mi humilde aporte en esta tarea, como revolucionario arquitecto. No en solitario, una vez más lo digo. Tampoco concentrado en las ideas de un equipo de especialistas. Sino trabajando con todo el gobierno y, sobre todo, con el pueblo en marcha. Escuchando su voz permanentemente. Trabajando con sus argumentos. Y también ¿por qué no?, iluminándonos con la poesía de su experiencia vital. Haciendo una analogía con el lema del Ministerio de la Cultura me atrevería a decirte: el pueblo es la poesía de la ciudad.