






Ilustran esta nota algunas fotografías de la casa, mi casa, en la que vivimos desde hace treinta y seis años. ¿Pero cuántos años más se expresan en ellas de una existencia cuyos vínculos y eslabones vienen de lejos? (Mi padre nació en 1909 y mi madre en 1911. Mi abuelo materno en 1880). ¿Y cual es la medida de los años que allí van entretejiendo una hipótesis de futuro?
LA CASA
¿Cómo decirlo? La casa suele ser el más importante espacio simbólico de la historia personal.
Es un santuario, es un taller, es un refugio, es el fuego alrededor del cual nos establecemos en hogar.
Allí se concentra el espíritu de las generaciones, las que pasaron y las que están llegando.
Nombres que luchan por no desdibujarse y sonrisas que emergen.
Allí, en ese lugar entrañable que es la casa de cada uno, van quedando las huellas de la aventura de la vida. Y, por supuesto, los restos de naufragio, esos objetos que van posándose sin mucho concierto, como traídos a la playa por las mareas.
También los sueños. Porque la casa carga en sus entrañas, de alguna manera, un cierto ánimo de porvenir.
Cualquier observador atento, a poco que se fije, descubrirá unos cuantos registros y ciertas claves, no siempre fáciles de interpretar, que hablan de la existencia que va transcurriendo en tal ámbito sagrado.
Puede cambiar la casa, físicamente, de ubicación o forma.
Lo que nunca ha de cambiar es su aroma profundo que recorre transversalmente el tiempo.
Ahora que en Venezuela se han adjudicado ya más de cien mil casas este año a otras tantas familias, sabemos que, más allá de su materialidad, hay en esa entrega un don espiritual repleto de significado.
1 comentarios:
la casa es le corazón...gf-mérida
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