lunes, 28 de noviembre de 2011

TERRENOS / 28.11.11



El Procurador Carlos Escarrá y el ministro Farruco Sesto se hacen presentes en una etapa del proceso de adquisición forzosa de un terreno subutilizado en la zona de las Tres Gracias.



(Publicado el sábado en el semanario Todosadentro)


La Poesía de la Ciudad


TERRENOS


Caracas, lo sabemos bien quienes vivimos en ella, es una ciudad a medio hacer.

En la extraña locura de un siglo de desgobiernos, creciendo a los golpes y sin controles aparentes (pues los que existían estaban al servicio del mercado especulativo), nuestra ciudad tiene hoy día tantos problemas estructurales que su renovación profunda pareciera una utopía.

Y, sin embargo, no existe otro camino para nosotros que ir hacia esa renovación a fondo. Y eso sólo es posible hacerlo en revolución. Pues no se trata nada más de adecentar sus espacios públicos y ponerla bonita en apariencia, sino de resolver a la vez las graves condiciones de segmentación, segregación y exclusión que se fueron desarrollando a lo largo de un siglo.

Yo he venido insistiendo en que, al mismo tiempo que se va modificando radicalmente el esquema de relaciones humanas de sus habitantes (¿y no es para eso una revolución verdadera?), es posible hacer de Caracas la ciudad justa, hermosa y funcional que todos deseamos.

Para ello se necesita entrarle al problema desde el ámbito de las grandes decisiones ordenadoras, estructurantes, pero también, por supuesto, desde la escala que da el acercamiento a la calle, al barrio, al sector, retejiendo la ciudad cuadra a cuadra y, en algunos casos, parcela a parcela.

Cuando este acercamiento se produce, cuando ponemos la vista en el detalle, comenzamos a encontrarnos con una cantidad de situaciones arquitectónicas y urbanas que nos están pidiendo una intervención a gritos.

Entre esas situaciones de múltiple naturaleza, hay una de ellas que es la que quiero destacar hoy aquí. Me refiero a la de los terrenos vacíos (que todavía los hay), subutilizados o mal utilizados en plenas zonas céntricas de la ciudad.

Desde un punto de vista fundamentalmente urbano y de conveniencia ciudadana, tal cosa es inconcebible. Y lo es a tal punto, que esta situación caraqueña es muy difícil encontrarla en otras ciudades importantes del mundo y mucho menos en una Capital.

Entre otras razones porque la doble arma de las ordenanzas y planes regulatorios por un lado y de los fuertes impuestos municipales por el otro, lo impiden.

Nadie puede darse el lujo, por ejemplo, en el centro de Madrid o en Buenos Aires, de acopiar varios terrenos para utilizarlos, así como están, sin ningún esfuerzo de adaptación arquitectónica, como estacionamiento de un restaurante.

Imaginemos en una gran ciudad un terreno que estuviera en un lugar céntrico parecido al Paseo los Ilustres. Podemos estar seguros de que su propietario no lo tendría como una triste explanada para mostrar y vender carros nuevos o usados.

O como un campo de tierra utilizado como mal estacionamiento.

Esto que vemos en Caracas no entra en la lógica de las cosas.

Y lo peor, en el caso nuestro, es que a la par que se descuidan y subutilizan terrenos tan importantes, miles de familias han venido construyendo su hábitat en quebradas y zonas de riesgo, por falta de terrenos accesibles.

Pero he aquí que surge la Gran Misión Vivienda Venezuela.

Y es entonces, a partir de ahora, cuando comenzamos a revertir tales situaciones actuando con decisión y sabiduría.