(Publicado ayer en el Correo del Orinoco)
Desde la Izquierda
ORGULLO E IMPACIENCIA
Conviven en mi alma dos sentimientos aparentemente contrapuestos.
Por un lado un inmenso orgullo por todo lo que hemos avanzado bajo el liderazgo del Presidente.
En verdad el proceso bolivariano ha tenido logros inimaginables en la transformación de la realidad. Ha dado pasos de gigante, diría yo, en lo político, en lo económico, en lo cultural.
¿Quién puede negarlo? Hoy día este país ya es otro, con la seguridad casi absoluta de que no hay retroceso posible.
Y es que una Revolución es, justamente, para eso, para producir cambios profundos e irreversibles. Cambios estructurales. Si no ¿para qué sirve? ¿Para qué tanto esfuerzo?
Pero junto al legítimo orgullo por lo alcanzado, aparece al mismo tiempo un sentimiento de impaciencia por lo lento de ciertos procesos, sobre todo cuando se trata de darle respuestas al pueblo en algunos de sus problemas relacionados con lo cotidiano.
Ya sabemos que la lucha no es fácil ¿Quién dijo que lo fuera? Pero a veces la impaciencia se agolpa en nuestro ánimo cuando vemos que en determinados aspectos de la vida diaria no logramos responder con la celeridad debida a las expectativas que la propia Revolución ha creado.
Sabemos, por supuesto, que siempre es así, que todo proceso de transformación es complejo. Pero a veces, uno quisiera forzar la realidad, doblegarla a nuestra voluntad, tomar atajos imposibles encogiendo el tiempo, para que pudiéramos avanzar aún más rápido, mucho más rápido, en la derrota definitiva de la pobreza material y espiritual.
Cuando vemos, por ejemplo, el peso que todavía tiene en el colectivo la cultura rentista, o la tradición machista, o el interminable burocratismo, y cómo eso nos afecta como pueblo, entonces nos impacientamos.
Pues si bien es cierto que realmente llegamos muy lejos, el hecho es que quisiéramos todavía ir mucho más allá. En verdad, lo necesitamos. Aquello conseguido es poco en comparación con lo que debemos alcanzar.
Eso quiere decir que nos esperan todavía muchos años de especial esfuerzo. La meta es particularmente hermosa y hay que entregarse en cuerpo y alma para hacerla nuestra.
Se necesita una gran energía creadora, como la que estamos desplegando pero aun más intensa.
Hemos hecho mucho. Pero es mucho lo que falta.
Que nadie decaiga.
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