(Publicado el jueves pasado en Todosadentro)
Desde la Izquierda
FIDEL Y LA POLÍTICA
Hace unos días, en el inicio de sus reflexiones, Fidel Castro se refirió a la política como una ciencia, al mismo tiempo que la calificaba de arte.
A los efectos de situar esta doble definición en su contexto, me permito transcribir sus palabras:
“Hago un alto en las tareas que ocupan la totalidad de mi tiempo en estos días, para dedicar unas palabras a la singular oportunidad que ofrece para la ciencia política el sexagésimo sexto período de la Asamblea General de Naciones Unidas.
El acontecimiento anual demanda un singular esfuerzo de los que asumen las más altas responsabilidades políticas en muchos países. Para éstos, constituye una dura prueba; para los aficionados a ese arte, que no son pocos ya que a todos afecta vitalmente, resulta difícil sustraerse a la tentación de observar el interminable pero instructivo espectáculo”.
Más allá del profundo contenido de las reflexiones de Fidel, este aspecto incidental de su texto, la doble consideración de la política como una ciencia y como un arte, nos pone a pensar.
Pues a nuestro entender, la ciencia y el arte son las dos grandes herramientas fundamentales que el género humano ha ido construyendo para ayudarse en la búsqueda de la verdad.
La primera, para descubrir las leyes universales de la naturaleza.
La segunda, para avanzar en la comprensión de lo humano, y su compleja diversidad.
Me parece, pues, muy interesante que en esta oportunidad Fidel Castro, como al pasar, y mientras observa los complejos acontecimientos del mundo, nos recuerde que la política está dotada de ambas miradas: la de la indagación racional de lo objetivo y la de la inmersión sensible en lo subjetivo, es decir en aquello que depende de nosotros, los seres humanos.
Coincido plenamente con estas apreciaciones de Fidel.
Cultivemos, pues, los revolucionarios la política como se cultiva un arte. Con la sensibilidad necesaria, la pasión creadora, la indispensable irreverencia y el amplio ejercicio de la intuición.
Pero trabajemos en ella como se hace en el campo de la ciencia: con la constancia, la razón, el rigor, el método y la obligatoria intervención de la duda, como elementos para asegurar el camino.
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