jueves, 6 de octubre de 2011

AMANECIENDO / 6.10.11

(Publicado hoy en el Correo del Orinoco)



Desde la Izquierda


AMANECIENDO


Cada día, muy tempranito, como a las cinco y media de la mañana, me siento ante la computadora para abrir algunas páginas de noticias y de opinión. Unas de aquí, como la de la Agencia Venezolana de Noticias o Aporrea y otras de afuera como la BBC, Público, Cubadebate o Rebelión.

Es toda una rutina.

Como no tengo mucho tiempo, pues a las siete debo estar en mi trabajo, les echo un vistazo muy rápido.

Pero a través de esa lectura diagonal, creo que logro tomarle diariamente el pulso a este mundo convulsionado, para conocer su estado de salud.

Y la verdad es que esta nave espacial (como le dice Walter Martínez) en que navegamos, se está moviendo en todas direcciones como una coctelera.

¿Y quieren que les diga lo que pienso, es decir, lo que siento cada día después de esta exploración matutina por los medios?

Pues que las cosas por allá afuera, en las naciones supuestamente ricas y desarrolladas, están vueltas un desastre.

Quiebran las finanzas de los países y lo pagan sus pueblos que ven bajar dramáticamente su calidad de vida, se afectan los derechos sociales, aumenta el desempleo y el descontento sale a la calle convertido en indignación. Todo ello mientras las clases gobernantes que le entregaron el poder político a la Banca, ya no saben que hacer para justificar la situación. Al punto que, a cada rato, se inventan una guerra para tratar de oxigenar la economía y al mismo tiempo distraer la atención.

Cada día el enredo es más grande. La coctelera se va convirtiendo en montaña rusa. Y las salidas parecen irse cerrando, al tiempo que la farsa de la superioridad del “viejo mundo” sigue siendo hipócritamente representada.

Y mientras tanto ¿Qué pasa en Venezuela?

¡Pues todo lo contrario! Cantan los hechos. La economía crece, se reduce la pobreza, la democracia se profundiza, aumenta el bienestar social, y la confianza y la esperanza se hacen grandes virtudes colectivas.

¿Qué más puedo decir? ¡Agradezco al destino que esta sea mi patria!

Todo por amor.

P’alante, comandante.