(Publicado hoy en el Correo del Orinoco)
Desde la Izquierda
La memoria me lleva a los años cincuenta del siglo pasado.
¡Qué intensos recuerdos!
Era un adolescente entonces y, por consiguiente, mi alma era el centro de los conflictos del mundo.
¡Había tanto que conocer, tanto que descifrar, tanto que sentir!
¡Y aquella nuestra mirada insaciable, entre la ingenuidad y la desconfianza!
Descubríamos que el mundo no era un lugar perfecto y que, en consecuencia,
teníamos que aprender a mirarlo con los ojos de quien espera transformarlo.
A esas edades uno no tiene límites ¿no es cierto?
Se procuran y se encuentran referencias, donde quiera que estén, para nutrirse de ellas.
Así, por circunstancias de la vida, yo encontré un ejemplo que me iba a marcar para siempre. Un modelo.
Por primera vez oí y leí el nombre de Fidel.
Supe de Cuba, de la Sierra Maestra y sus guerrilleros, y del 26 de julio.
Ello alimentó mi rebeldía naciente. Y dibujó un camino.
Desde entonces he ido ajustando la mirada, pero siempre desde la misma perspectiva que en aquel momento hice mía.
Han pasado más de cincuenta años.
Fidel cambió la historia de Cuba desde luego. Todos hemos sido testigos de ello.
Pero no solo la de su país. Igual cambió la historia del mundo. Así lo creo. Son millones de personas las que me acompañan en ese convencimiento.
Yo lo que puedo decir, humildemente, es que entre las muchas cosas que cambió Fidel, también lo hizo con mi vida.
Ahora que acaba de cumplir años, no puedo dejar de reconocerlo y agradecérselo una vez más.
Ochenta y cinco años: ¡Salud, Comandante!
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada