jueves, 11 de agosto de 2011

EL PRESIDENTE Y LA VIDA / 11.08.11

(Publicado hoy en el Correo del Orinoco)

Desde la Izquierda


EL PRESIDENTE Y LA VIDA


Estos días el Presidente insiste en multiplicar las referencias a la vida y a las ganas de vivir.

Las razones son obvias.

Siendo, como es, un hombre extremadamente vital, y siendo al mismo tiempo tan sincero y comunicativo como es, ha sentido la necesidad de reafirmar esa vitalidad para él mismo y para nosotros.

Y de verdad que nos da fuerza.

Y logra su objetivo al involucrarnos y hacernos pensar mucho en estos días sobre ese asunto de la vida.

Pero por otra parte hay que decir que el tratamiento del tema no es nuevo en Chávez.

Viene de lejos. De muy lejos.

Y en concreto de una manera muy especial ya lleva dos o tres años refiriéndose al sentido profundo de la vida desde lo individual hacia lo colectivo.

A la calidad de vida desde una espiritualidad compartida.

A la relación ciudadana de cada una de nuestras vidas con las de las demás.

A la vida y a su entretejido de existencias, como memoria continua, memoria que fluye con el río de la historia que nunca se detiene.

A la vida en dignidad. Tan necesaria para la reafirmación de lo humano.

A la vida en el concepto del buen vivir. En armonía con la naturaleza. Desde el conocimiento de lo que somos.

A la vida en la noción del vivir viviendo, en lo cotidiano, entendido desde la esencia más que desde la apariencia.

A la vida en común, de libertad, de fraternidad, que debemos conquistar o construir entre todos, sin que nadie se quede afuera.

A la vida en la sinceridad y la sencillez, desmanteladas todas las hipocresías.

A la vida como proyecto solidario.

De modo pues, repito, que el tema no es nuevo en el Presidente ni en sus reflexiones y discursos.

Cuando en estos días él habla de un nuevo Chávez, o de la manera distinta en que a partir de ahora va asumir su vida, en realidad lo que está haciendo es utilizar su propia experiencia vital para comunicarnos directamente algo.

Algo que él ha venido trabajando íntimamente desde siempre.

La necesidad de que la vida esté conectada con una razón, a la que él denomina razón amorosa.