viernes, 15 de julio de 2011

UNA MIRADA A LA VIEJA EUROPA / 15.07.11

(Publicado ayer en el Correo del Orinoco)


Desde la Izquierda

UNA MIRADA A LA VIEJA EUROPA

Alguna vez, muy atrás en el tiempo, los partidos europeos de izquierda pudieron ser una referencia.

Hoy no tienen aliento, ni sueño alguno reconocible que valga la pena.

¿Por qué?

Porque fueron espiritualmente, ideológicamente, domesticados por el enemigo. Así lo pienso.

¡Es curioso! Aprendieron a ver el mundo a través de los lentes de sol que el propio capitalismo les obsequió. Y les pareció bien. Están satisfechos con lo que son: la culta izquierda de una Europa culta.

Pongo nada más dos ejemplos.

El primero, referido al propio concepto de revolución. En Europa la izquierda organizada hace tiempo que abandonó esa idea. Le da grima o algo parecido. Le parece que una revolución no es pertinente en la Europa civilizada. Que ella es propia de los paises atrasados, tercermundistas, subdesarrollados, como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Jamás de un continente que es referencia de “progreso”.

Y digo yo, que con la renuncia a la idea de revolución vino aparejada una pérdida absoluta de la vocación de poder. Lo cual, a su vez, influyó en el ánimo del pueblo elector. Pues ¿quién se va a inclinar por aquel que no quiere verdaderamente gobernar, sino hacer de comparsa crítica?

Me pregunto: ¡Cómo se puede transformar el mundo sino es desde una ruptura radical de las cadenas que lo oprimen?

El otro ejemplo es el referido a la pertinencia de los liderazgos. En estas tierras nuestras sabemos que es un muy difícil, si no imposible, adentrarse en un proceso de cambios profundos, si no es a través de un liderazgo que logre entusiasmar a las multitudes y garantizar la unidad del pueblo.

Pero en la europa civilizada, el capitalismo logró irle inculcando a la misma izquierda la idea de que los líderes son anacrónicos especímenes del pasado, personajes mesiánicos de los cuales hay que cuidarse. Es decir que, cuando menos, son innecesarios.

De allí que no hacen ningún esfuerzo por encontrarlos, por producirlos, por reconocerlos. ¿Líderes, dicen? No, por favor, no los necesitamos.

Con esas exquisiteces y remilgos, mal le van las cosas a la izquierda europea.

¡Vamos a ver que ofrece el movimiento de los indignados! En él, sí, parece haber un cierto aroma revolucionario. Ojalá no se diluya en la autocomplacencia y logre clarificar sus objetivos.


1 comentarios:

luis felipe comendador dijo...

Muy atinado, amigo Farruco.
Lo fimo punto por punto y lo adjunto a mi fbk.