lunes, 20 de junio de 2011

LA OCUPACIÓN DE UN TERRENO / 20.06.11

(Publicado el sábado en Todosadentro)


LA OCUPACIÓN DE UN TERRENO

La Caracas histórica va para los quinientos años.

Pero la otra, la que de ella emergió, esta Caracas nuestra que conocemos, disfrutamos y padecemos cada día, es una ciudad que fundamentalmente se fue desarrollando en el siglo XX.

Creció en el desorden populista.

Tomó su forma actual en la cultura rentista.

Se fue autodefiniendo, de alguna manera, aunque no lo parezca, como una ciudad petrolera.

O como una ciudad del petróleo, porque a su sombra creció.

A su aroma llegaron las multitudes.

Y con su dinero se malformó.

Nadie puso interés real alguno en su planificación, salvo el que pudo haber en ocasionales ejercicios académicos que de poco han servido.

Fue pasto de la improvisación más voraz ( si es que esa frase le dice algo a alguien) al servicio de la fiebre inmobiliaria.

Todo lo cual nos condujo hasta aquí, hasta donde estamos.

A esta Capital de las segregaciones.

(o, por mejor decirlo, de las segregaciones producidas por el capital)

Porque si hay alguna ciudad donde la división de la sociedad se muestra físicamente, geográficamente, urbanísticamente, en clases bien diferenciadas es esta, nuestra Caracas.

Ya se sabe.

Los amos del Valle en los lugares del privilegio.

Los sectores medios tratando de ubicarse como pueden, en un constante esfuerzo por escalar posiciones según su ubicación en el territorio,

Y los pobres, tal como lo ha dicho el Presidente, exilados al barranco, a la quebrada, al cerro, encaramados en el propio bordecito de la vida misma, en una terrible apuesta por la sobrevivencia.

De esa manera convivimos aquí.

De esa manera nos reconocemos unos a otros en esta complicada, aunque seguramente querida, Caracas.

Pero de pronto algo pasa.

¿Qué pasa?

Resulta que un día, en medio de todo esto, resuena un campanazo tan fuerte que nadie deja de oírlo. Todo el mundo lo oye en Caracas y fuera de ella, en el mundo entero, quiero decir, en el planeta. Ese día pasó a la historia como 27 de febrero.

Y después vinieron otros días que nos marcaron también. Algunos muy señalados. Recuerdo, por ejemplo, el 4 de febrero, el 27 de noviembre, el 13 de abril.

Días y situaciones que marcan un hito en las desesperanzas para convertirlas en esperanzas.

Esperanzas sobre las que se va sostienendo un proceso que quiere ser de cambio radical y profundo.

Un proceso que no es para nada ligero ni permite frivolidades o complacencias fatuas, porque los objetivos que se ha trazado tienen una importancia enorme, como objetivos que son de humanidad.

Un proceso político, social, económico, cultural. De transformación que, digamos, es auto transformación.

De creación intensamente revolucionaria de ciudadanía. Y que, por lo tanto, no puede dejar de tener su expresión también en la ciudad, es decir, en sus disposiciones, en sus estructuras, en su imágenes, en sus espacios.

Es la Revolución que se abre paso.

Es la Revolución que asume con seriedad el propósito de cambiar Caracas para hacerla más justa, más bella, más humana.

Entre otras razones, para darle dignidad a sus habitantes.

Este es el contexto (y sirva lo anterior como explicación oportuna) en que la Oficina que yo dirijo, la OPPPE, toma la decisión de ocupar legalmente dos terrenos contiguos, que habían sido fagocitados para usarlos como estacionamiento por un restaurant ubicado en un tercer terreno.

No es una acción puntual. Forma parte de una línea estratégica. Tiene un contenido práctico, ciertamente, para resolver el problema de la vivienda aprovechando la existencia de terrenos como estos, subutilizados. Tiene también evidentemente un contenido simbólico. Viene a decirnos que nadie es dueño de la ciudad. Que la ciudad es de todos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Cuídese usted también esa gripe, Poeta.