viernes, 6 de mayo de 2011

VENEZUELA 2018 / 6. 5.11

(Publicado ayer en el Correo del Orinoco)

Desde la izquierda

Venezuela 2018

Confieso públicamente ser de naturaleza optimista. Lo he sido siempre. A todo le busco el lado luminoso. Confío en el desarrollo de la conciencia colectiva y en la existencia de una voluntad de las mayorías para lo bueno. En todo caso al presuponer que esa voluntad existe, actúo siempre para sumarme, para formar parte activa de ella.

Ello no quiere decir que carezca de un sentido preciso de la realidad. Por el contrario, la observo con cuidado, le llevo el pulso, porque es en la transformación de lo real, donde el reino de la imaginación se hace vida cotidiana. Es de esa manera cuando se hace, parafraseando al Che, Revolución.

Estos días, asistiendo al hermoso parto de la Gran Misión Vivienda Venezuela, siento que ese optimismo mío se hace más sólido, más firme, se apoya en argumentos cada vez más numerosos y mejores. Ocurre que este optimismo va dejando de ser tal, para convertirse en conocimiento, es decir, para convertirse en una proyección de la conciencia.

Por un momento hago el ejercicio de avanzar en el tiempo y dirijo mi vista al último año del próximo período presidencial. Y he aquí que lo que veo me entusiasma. Constato que en ese momento la guerra frontal contra la pobreza habrá logrado resonantes victorias y estaremos cada vez más cerca de la Venezuela igualitaria soñada por generaciones y por la que tantos compatriotas fueron dando la vida a lo largo de un camino de siglos.

En todo caso, en relación al tema de la vivienda, la construcción efectiva de dos millones de unidades, no es poca cosa. He allí, en la consecución de esa meta, que se habrá conseguido para ese año, lo extraordinario convertido en algo cotidiano.