lunes, 11 de abril de 2011

CARTA DESDE TRUJILLO / 11.04.11



Me ha llegado esta carta desde los montañosos parajes de Trujillo, tierra de poetas. Como quiera que ha resultado especialmente grata a mi corazón, he decidido compartirla con los lectores de este blog. Sirva ella para compensar los malignos ataques que casi a diario recibimos. Gracias a Julio y a Sol, mis camaradas escritores. Me complace enormemente que estemos juntos en la tarea de construir Patria.

Trujillo, 22 de marzo de 2011

Estimado Farruco:

Recientemente el comandante Hugo Chávez anunció su salida del Ministerio del Poder Popular para la Cultura. Las razones son del todo conocidas, las exigencias de la reconstrucción de Caracas y los proyectos urbanos en todo el país. ¡Semejante tarea! Pensamos. Nada más y nada menos, resolver un problema estructural herencia de las políticas capitalistas y del despilfarro de la renta petrolera. Pero si este capítulo de nuestra historia hay que cerrarlo y acelerar los cambios para elevar y dignificar la condición de vida de los venezolanos y venezolanas, no está de más considerar, la construcción de un modelo cultural que trascienda los viejos esquemas de esa cultura bizantina y de élites. Esa transformación está en marcha, solo basta acercarse a las comunidades, a la participación masiva de los creadores en los Certámenes Culturales, que alcanza a todas las manifestaciones populares, la masificación de los libros y los ciclos de talleres, Ferias del Libro y Ferias Artesanales. Chávez comenzó esta cruzada de transformación social con un equipo de trabajo entre los cuales usted se encuentra. La vida y la cultura son casi la misma cosa en el hombre, por esto el problema de la cultura está sujeto a la forma en que el hombre aprende a vivir en el mundo, de manera que han sido años de largo batallar, primero ganándonos a la gente con nuevas formas de pensamiento, luego convenciéndolas de que lo que crean es necesario, acto seguido vinculándolas en redes potenciales, dinámicas, que dan movimiento a la vida creativa y política del pueblo, que no es otra cosa que un monumento vivo de pretendida y extensiva solidaridad. Tuvo tiempo para pensar en todo esto y arrancar la maquinaria para crear un Ministerio cuya existencia se hiciere cada vez más necesaria, en cuanto a que el Ministerio como núcleo de administración va difuminándose en las regiones y deriva en células móviles, organizadas, articuladas, en las comunidades. Sin embargo, no estamos creando al hombre por vez primera. El hombre ya está hecho y corrido. Nuestra lucha ha de ser permanente, sostenida, aguda. Por tanto, aquello que usted ideó como fórmula para la vinculación y articulación cultural directa, los Gabinetes estadales, hoy tiene más vigencia que nunca. Fue un método de acción para darle vida a lo pensado, a los programas culturales de impacto masivo y enmarcar todo aquello en la Constitución Bolivariana de Venezuela y en el Plan Simón Bolívar.

No vamos a extender lo que el pueblo puede decir y sentir mejor que nosotros. El inventario de los afectos y los procesos culturales hay que continuarlos, radicalizando muchas veces lo que apenas empezamos a desbrozar. Ministro, quizás el llamado de la revolución en este tiempo y en su tiempo esté en consolidar un proyecto urbano, sensible para las muchas familias que requieren viviendas dignas, es muy razonable asumir esa tarea y pensamos con sensatez que es la decisión correcta. Pues bien lo dicen los epicureos, “primero vivir, después filosofar”. Primero casas dignas, alimentación, servicios básicos, educación, salud, después el espíritu de la revolución podrá concentrarse en la formación del pueblo. La cosa no es tan sencilla porque el tiempo apremia, empuja, la revolución es dinámica y los cambios en el mundo son tan vertiginosos, que no queda tiempo para pensar y fundamentar los valores sustanciales del hombre.

Ministro, usted, es muy claro, frontal, y ha dado una lección de estoicismo y valentía desde que asumió el Ministerio. Y de una militancia siguiendo los mismos ideales de cuando Alfredo Maneiro, y sabemos lo que decimos, ahí están las experiencias, los libros y las reflexiones del filósofo Alfredo, sus condiscípulos y los traidores a esos mismos ideales. Estamos seguros de que su misión continúa en otro frente del proceso revolucionario. Ahorita es necesario allí, mañana en otro Ministerio o invitado a un recital de poesía en un pueblo de esta Patria. Quién lo sabe. El comandante Chávez y la revolución exigen a sus militantes donde hay trabajo por hacer, donde hay que reinventar el mundo, donde hay que saldar las cuentas, las propias y las ajenas, donde el pueblo así lo exija. Es nuestro deber, nuestra militancia está en cumplir el mandato de la gente, a ella nos debemos con todas nuestras fuerzas.

Farruco, la imaginación al poder, como se leía en las paredes de la Francia del mayo 68, muy distinta por cierta, a la Francia intrigante, maliciosa y fúnebre que bombardea al pueblo Libio.

Con todos los afectos y la solidaridad,

Julio Borromé y Sol Linares

Red de Escritores y Escritoras Socialistas de Venezuela