
Cada aniversario del 27 de febrero, como el que ayer se cumplió, vuelven a nosotros los recuerdos e imágenes grabadas en el alma de lo que sucedió aquel día de 1989.
Hay quien dice que eso fue un estallido impredecible.
No lo creo.
Eso estaba anunciado en el aire. Era evidente que algo iba a pasar.
Para quienes seguíamos el pulso de la ciudad profunda desde la sensibilidad que nos da cada día la lucha social y la actividad política, estaba muy claro que en algún momento iban a estallar los resortes excesivamente tensados por la injusticia estructural.
Poco tiempo antes del Caracazo, yo había escrito la novela corta UNA PASIÓN , a la cual me referí en días pasados con motivo de su edición en Pinar del Rio.
Fijen su atención por unos instantes en cómo comienza. Voy a reproducir a continuación sus primeras líneas, y díganme si no tenía razón en anticipar lo que luego ocurrió.
Los invito a leer ese primer párrafo con el que se inicia la novela:
Aunque el cuerpo de mi ciudad, la ciudad donde vivo, está envuelto en la blanca tela de una perenne primavera, luminosa y cordial, portadora de músicas insólitas y de amigables roces, no sucede lo mismo con el ánimo de sus habitantes. Pienso que una suerte de acostumbramiento a la adversidad tiñe de gris la vida de la gente más allá del escudo de la sonrisa fácil y el andar ligero con que cada quien protege su trajinar de cada día. Niños o ancianos, comerciantes o policías, estudiantes o amas de casa, malandros o profesores, simples o ricos, desgraciados o poderosos, que dibujan con su vida la vida de la ciudad, conocen cada uno interiormente la propia novela de la rotura y el desencanto. Nadie, sin embargo, puede llegar hasta allí, hasta los secretos guardados celosamente entre los papeles doblados del alma. Se desatarían todos los demonios si las sombras ocultas, las esperanzas frustradas, las envidias, las injusticias sufridas y las angustias salieran desnudas a la luz de la calle. En ese momento, la ciudad entera con su figura, los objetos y las personas que la ocupan, estallaría, se saldría de cauce, y de ninguna forma podría ser contenida en límites precisos. No se sabe qué pudiera pasar entonces.
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