lunes, 24 de enero de 2011

LAS MÁSCARAS EN LA ASAMBLEA / 24.1.11

Desde la izquierda.
LAS MÁSCARAS EN LA ASAMBLEA.
(Publicado el 20 en El Correo del Orinoco)

¿Qué es lo contrario a un baile de máscaras? ¿Una sentada de máscaras?
Pues eso es lo que hubo el otro día en el hemiciclo de la Asamblea Nacional durante las horas que duró la intervención del Presidente Chávez.
La verdad es que resultó bien extraño, cuando no divertido, ver a ese grupo de sesenta y tantas estatuas de palo, sentaditas, tiesas, inexpresivas, absolutamente quietas, con los ojos fijos en el infinito cercano y un rictus de contenida amargura en los labios, como tratando de no revelar ninguna emoción de tipo natural.
No parecían personas, sino efigies.
Era curioso observar a todas esas estatuas, diputados y diputadas de la derecha, con rostros de papier maché y una misma actitud, como ensayada de antemano, en lo que parecía una coroegrafía de maniquíes baratos.
El discurso del Presidente, no hace falta decirlo, estuvo buenísimo.
Fue intenso, oportuno, emotivo, ameno, argumentado y preciso. Extraordinaria intervención, a mi juicio, de las mejores que le haya escuchado. La inmensa mayoría de los asistentes, diputados bolivarianos, pueblo y público invitado, seguían con muchísima atención las palabras del Jefe del Estado. A ratos aplaudían, a ratos se reían, en algunos momentos no podían contener el ánimo que se salía de cauce y un par de veces corearon consignas. Había una especie de alegría en el ambiente que, dentro del respeto necesario, sobrepasaba cualquier formalidad preconcebida.
Fue un excelente discurso y un excelente público. Salvo las estatuas.
¡Ah las estatuas!
Aunque yo no diría que ellas no estuvieron excelentes. Lo estuvieron en su representación de cartón piedra. ¡Veinte puntos a la inexpresividad! ¡Hay que ver lo que significa estar ocho horas sin moverse, sin un gesto, sin un aspaviento, mordiéndose la lengua y el alma! Para mí que batieron todos los records de la parsimonia.
A pesar de las olas de júbilo que estallaban a su alrededor, las diputadas y diputados de la rancia derecha conservadora, se mantenían impasibles, mudos, agrupaditos, sentaditos, como figuras disecadas.
A veces la cámara introducía en la transmisión un primer plano de la María Corina. Su calculada insipidez gestual era todo un símbolo.
¿Símbolo de qué? De la conciencia de la derrota de una minoría que no tenía nada que ofrecer, sino el pasado.

3 comentarios:

Emilio dijo...

Buena descripcion del momento. Muchos tuvimos esas sensaciones.

Anónimo dijo...

dejaría de ser arquitecto usted, poeta, para dejar de medir propiamente la línea y el ascetismo de la roca fria y sin corazón... se le extrañaba en estos calores.

Belkys Reyes dijo...

Verdaderas estatuas!!deberiamos invitarles al Festival de Arte Corporal de este año Ministro, no entiendo como venezolanos hijos de esta tierra calurosa y amable,sean insensibles al discurso humanista del Comandante.Seran recordados como estatuas de sal, desmoronandose ante el mar de alegria del socialismo!!!