jueves, 6 de enero de 2011

LA ISLA URBANA / 6.01.111

(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)
Desde la Izquierda
LA ISLA URBANA

Si me lo preguntan, me gustaría comenzar el año derribando barreras, no construyéndolas.
Tumbando muros, integrando espacios.
Esta ciudad está llena de islas.
Por ejemplo, la Universidad Central es una isla ajena a la ciudad, extraña al mar de pueblo que la rodea.
Me gustaría abatir sus cercas para hacer que la gente la atraviese.
En un sentido físico, desde luego, pero también en un sentido espiritual. Integrarla a Caracas y, más allá de Caracas, al país.
Pero el ánimo actual de la UCV, encerrada en sí misma, ensimismada, autocomplacida, no está en eso. Ella es una isla y le gusta serlo.
Se autocultiva.
Y eso muy grave en el caso de una Universidad.
Pienso que si únicamente fuera un pecado de soberbia, (Distancia y Categoría, como decía la propaganda de una marca de flux), tal defecto podría ser, si no perdonado, al menos comprendido.
Pero va más allá.
En mi opinión, es un pecado de complicidad.
¿Con quién? Con la Banca, con el Capital, con los Medios, con el Oscurantismo.
Teniendo al mando, como tiene actualmente, a las autoridades más reaccionarias de su historia, no es extraño que la Universidad Central de Venezuela sea una isla.
La isla de la desolación.
Desolación y decadencia. Ausencia.
“Ausencia quiere decir olvido”, dice una vieja canción cubana.
¿De quién se ha olvidado la UCV? No hay duda: del pueblo al que se debe, de la ciudad que la creo, del país que la mantiene.
Por mi parte espero que los necesarios debates sobre la Ley contribuyan a disipar ese orden de camposanto intelectual que hoy reina en la Universidad.
Y que la casa que vence las sombras, se sacuda de una vez por todas las sombras de su propia alma.