sábado 30 de octubre de 2010

PATRIMONIO A VUELO DE PÁJARO / 30.10.10


Crhisthian Valles me facilita el texto de esta conferencia que me tocó dar en San Carlos de Cojedes, con motivo de la sesión inaugural del VIII Simposio Internacional de la Historia de los Llanos Colombo Venezolanos, en 2001, realizado en conjunto con el VII Congreso Nacional del Llano y los Llaneros.
Lo releo ocho años después y me parece que está bien. Es por eso que decido reproducirlo en mi blog. Tiene el interés adicional de contener la génesis de la idea que después dio origen al I Censo del Patrimonio Cultural de Venezuela, traducido en los Catálogos que se han venido publicando por Municipio, En efecto, en esa oportunidad yo digo:
“Esa memoria que, más que ninguna otra cosa, no sólo es el mayor reservorio del patrimonio, sino que es un patrimonio en sí misma. Esa memoria que habría que recoger con pasión y rigor, que habría que trabajar y verter en las posibilidades de sistematización que ofrece la tecnología actual, con paciencia y constancia. Si me lo preguntan, y yo estuviera en los lugares donde se toman decisiones y se destinan presupuestos con respecto a la cultura, pasaría a la gente del llano, a toda ella, (y esto es una metáfora, por supuesto), por una especie de cedazo investigativo, como quien busca oro lavando las arenas del río. Son muchos los tesoros que todavía recogeríamos, estoy seguro de ello, cuestiones inéditas en algunos casos y, en otros, una mayor precisión sobre muchos aspectos de la realidad compleja que constituye esa memoria colectiva”.
Bueno, tal fue el trabajo que realizamos después, pero ampliado a toda Venezuela, desde el Instituto del Patrimonio Cultural bajo la dirección de José Manuel Rodríguez.
En fin, que me dieron ganas de publicar aquí esta conferencia, aunque reconozco que puede resultar un poco larga para un blog.
(La foto que sirve de ilustración la tomó Felisa en el Hato El Cedral)


VIII SIMPOSIO INTERNACIONAL DE HISTORIA DE LOS LLANOS COLOMBO-VENEZOLANOS
PATRIMONIO A VUELO DE PÁJARO

(Conferencia en la sesión inaugural, 25 de septiembre de 2001)
Farruco Sesto

Quitemos al hombre del paisaje. Sin compasión, implacablemente. Hagamos ese ejercicio con el poder de la imaginación, a ver que pasa. Eliminemos del paisaje toda huella humana, todo signo social, toda construcción, todo artificio. Guardemos bajo tierra los instrumentos musicales. Y con ellos los bailes y canciones. Expulsemos los poemas, los dichos, los refranes y las historias. Guardemos en un lugar oculto, donde nadie las vea, las particulares formas de acometer la vida, las artes de enamorar, el inventario de los trabajos y oficios, las costumbres y rutinas cotidianas, la relación con la muerte. Que no quede signo alguno de la memoria humana. Borremos las arquitecturas, con sus espacios, sus claroscuros y sus nostalgias. Despojemos al paisaje del peso de su historia.

Si lo hacemos ¿Qué nos quedaría entonces? ¿Qué sería del llano sin la gente? ¿Qué se harían, qué presencia lograrían, aquellas grandes extensiones despojadas de sus habitantes, desvalidas de lo que ellos le aportan al paisaje, de lo que le ponen y le restan? ¿De cuál belleza estaríamos hablando? ¿De cuáles extensiones, de cuáles soledades, de cuáles deslumbramientos? Sin corazones humanos, sin inteligencias colectivas que los hayan cultivado de una manera especial para su propia comprensión y disfrute durante siglos, ¿de qué cualidades estaríamos hablando? ¿De cuáles rasgos de la naturaleza?

Amigos, no habría paisaje. El paisaje sin la gente no existiría. No sería aprensible en el mismo sentido en que ahora lo tomamos. Le faltaría el alma, que no es otra cosa que una construcción colectiva. Le faltaría la razón sensible, el motivo profundo. No habría paisaje.

Pero, por no dejar, probemos ahora a hacer el ejercicio a la inversa. Dejemos a la gente, situada, pero quitémosle el paisaje a ver que pasa. Dejemos a los llaneros actuando o intentando actuar. Dejémosles en sus movimientos y motivaciones. Pero eliminémosles el grandioso escenario que los cobija. Sustraigámosles los ríos y sabanas, los cielos con su limpidez o con sus nubes, y el agua, agua que cae profusamente en grandes cortinas interminables, y agua desinhibida y suelta que se extiende por la tierra a su antojo. Quitémosle las palmas y los matorrales, los animales en sus andanzas diurnas y nocturnas, y, especialmente, los insectos y los pájaros en sus diversidades. Despojemos a la gente de los sonidos del llano, de sus perfumes y sus colores, los verdes en sus infinitos matices, los profundos azules, los grises, los amarillos tostados, los sepias que el verano reparte con generosidad. Eliminemos a la estrellas de la mañana en su sencillez.

Deshagámonos del círculo perfecto de la luna y la luz con que ella ilustra la oscuridad. Y, sobre todo, si de despojar se trata, quitemos aquello que le es más querido y qué mas lo define, lo que tiene que ver con la amplitud de la mirada casi sin límites, con la sensación de libertad producida por la inmensidad de la bóveda celeste, limitada nada más que el contundente trazado de la línea del horizonte.

Así, despojado de todo esto ¿De qué habitantes del llano estaríamos hablando? O por decirlo de otra manera, ¿Quiénes serían ustedes desnudos de la más importante de sus pertenencias, es decir del paisaje? No habría llaneros. Para un observador consciente ustedes sin el paisaje no existirían. No serían nada de lo que son.

De modo que, es allí donde podemos centrar el peso de cualquier reflexión o aproximación al tema del patrimonio en los llanos. Es allí, en la confluencia del hombre y el paisaje, o incluso, más allá de la confluencia, en la integración absoluta de esas dos grandes vertientes en una única realidad. La naturaleza pone la superficie, la hoja extendida donde se escribe la historia. La gente pone la caligrafía, o mejor dicho, es la caligrafía misma con que esa historia se narra o se dibuja. Historia que cambia en el tiempo, como toda historia, en la que unos hechos suceden a otros hechos en forma concatenada, pero que de algún misterioso modo es siempre la misma, o parece ser la misma, dando la impresión de estar atrapada en las redes de un eterno retorno. Se van tejiendo existencias sobre existencias, se van construyendo esperanzas sobre esperanzas, se van haciendo cicatrices sobre cicatrices, se van generando fuerzas y capacidades que se aprovechan de fuerzas y capacidades existentes. Así, la historia de los llanos es como un río que siendo siempre el mismo, es a su vez siempre distinto.

Y esa historia va dejando su huella. Y esa huella es el patrimonio. Un patrimonio que pertenece a la gente del llano y que, por eso mismo, es también de toda la humanidad. Pues si el patrimonio se debilita o se pierde no solo los llanos son los que se empobrecen. Todos no empobrecemos. Es el mundo que se va disolviendo en un solo caldo uniforme, cada vez con menos pormenores, cada vez con menos matices.

Esto es importante decirlo en épocas donde la diversidad se ve amenazada. Cuando los dioses de la globalización nos traen sus infiernos y se reservan el cielo sólo para ellos. Cuando todos vamos siendo encaminados hacia el totalitarismo del mercado. Un totalitarismo cruel que va dejando al borde del camino todo aquello que no le sirve a su interés. ¿Y quien puede asegurar que el patrimonio del llano y de los llaneros va a sobrevivir? ¿Con qué clase de seguridad podemos afirmarlo? Sólo la voluntad de su gente puede protegerlo. Pero junto a la voluntad, (como los deseos solos no preñan, tal como se dice) habría que ir adelantando estrategias para su verdadera salvaguarda. Tendríamos que ir desarrollando con habilidad algunos planes que nos permitan a nosotros intercambiar con el mundo, para enriquecerlo y enriquecernos, sin que nuestras cualidades sean dejadas al margen, corriendo el riesgo de que desaparezcan para siempre.

Ahora bien ¿de qué patrimonio estamos hablando? ¿Cuál es ese conjunto de bienes materiales y espirituales que median entre el hombre y el paisaje? ¿Quién ha hecho la lista? ¿Dónde está el inventario? Yo quiero ahora, para ustedes, referirme a algunos elementos del patrimonio de los llanos que de alguna manera han dejado una pequeña marca en mi corazón de observador interesado. Son anotaciones a vuelo de pájaro. No es una síntesis rigurosa ni nada parecido. Son apuntes de paso, de algunas visualizaciones pasajeras.

En primer lugar, con relación al patrimonio, está la propia gente. La gente llanera. Y entre la gente, elijo a los ancianos como depositarios de la memoria colectiva. Esa memoria que, más que ninguna otra cosa, no sólo es el mayor reservorio del patrimonio, sino que es un patrimonio en sí misma. Esa memoria que habría que recoger con pasión y rigor, que habría que trabajar y verter en las posibilidades de sistematización que ofrece la tecnología actual, con paciencia y constancia. Si me lo preguntan, y yo estuviera en los lugares donde se toman decisiones y se destinan presupuestos con respecto a la cultura, pasaría a la gente del llano, a toda ella, (y esto es una metáfora, por supuesto), por una especie de cedazo investigativo, como quien busca oro lavando las arenas del río. Son muchos los tesoros que todavía recogeríamos, estoy seguro de ello, cuestiones inéditas en algunos casos y, en otros, una mayor precisión sobre muchos aspectos de la realidad compleja que constituye esa memoria colectiva.

Después, como un componente fundamental de esa estructura del patrimonio, ya lo hemos dicho, tenemos al paisaje natural. Conocerlo es conocernos. Defenderlo es defendernos. Si la relación de equilibrio y respeto que los llaneros han sabido mantener con el paisaje, es transmitida al resto de la sociedad y el Estado, y comprendida y aceptada, entonces no habrá peligro para encarar los retos que el desarrollo trae consigo.

Si no es así, el riesgo es grande, pues la fragilidad de estos maravillosos escenarios es, en varios sentidos, mucho más frágil de lo que algunos suponen. El paisaje, así lo veo yo, está allí como una pieza más de las que soportan el entramado cultural que los distingue a ustedes. Su afectación, por cualquier causa, afectaría a la cultura misma y a la riqueza espiritual que toda cultura significa. De alguna manera le pertenecemos.

Dentro de ese orden de ideas, otro componente del patrimonio es la relación de los llaneros con la naturaleza y, especialmente, con los animales. Casi es un lugar común la identificación con el caballo. Y basta recordar la relación con el ganado, el conocimiento diferenciado de cada animal, el trato personalizado, que llega a su cumbre más sublime en las tonadas de ordeño.

De ninguna lista patrimonial, en ninguna parte, podría excluirse, así mismo, la cultura del trabajo, la cultura de la producción que siendo propia y especial en cada caso, mucho más lo es en el llano. En aquella investigación hipotética a la que nos referíamos, se tendría que recoger también la historia de los distintos aperos y herramientas, su evolución, sus diferencias por zonas, su composición, las maneras de usarlos, las ceremonias del trabajo, las formas sociales de organización para la producción. El llano es muy rico en eso y tiene la ventaja de guardar viejas formas de las que evolucionan sutilmente, acompasadamente.

Junto a los ritos del trabajo, habría que registrar, con precisión, los ritos de la vida misma, el abanico de las formas de vivir. ¿Cómo seducen los llaneros? ¿Cómo construyen los protocolos del amor, es decir, de todos los amores, en sus categorías y a la vez en sus fases de desarrollo? ¿Cómo son sus fiestas ¿Cómo entienden el mundo los llaneros? ¿Cómo manifiestan ese entendimiento? ¿Cómo se relacionan entre ellos? ¿Cómo se afirman y se niegan? ¿Cómo construyen, a su vez, los protocolos de la muerte?

Esto tiene que ver, de alguna manera, con el carácter colectivo. ¿Existe es carácter? Y si existe, (tal vez algún antropólogo lo desmentiría), ¿no es merecedor de un puesto en los renglones del patrimonio común? Por mi parte, me gustaría saber si es verdad, tal como se dice, que los llaneros tienen esa contención en los afectos, ese dominio o reciedumbre, ese control en lo expresivo. Yo creo que sí. Así como es evidente el coraje entendido como virtud personal y social, o cierta disposición a mantenerse firmes en sus costumbres, o el apego a la estructura familiar, o la forma de comunicarse, tan peculiar.

Un amigo de Valle la Pascua me dice que los llaneros apoyan la imprecisión de la palabra en su sutileza del gesto. Ahí mismito, me dice, que dicen cuando se refieren a una distancia. Pero me dice que es en la inclinación del dedo, que señala alto cuando la distancia es respetable, y señala bajo cuando la distancia es corta, donde están las claves de la respuesta. Toda una repartición del lenguaje entre la palabra y el gesto. Así mismo, asegura que la mirada del llanero forma parte también de ese carácter. ¿Cómo es esa mirada? le pregunto. Dice: “Cuando no miramos al horizonte, al fondo mismo de los espacios, miramos al suelo: pocas veces la mirada marca la relación con el interlocutor.

¿Dónde se centra, entonces, el peso de la cultura? Evidentemente, en la oralidad. Es una cultura de lo verbal, Su literatura está construida sobre la palabra, así como ella es el soporte principal para la transmisión de las tradiciones. Y, por supuesto, de una manera muy particular, la música también tiene un concubinato extraordinario con la palabra. Es maravilloso percibir ese amoroso entendimiento entre la música del llano y la poesía. La música que está en el alma colectiva entretejida con la razón y los sentimientos como en muy pocas partes del mundo. La música, que los acompaña a ustedes desde que nacen por el resto de su vida, como una amante fiel, a la que nos se puede traicionar. La música que es alegría en el momento de las alegrías, fiesta en la fiesta, tristeza cuando llegan las desgracias, y sabiduría profunda en el momento de las reflexiones sobre el trabajo, la vida en general, el amor y la muerte ¿Podría pensarse en el llano sin la bandola, sin el arpa, sin el cuatro, sin los sonidos que ellos producen, sin la sensación que esos sonidos producen en nosotros, sin el clima tal que enseguida se crea donde parece que la música es la dueña del mundo?

Sobre la gastronomía y los recursos de la alimentación, a ustedes, ¿qué les puedo decir? Una amiga mía, barinesa de origen, me dice que la gastronomía es sencilla. Por ejemplo, me habla de las hallacas de bagre, del guiso de carapacho, del hervido de res, del galápago guisado, del pisillo de chigüire, del mundo de los granos, las lentejas, arvejas, caraotas y quinchonchos, y del mundo de los dulces, de lechosa, ñame, ocumo y coco. Yo agrego la ternera llanera. Y apunto también los gustos del presidente, según sus propias declaraciones, por un abanico de platos que va desde la pasta con sardinas hasta el chigüire con caraota y topocho.

Le digo a la amiga que yo no lo veo tan sencillo, la verdad. Buscamos en Internet y le agregamos a la lista, la mamona, cerdo asado, cachicamo, pato gúire, lapa, galápago, cola de baba, cachapas, tungo, queso de mano, picadillo, entreverado, masato, chicha y gofio. ¿Cuántos platos e ingredientes nos quedarán por fuera? En todo caso, que este jardín de delicias nos aproveche a todos.

Por último, no puedo dejar de referirme, en esta especie de enumeración de capítulos patrimoniales, a la estructura urbana, con sus centros históricos y tradicionales, y a la arquitectura, comenzando por la producida por las culturas indígenas, pasando por la construcciones coloniales, con la vivienda y los monumentos civiles y religiosos, hasta la arquitectura republicana (a veces incluso marcada con acentos muy particulares, como aquella que todavía nos habla, en San Fernando, de influencias antillanas llegadas a través de la navegación fluvial) y, desde luego la arquitectura contemporánea con sus valores actuales y su huella del presente en los casos en que ella se construye con calidad y sentido de trascendencia.

Sirva la oportunidad para hacer referencia, en este momento, a un plan que está adelantando la Gobernación de Cojedes para recuperar y revitalizar los cinco centros históricos más notables del Estado: San Carlos, Tinaco, Tinaquillo, El Pao y El Baúl. Un plan que el Instituto de Cultura mostró en una exposición muy completa durante los meses de junio y julio en La Blanquera, y que se basa en el criterio de reforzar estos centros como los cincos grandes corazones de la ciudades del Estado. Esta es una tarea urbanística y arquitectónica, ciertamente, pero es, sobre todo, una empresa que actúa sobre el patrimonio con una visión integral, donde lo tangible y lo intangible se dan la mano, donde la historia se hace actividad presente, donde los valores y bienes materiales no se conciben como piezas aisladas desvinculadas de los valores y bienes espirituales de las comunidades que los entienden y usan.

Una empresa cultural donde la gente es, en primer lugar, la gran protagonista.

A la vista de todo este panorama, creo, amigos, que hay mucho por hacer. La tarea es larga. En general, hay que reconocer que, hasta ahora, las políticas de conservación del patrimonio no han dirigido sus esfuerzos principales a la región de los llanos. Baste decir que todavía hay Estados, como es el caso de Apure, donde no se ha producido por parte de las autoridades nacionales, hasta ahora, ni una sola declaratoria de monumento nacional o de bienes de interés cultural. ¿Será acaso que los funcionarios responsables de esa declaratoria pensarán que no existen esos bienes? ¿O será, en realidad, como yo lo creo, que las autoridades han tenido puesta la mirada en otras zonas del país? Tal vez en ello, desde luego, haya influido la dificultad cierta de trabajar con el patrimonio intangible, de cuya existencia y necesidad de protección, en un sentido integral se esta tomando conciencia sobre todo en los últimos años, tanto a nivel internacional como a nivel nacional. Esperemos por ello que esta toma de conciencia sobre la conservación de los bienes intangibles ponga su acento en los llanos para lograr cambios en profundidad.

Para terminar una lista en al que comencé aludiendo a la importancia de aquella memoria colectiva que guardan las personas de mayor edad, quiero acudir ahora a la imagen de la infancia, como promesa, como garantía de una continuidad cultural y como la mayor responsabilidad que tenemos. Los niños somos nosotros mismos renacidos, en el ciclo continuo de la evolución de la cultura.

En fin, pido disculpas por la ligereza de esta breve enumeración de los capítulos del patrimonio llanero. Se trataba de dar una rápida visión de conjunto acerca de la riqueza y complejidad de una cultura que, a mi juicio, es de las más interesantes e importantes y con más arraigos en el imaginario colectivo. Ustedes lo saben mejor que yo.

viernes 29 de octubre de 2010

A CARLOS AZPÚRUA / 29.10.10


Antes de nada, permíteme felicitarte sinceramente por el homenaje que te hace el Festival de Cine de Mérida. Sabes que lo considero merecido y justo.
Paso ahora a decirte que he leído con interés la entrevista que te hace Sergio Moreno en Últimas Noticias.
Lo hago para comentarte un aspecto de tus declaraciones.
En ellas te refieres en una oportunidad al “antojo de un ministro”. Y en otra, más adelante, insistes en lo mismo al hablar de que “más allá de un capricho o de una visión unilateral...., etc., etc.”. También introduces la imagen de “una patada a la mesa” que luego la recoge el periodista para armar el título de la entrevista.
O sea, amigo mío (pues supongo que lo eres, es decir, que todavía somos amigos ¿verdad?) que te permites llamarme caprichoso dos o tres veces.
Déjame decirte que eso, aparte de ser injusto y equivocado conmigo en lo personal, es altamente irrespetuoso con la acertada gestión que el gobierno revolucionario ha venido haciendo en materia de cine. Como quiera que tú la conoces bien, no te la voy a comentar ahora. Los logros están a la vista de todos.
Lo que, sí, quiero aclararte es que una de las políticas que hemos desarrollado con más énfasis, ha sido la de democratizar al máximo la relación entre el Estado y los creadores, en este caso los trabajadores del cine, enfrentando los privilegios de los pequeños grupos de presión.
Y como tú me llamas caprichoso dos veces, me permito decirte yo también las cosas por duplicado: amigo Carlos, hemos intentado enfrentar los privilegios de pequeños grupos, pues representamos los intereses generales de la comunidad. ¿Se entiende eso?
Con respecto a la ruptura con la ANAC, a lo cual el periodista se refiere también dos veces, esa distancia coyuntural permitió, así lo creo, que tanto ese como otros gremios se fueran abriendo y democratizando. Creo que en ese sentido han mejorado desde entonces. Pero, por mi parte, lo considero un incidente que quedó en el pasado.
Bueno, amigo, te invito a seguir trabajando juntos y a dejar de lado las presiones indebidas y los malos humores.
Estoy convencido de que el cine nacional se lo merece. Y nuestro pueblo mucho más.

jueves 28 de octubre de 2010

POR SI UN CAMARADA FLAQUEA / 28.10.10

POR SI UN CAMARADA FLAQUEA
(EN MEMORIA DE PATRIA PARA TODOS)

Publicado hoy el El Correo del Orinoco

No retrocedas. Sigue. No renuncies a lo emprendido. Mantén la línea que hasta aquí te condujo.
No traiciones. No te traiciones.
Constancia y más constancia.
La constancia es hermana gemela de la coherencia.
Y la coherencia con uno mismo es absolutamente fundamental en la existencia.
Sin coherencia no hay ética posible.
Quien cambia de rostro o de palabra, está rompiendo en pedazos su propia vida, se está deshaciendo de ella, la está botando a la basura.
El que borra el pasado borra el futuro, porque lo invalida, lo convierte en algo inútil.
Recurro muchas veces a la memoria de Alfredo Maneiro. No lo puedo evitar. Así fue la marca que dejó en mi espíritu. Y recuerdo ahora que una de las cosas que Alfredo tenía a mayor orgullo en relación a la Causa R (la suya, no la de ahora) era el hecho de que no había tenido nunca que desdecirse. Alfredo se vanagloriaba de ello.
Siendo irreverente como lo era, rompiendo esquemas como los rompía, rehaciendo a cada rato el escenario como lo rehacía, era sin embargo y en todo tiempo, absolutamente constante y coherente.
Pensando yo ahora en aquella Causa R que tanto nos enseñó y a la que tanto quisimos. Y luego en aquel PPT de nuestros afanes y desvelos, reflexiono para mí mismo: ¿Quién iba a imaginar entonces que naufragarían después como lo han hecho?
No, no cambies. Se lo digo a quien quiera oírme. A mis amigos, a mis hijos espirituales, a los camaradas con los que mano con mano intento hacer todos los días la Revolución. A cada uno de ellos en el libre ejercicio de su conciencia.
No abandones. Si alguna vez pensaste desde el fondo de tu corazón que la lucha revolucionaria tenía sentido, no desciendas ahora de esa verdad que hiciste tuya. Ella es más importante que cualquier poder. En su seno están la ilusión y el esfuerzo de cada uno de nosotros.
Vale la pena rendirle el tributo de la constancia.
Pues ella contiene la dignidad de todos los pobres del mundo.

viernes 22 de octubre de 2010

LA INTOLERANCIA ES DE LA DERECHA / 22.10.10

(Publicado ayer en El Correo del Orinoco)

El gran tema de la derecha es la intolerancia. Justo lo contrario de lo que presume. Sus intelectuales se las dan de abiertos, pero no lo son. O tal vez lo son en lo accesorio, en lo superfluo. Nunca en lo esencial.
Porque si algo caracteriza a la ideología conservadora es su incapacidad para aceptar que puedan existir otras visiones distintas del mundo con derecho a transformar la realidad. Para ella su modelo es “el modelo”.
No admite alternativa.
Pues para la derecha el capitalismo es la gran receta universal. Y la única versión posible de democracia es la suya.
De modo que todo aquello que no encaja con ello, es inadmisible.
O mejor dicho, es aceptable siempre y cuando se trate únicamente de una idea. Tal idea recibe entonces el tratamiento de lo exótico, de lo singular, de lo curioso. Pero hasta ahí llega su aceptación. Es decir hasta el punto o instante en que esa idea trate de convertirse en acción.
Si lo hace se topará entonces con un verdadero límite amenazador. Con una raya que no puede ser traspasada.
Porque la derecha no lo acepta.
Una persona o un colectivo pueden, por ejemplo, ser socialistas, mientras se limiten a sostenerlo por escrito, a convertirlo en una militancia e, incluso, a pregonarlo a plena voz. Pero el capitalismo no va a consentir de ninguna manera que esa idea trate de ser traducida en hechos. Jamás. Tal cosa está terminantemente prohibida.
No hay tolerancia alguna para ello.
Puesto que si eso intento llegase a ocurrir, esa persona o ese colectivo serán criminalizados, perseguidos, calumniados y, si la derecha lo considera imprescindible, serán incluso eliminados.
Porque la derecha, lo he dicho varias veces, cuando lo necesita mata.
Ella inventó las guerras e hizo de ellas su negocio. A la hora de la verdad no tiene ningún tipo de pudor, porque tampoco tiene principios. Lo único que tiene es el refinado velo de la hipocresía.
Aparenta tener una sonrisa civilizada. Pero es una máscara.
La derecha no cree en nada. A la hora de la verdad su intolerancia es absoluta.
Ella incuba el fascismo en sus entrañas.

miércoles 20 de octubre de 2010

REPENSANDO LA GESTIÓN CULTURAL / 20.10.10


La Cultura está en un excelente momento en Venezuela. En calidad y cantidad. No hay duda. Suman centenares las actividades de cada día. El programa de la Gran Explosión Cultural Bicentenaria se desarrolla con fuerza en todos los municipios del país. Nada que ver con el pasado, cada vez más lejano.
El cine, la literatura, la danza, el teatro, la música, antiguas artes y nuevas expresiones, han tomado la calle y se alojan en el corazón de las multitudes.
Libros, películas, cuadros y canciones se multiplican.
Hoy ninguna de nuestras culturas está arrinconada o en la penumbra. Florece el jardín de la diversidad cultural en nuestro país.
Y con ella hay una recuperación de la dignidad y el orgullo de existir, por parte de aquellos que siempre estuvieron en la penumbra.
Pero, me pregunto, ¿es eso suficiente?
En el marco de la aplicación de las 3 R, reflexiono: hay que desmontar una ideología perversa, la del capitalismo, para edificar un sistema humanista de valores.
¿Cómo contribuir más a ello desde la gestión cultural, que actúa sobre terrenos tan sensibles como los de los sentimientos y la conciencia? ¿Qué debemos hacer? ¿Hacia dónde debemos reorientar nuestros esfuerzos?
Cada día cuenta.
¡No nos conformemos con lo que ya logramos! ¡Declarémonos en permanente vigilia, porque el avance de la Revolución depende mucho de cada uno de nosotros!
Tal como lo dice el Comandante Presidente: ¡Mantengamos la pulsión hacia los objetivos!

domingo 17 de octubre de 2010

¿POR DÓNDE ANDA CARMEN BOHÓRQUEZ? / 17.10.10


¿Por dónde anda Carmen Bohórquez?
¡Se me ha perdido!
Hace días que no veo a Carmen.
La Carmen filósofa, ¿adónde ha ido?
La Carmen subversiva.
La Carmen historiadora, Viceministra y diputada suplente.
La Carmen maracucha, venezolana y latinoamericana.
La Carmen comprometida con los pobres de la Tierra.
La Carmen de la Red de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad.
La Carmen conferencista brillante.
La Carmen tantas cosas. (¡Parece que hasta hizo teatro alguna vez!)
La Carmen revolucionaria y militante del PSUV.
La Carmen buena gente y, sobre todo, amiga entrañable.
¿Por dónde anda? Se me perdió por esos mundos.
El 14 de octubre, día de mi cumpleaños, me envió un correo de felicitación desde Rusia.
Ahora me dicen que se va para Vietnam. No sé.
No la encuentro.
Para tenerla presente, coloco aquí esta foto que le tomé hace unas semanas.
Allí está con el filósofo cubano-alemán Raúl Fornet Betancourt, a la izquierda, y con el filósofo italiano Michelle Borrelli al otro lado.
En el centro, con la cámara, el poeta que escribe esta nota.
Carmen: ¡Saludos, dónde quiera que estés!

sábado 16 de octubre de 2010

APLICAREMOS LAS TRES ERRES AL CUADRADO / 16.10.10

(Publicado hoy en el semanario TODOSADENTRO)

Es posible que tengamos razones para estar contentos por lo que hemos logrado en Cultura.
Pero más razones tenemos para auto recriminarnos por los errores cometidos.
Pues no es tiempo de solazarse en los logros, sino de prestar atención al trabajo para corregir los defectos y apuntar mejor esta vez.
Cuando digo prestar atención, me refiero a un análisis hecho, más que desde los números, desde la conciencia.
Estamos haciendo un balance en términos gruesos. Hay que revisar con cuidado lo que pretendimos, identificando y numerando los grandes propósitos con los que comenzamos la tarea, para contrastarlos con la realidad que vivimos.
No tenemos benevolencia con nosotros mismos. ¿Para que sirve esa indulgencia volcada hacia adentro, en tiempos de cambio? Somos bien fuertes en las dudas con que nos revisamos y hacemos los planteamientos autocríticos.
El análisis sincero y descarnado nos llevará, de seguro, a tomar importantes medidas de rectificación. Siempre ligadas a la realidad. Nunca abstractas. Yo creo en las acciones políticas que se logren entender dentro de una estrategia compartida, pero que al mismo tiempo puedan ser vistas en términos tangibles. (En referencia a Santo Tomás: ver para creer).
Y luego, a partir de las rectificaciones, y con un nuevo espíritu más acerado, nos tocará reimpulsar con fuerza la labor del Ministerio del Poder Popular para la Cultura y sus instituciones en el seno del pueblo.
Aquel de nosotros que no esté dispuesto a reajustar sus políticas para darles mayor precisión y vigor, mejor será que se retire, que no nos estorbe los movimientos.
El equipo de la Cultura está aplicando las tres erres al cuadrado.
El 2011 será un año de mucha fuerza, de grande y firme avance.

jueves 14 de octubre de 2010

DOS BLOQUES / 14.10.10

(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)

Dos bloques. Uno, quiere derrotar la inhumana estructura que da origen a la diferenciación de los ciudadanos en clases sociales. Y para ello busca transformar los sistemas de producción. Estamos seguros (y digo estamos, porque yo me encuentro en ese sector) que de esa manera vamos a erradicar la pobreza y la injusticia, para avanzar a un estado de verdadera libertad, sin inequidad, explotación ni exclusión.
Desde luego no es fácil, puesto que no hay recetas.
Al intenso proceso que logra y profundiza los cambios en el menor tiempo posible le llamamos Revolución.
La nuestra, a la que denominamos Revolución Bolivariana, quiere hacerlo en paz, sin violentar el estado de derecho, pero con la decisión vital de llevar adelante este proyecto de emancipación.
Para eso usa la ley, se apoya en los mecanismos democráticos y, sobre todo, apuesta al desarrollo de la conciencia.
Consiguió un extraordinario líder para dirigir ese proceso que se llama Hugo Chávez.
Es así de simple.
Contra ese bloque social hay otro que, por distintas razones, no quiere cambios.
Algunas razones en algunos casos son objetivas, como las de la burguesía no nacionalista o de quienes están a su servicio. Perderían sus privilegios. Otras razones son subjetivas, como las de quienes no alcanzan a comprender de qué se trata todo esto.
Un bloque se esfuerza en avanzar en medio de las dificultades que son intrínsecas a todo proceso de transformación radical. Comete errores, pero trata de aprender de ellos. Y no se duerme sobre los logros, que siempre le parecen pocos.
El otro bloque se empeña en torpedear el proceso por cualquier medio. El cruento golpe de estado y el sabotaje petrolero son una muestra. La mentira, la calumnia, la siembra del miedo y del odio, la prédica catastrofista y la manipulación mediática, son parte de su lógica perversa.
Estos son los dos bloques.
Nos veremos las caras una vez más en diciembre de 2012.
Como dijo un poeta: nacimos para ser hermanos, pero la humanidad nos separa.

martes 12 de octubre de 2010

LOS PINOS DE ROMA / 12.10.10






Regresando de Diamante, hace unas semanas, tuvimos que dormir en Roma para enlazar con el vuelo hacia Caracas.
Llegamos comenzando la tarde.
Dos jóvenes de la Embajada de Venezuela nos atendieron fantásticamente bien. Con ellos paseamos un rato, tratando de aprovechar la oportunidad para conocer algo más de esa ciudad a donde llegan todos los caminos.
Uno de ellos, la vieja Via Apia.
Allí estuvimos, en unos parajes hermosísimos, donde la naturaleza y sus grandes espacios verdes se desenvuelven alrededor de restos de muros y antiguas construcciones.
Siempre me han llamado la atención aquellos pinos, con su especial negritud.
Son los pinos de Roma.
De modo que los registré en mi camarita.
Al llegar a Caracas, lo primero que hice fue buscar en mi desordenada colección de CD, hasta encontrar el de Respighi, donde está su obra Los Pinos de Roma, tocada por la Orquesta Sinfónica de Atlanta.
Me gusta mucho, en especial su cuarto movimiento que se llama, justamente, los Pinos de la Via Apia.
Ahora, mientras esto escribo, lo oigo de nuevo.
Y como en Venezuela es doce de octubre, día de la Resistencia Indígena, pienso en el destino de todos los imperios que no es otro sino desplomarse. ¿Qué queda de la antigua Roma? ¿Qué queda del poder imperial de España?
Apenas ruinas.
Otros imperios se desplomarán también.
Quedarán las personas y los paisajes.

domingo 10 de octubre de 2010

CANSANCIOS / 10.10.10




No sé descansar. Es un problema que he tenido desde muchacho. Siempre ando pendiente de hacer algo útil. Escribo, dibujo, planifico. No sé estarme tranquilo.
Pero por momentos ocurre que no tengo la energía suficiente como para emprender algo que exija especial atención. Mi capacidad de concentración disminuye. Me pongo en el mínimo.
Así estoy ahora, sentado en la computadora pensando en escribir algo para el blog. No me sale nada. Me siento un poco agotado.
De modo que busco en la carpeta de las imágenes, localizo un par de fotos que he tomado en estos meses con mi camarita de bolsillo y las manipulo un poco jugando con el color.
Comienzo con unas nubes vistas desde un avión regresando de Barinas. Sigo con una puesta de Sol en el mar de Calabria, al Sur de Italia.
No son nada. No significan nada. Pero me gusta como quedan.
Se las regalo a quien quiera disfrutarlas.

sábado 9 de octubre de 2010

!QUE VIVA EL CINE! / 9.10.10

(Ilustro esta nota con dos fotogramas de MILAGRO EN MILÁN. En uno los muy pobres se agrupan en el frio invernal, tratando de aprovecharse del calor de un rayito de Sol. En el otro, los muy ricos con sus miradas crueles y sus lujosos abrigos)



(publicado hoy en TODOSADENTRO)

Escribo esta nota desde Margarita, ya en la noche, después de inaugurar el Tercer Festival de Cine Latinoamericano y Caribeño. Me siento personalmente feliz.
Pienso en lo que hemos logrado en estos años.
Agradezco de corazón a los compañeros que tienen actualmente responsabilidades en las instituciones de la Plataforma del Cine. Pero no me olvido de aquellos, como Lorena Almarza y Juan Carlos Lossada que, aunque en este momento están en otras actividades, hicieron un enorme esfuerzo por construir lo que ahora disfrutamos. Para ellos un abrazo grande y mi gratitud.
Sin duda es el mejor momento del cine en Venezuela.
Por todo. Por las películas que se hacen. Pero también por el clima que las rodea.
¡Quien me iba a decir a mí, trabajador en otras artes, que iba a formar parte de un equipo que busca impulsar intensamente en nuestro país la cultura cinematográfica y que ha conseguido tantas cosas!
Y es que, en verdad, la vida contemporánea no se concibe sin el cine.
Recuerdo ahora el momento en que descubrí que una película era algo más que un ligero entretenimiento de los domingos.
Comprendí de pronto que había mundos en el cine, visiones, ideas, historias que te tocaban el alma y cuyo acercamiento a ellas podía cambiarte la vida.
Fue a mis doce o trece años, durante una semana de cine foro sobre el neorrealismo italiano, que tuvo lugar en el Colegio donde yo estudiaba. Me encontré de repente con una nueva puerta para adentrarme en las emociones del arte.
¡Ah, que gran descubrimiento! Allí estaba Milagro en Milán de Cesare Zabattini y Vittorio de Sica. Ya nada volvió a ser como antes.
Luego llegaron otras películas. Son las películas de mi adolescencia. No puedo decir ahora si eran más o menos buenas, pero son las que me encandilaban y golpeaban de algún modo mi ánimo. No debo ahora desconocerlas. Doce hombres sin piedad. Orfeo negro. De aquí a la eternidad. La quimera del oro. ¡Y cuantas otras!
Bueno, siguen aquí conmigo. Su impacto todavía no se ha borrado. Son como los primeros amores.
Por eso es que quiero tanto el cine.

jueves 7 de octubre de 2010

CHEERLEADER / 7.10.10

Desde la Izquierda
CHEERLEADER
(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)

¿Cómo se llaman esas figuras que animan a sus equipos en Gringolandia?
¿Cheerleader? ¿No les dicen también porristas?
A mi me luce que los intelectuales escuálidos son los porristas del Capital.
Y sobre todo aquellos que firman columnas de opinión o conducen programas de radio y TV defendiendo lo indefendible de un sistema perverso que hace agua por todas partes.
A ellos nada les importa, sino una lealtad incondicional a la burguesía y a sus aromas financieros.
Se visten con un traje espiritual de porristas y salen gritando al campo de la opinión.
Su voz es una voz condicionada y artificial.
Sus gestos, están sistematizados y son previamente ensayados.
Sus pasos responden al control de sus dueños, que son los amos del club mediático.
Hay que ver a estos cheerleader desaforados haciendo contorsiones ante el público y entonando cánticos oposicionistas.
Son un verdadero espectáculo.
No les da vergüenza porque, en algún momento de la vida, perdieron la que tenían.
Debajo del disfraz de porristas, se pierde su naturaleza original. Pueden ser académicos, pueden ser periodistas, pueden ser lo que sea, de una u otra profesión u oficio, pero al final se unifican en sus patéticas piruetas con los colores de la feria oligárquica.
Algunos de ellos (pocos en verdad) gozaron de mi estima en algún momento. Llegué a pensar que eran personas serías. Pero el momento de la verdad los puso en evidencia.
El momento de la verdad que siempre llega.

lunes 4 de octubre de 2010

LOS NIÑOS DE LA REVOLUCIÓN / 4.10.10


(Foto facilitada por Prensa Presidencial)

El sábado 2 de octubre estuve entre los ministros que acompañaron al Comandante Presidente a visitar en Antímano el refugio de las familias damnificadas por las lluvias.
Volvieron a mi memoria los efectos de la tormenta Bret en 1993 cuando algunos de nosotros estábamos en el gobierno de la Alcaldía de Caracas.
Nos tocó entonces atender a miles de refugiados que perdieron sus viviendas.
Hay aspectos muy similares.
Es evidente que hoy las familias más pobres siguen allí, en los cerros, en las quebradas, al borde de los barrancos, encaramadas en el peligro. Cientos de miles de personas continúan viviendo en riesgo, por la situación de injusticia y abandono acumulada durante todo el siglo.
El populismo de aquellos malos gobiernos nos dejó una herencia terrible, difícil de superar.
Así, una lluvia fuerte, puede causar estragos,
Pero algo cambió, que se me hace evidente.
Hay una imagen distinta.
Claramente distinta.
Es la imagen de los niños damnificados.
En aquella época del Bret los niños de los barrios caraqueños evidenciaban la desnutrición y el abandono en sus carnes, en sus ojos y en su piel. Muchos de ellos eran figuras lastimeras. Daba dolor en el alma, solamente con verlos, apagaditos. Cada uno de sus rostros era un aldabonazo en la conciencia de una sociedad enferma.
Hoy ya no es así.
Los niños de los refugios siguen siendo los de las familias más pobres, que no han logrado resolver su problema de hábitat en dignidad.
Pero su rostro y su aspecto general ya son distintos.
Cualquiera puede ver que se trata de niños sanos, bien nutridos, despiertos, juguetones.
No es difícil deducir que tienen atención médica, que beben leche cada día, que comen mejor, que están escolarizados todos o casi todos.
A pesar de los errores que hayamos podido cometer en este proceso, a pesar de las fallas, esa constatación nos trae un gran alivio al alma.
Viendo a estos niños alegres, en medio de sus dificultades, se nos hace evidente que todo el esfuerzo de este proceso emancipador vale la pena.
Estos son los niños de la Revolución.

domingo 3 de octubre de 2010

UNA REFLEXIÓN SINDICAL Y UN RELATO / 3.10.10

La reflexión es la siguiente:

Los sindicatos son necesarios.
Ellos nacen como forma de organización de los trabajadores para enfrentarse a la explotación del Capital.
Su historia, desde su nacimiento en las primeras décadas del siglo XIX hasta hoy, está íntimamente ligada a las luchas del movimiento obrero.
Luchas, muchas de ellas, heroicas y trascendentales
Una pregunta es pertinente: ¿deben existir sindicatos en una Revolución socialista, cuando se supone que no tiene justificación estructural la explotación?
Creo que sí, para servir de contrapeso a los errores que pueda cometer la Administración.
No tengo ninguna duda de ello.
Vaya por delante, según esto, mi respeto profundo a la actividad sindical.
Sin embargo, la ética de los dirigentes sindicales no está garantizada de por sí.
Como en la viña del Señor, hay de todo.
En nuestro país, los años de populismo adeco y copeyano corrompieron enormemente la vida sindical. Fue un diseño especialmente perverso de Rómulo Betancourt que decidió apuntalar la hegemonía de Acción Democrática sobre el dominio y control de tres estructuras sociales importantísimas, corrompiéndolas a las tres: el Poder Judicial, las Fuerzas Armadas y el mundo sindical, representado sobre todo por la CTV. Diseño que, por cierto, le funcionó durante cuatro décadas.
De esa manera, para desgracia de los trabajadores, prevaleció en esa época una cultura sindical particularmente degenerada, llena de mañas. Algunas todavía perviven
Por eso el pueblo con su sabiduría ha sabido distinguir entre prácticas sindicalistas y prácticas sindicaleras.
Las prácticas sindicaleras privilegian las conveniencias inmediatistas por encima de los intereses de clase. Tienden a favorecer una visión sectaria que se desvincula totalmente de los problemas de la Nación y la Sociedad. Son territorio de la manipulación de grupos que se entronizan en la actividad. Y viven de inventar conflictos laborales innecesarios y con frecuencia absurdos, porque es esa conflictividad la que le da oxígeno a su manipulación constante.
Como el vampiro vive de la sangre, el sindicalerismo vive del conflicto. Y cuando no existe lo inventa.
El sindicalerismo es la antítesis del sindicalismo.
El sindicalismo es, en principio, revolucionario en cuanto atiende a los intereses de la clase en consonancia con los intereses generales de la sociedad.
El sindicalerismo es, no cabe duda, contrarrevolucionario. O, para decirlo más claramente, es adeco. Tiene esa marca en su frente y no la puede ocultar aunque se ponga una cachucha roja.

El relato es el siguiente:

En febrero, tan temprano como el primer o segundo día siguiente a mi nombramiento como Ministro de la Cultura, me reuní con dos o tres importantes dirigentes sindicales de nuestras instituciones. Me acuerdo que todavía ni siquiera me había instalado en el despacho del Ministerio, por lo que la reunión tuvo lugar en el tercer piso del edificio del IARTE.
La conversación fue franca y directa, con la intención de superar antiguas contradicciones y prejuicios. Creo que fue una buena reunión, o al menos así lo pensé en ese momento.
Quedamos en que el diálogo sincero entre las partes se iba a convertir, cuando fuera necesario, en la manera de prever con antelación cualquier conflicto.
Han pasado unos meses.
Las autoridades de la Fundación Museos Nacionales y los representantes sindicales llevaban sus asuntos pendientes ante el Ministerio del Trabajo.
De repente y sin que mediara ningún aviso o señal previa, y desde luego ningún incidente, el 7 de septiembre un grupo de unas veinticinco personas se presentó en forma violenta tratando de irrumpir en la sede del IARTE con alguna reclamación económica. Fueron agresivos con otros funcionarios, dañaron los bienes públicos con pintura y escribieron injurias muy graves contra las autoridades. Todo eso está debidamente registrado en fotos y videos. Consta en actas levantadas por la Fiscalía y hay testimonios. Entre esas personas había dirigentes sindicales y, lo que es peor, personal de seguridad.
¿Qué pasó? Las acciones que duraron varios días comenzaron menos de tres semanas antes de las elecciones del 26 de septiembre. Afectaron el tránsito y fueron eminentemente públicas. Desde luego consiguieron reseñas en los principales medios de la oposición, impresos, radiales y televisivos
Nadie puede dudar de que esas acciones tuvieran una intención política oposicionista.
Ningún trabajador bolivariano mantendría una protesta pública por varios días en plena campaña electoral.
Como ministro instruí a la Presidenta de la Fundación para que interrumpiera toda conversación que no fuera ante las autoridades que llevan los asuntos laborales. Reservé para mi persona la capacidad de ir a diálogo y todavía mantengo esa reserva.
Pero no habrá diálogo salvo en los términos en que lo decidan o aconsejen las autoridades del Ministerio del Poder Popular para el Trabajo.
Pues este grupo de sindicaleros, vulnerando la dignidad de las personas ha roto todo puente de entendimiento.
Y afirmo con fuerza que esas prácticas adecas tienen sus días contados en nuestra institucionalidad revolucionaria.
Hagan lo que hagan, no prevalecerán.

sábado 2 de octubre de 2010

NO TE OLVIDES DE LA POESÍA / 2.10.10


Vamos al combate de la vida cotidiana. Vamos al combate de la construcción del socialismo. Cada día nos levantamos optimistas y nos ponemos la ropa de faena.
Entramos bien dispuestos a la pelea de las ideas. No tenemos miedo. Disparamos argumentos. Nos llueven injurias.
Pero no nos quejamos. Entendemos que esas son las reglas del juego que el adversario ha impuesto.
Cambiar el mundo no es fácil. El capitalismo es cruel y, detrás de su sonrisa de pasta dental y de sus luces de neón, se esconden las ansias de dominio y las ganas de aniquilar al contrario. No le gusta perder terreno.
Cuídate. Yo sé que no te pueden comprar. Yo sé que no te pueden atemorizar. Pero cuídate. Todo el aparato instituido está hecho para impedirnos avanzar.
Vamos al combate.
¿Cuántas horas trabajas cada día, amigo? No hay límite para las horas de labor. Esto es todo el tiempo. Quien acepta el reto de transformar la vida, no le pone demarcaciones a su esfuerzo
¿Cuando vas a descansar, amigo? No hay descanso. La tarea es continua. Se da en todos los frentes de la vida.
Sigue así, amigo, no desmayes.
Esto es rudo.
Vamos al combate con la dureza que se necesita.
Pero en medio de la batalla, no te olvides de la poesía.

viernes 1 de octubre de 2010

ALGUNAS REFLEXIONES POSTELECTORALES / 1.10.10

Desde la izquierda
ALGUNAS REFLEXIONES POST ELECTORALES
(Publicado ayer el El Correo del Orinoco)

Ganamos. ¿Quién lo duda? Ganamos.
La cifra de 98 diputados contra sesenta y siete, mayoría absoluta, nos da suficiente comodidad para legislar revolucionariamente y para evitar que en la Asamblea se produzcan desmanes oposicionistas.
La fuerza que las derechas han alcanzado no les permiten hacer más que ruido.
Esta victoria es un hecho objetivo. Lo demás es otra discusión.
Esto no quiere decir que no tengamos que seguir ejerciendo una y otra vez la crítica y la autocrítica necesarias.
Es imprescindible corregir aquellos errores de los que el pueblo se resiente.
Y, sobre todo, a mi me parece lo más importante, ser capaces de establecer lazos efectivos entre los sueños de una sociedad más justa y los aspectos de la vida cotidiana en este momento.
Creo que una cosa no puede existir sin la otra.
Los peldaños de la escalera hacia el socialismo están construidos con la madera de cada día.
La política y los problemas de la vida real deben establecer un permanente contacto.
La gente lo pide.
Hemos avanzado mucho, ciertamente, pero el pueblo está exigiendo mayor calidad de vida en los términos en que es posible lograrlo. Y creo que tiene razón.
No creo que se aspire a algo imposible.
Para ello, a mi juicio, el PSUV debe involucrarse mucho más en los grandes temas de la nación y de la sociedad. Tiene esa responsabilidad histórica. No es suficiente con su trabajo electoral. Su pensamiento, su acción y su voz son importantes cada día en relación a los temas comunes de la vida.
Sólo desde la vanguardia organizada trabajando permanentemente en el seno del pueblo podremos resolver problemas como la inseguridad y darle palo a la corrupción.
Aquí la juventud, sobre todo, puede jugar un gran papel.
La espera de los resultados de las elecciones será menos angustiante en el momento en que el pueblo, el partido y el gobierno, trabajen conjuntamente para acercar la realidad a los sueños.