domingo 31 de enero de 2010

SOBRE LA FORMA / 31.01.10

(Pregunta 24)

Rubén: en un encuentro que se está realizando en estos días en Colombia, con la presencia de destacados y reconocidos escritores, el peruano/español Mario Vargas Llosa ha asegurado en uno de los actos, y en alusión a su rechazo por un supuesto caudillismo reinante en el presente en nuestro continente, que "un escritor sabe lo importante que es la forma. Si se rompen las formas de la democracia lo que sufre es su contenido". Usted que también es escritor, que sabe de la forma y que es un demócrata, le preguntamos: ¿Eso es cierto? ¿Es así?

Farruco: ¿forma y contenido? No sé. Me cuesta diferenciarlos. La realidad no se puede dividir en compartimentos. Democracia es democracia en forma y en sustancia. Los propósitos y los procedimientos se funden en un hecho indivisible. Es lo que yo pienso. Y así es en el arte. Así es en la escritura.
¿La forma como protagonista? La forma es fundamental, ciertamente. Y, justamente, por respeto a la forma, no creo que sea posible la democracia en el régimen capitalista. El capitalismo ha demostrado una y mil veces que la forma no le importa para nada. O mejor, dicho, le vale sólo para guardar las apariencias. Cada vez que ve amenazados sus privilegios, viola la forma sin problemas. Si no que se lo pregunten, por ejemplo, a Salvador Allende, a Joao Goulart, a Jacobo Arbenz, a Jean Bertrand Aristide, a Manuel Zelaya, o al Chávez del 11 de abril (por citarte sólo algunos casos emblemáticos) que sufrieron el absoluto desprecio por la forma por parte de las fuerzas del capital que los derrocó.
Pero es que además el maltrato a la forma en el régimen capitalista no se da únicamente en momentos estelares como los que te he citado. Tiene lugar todos los días, cada día, en el uso abusivo y manipulador del poder. Todos lo sabemos.
De modo que ese discurso seudo democrático es pura hipocresía. No aguanta un argumento. No soporta un análisis. Ellos no son demócratas. Con la burguesía en el poder no hay democracia o, en todo caso, su ejercicio está sumamente limitado y bajo sospecha. La apariencia de democracia llega hasta el momento en que sus intereses se ven afectados. A partir de allí hacen lo que sea. Mienten como el carajo. Hacen trampas todo el tiempo. Y matan. No hay que olvidarse nunca de ello. La derecha en el poder mata. Los venezolanos lo hemos vivido en el pasado y no queremos vivirlo nunca más. No volverán, querido amigo.
En el caso de Venezuela estos demócratas de opereta, no aceptan el contenido de la revolución. Los vuelve locos. Los disocia. Y se ponen en plan conspirativo. Pero nosotros los vamos a ir derrotando una vez y otra vez como le hemos venido haciendo hasta ahora. Con la sustancia y con la forma, con ambas caras del mismo instrumento. Desde el estado de derecho. Desde el respeto por las leyes y la Constitución. Y ganándoles la batalla de las ideas. Pacíficamente.
Salvo que recurran a la violencia. En ese caso, conocerían la violencia legítima del pueblo y de su gobierno. Mejor no lo intenten.

sábado 30 de enero de 2010

LAS COSAS SE ROMPEN / 30.01.10



Las cosas se rompen. Como esta concha de nautilus comprada hace unos años en el puerto de Rodas.
Cuando uno es más joven, sufre con ello o se molesta. Hay cosas que están en el corazón, que anidan en él.
Con el tiempo se aprende que los objetos tienen también una vida que finaliza en algún momento, como las personas o los animales. Y aunque las cosas que están el corazón lo siguen estando, sin embargo uno acepta que todo fluye, que toda cambia, que todo se pierde.
Esta concha me gustaba mucho. Se me cayó a mí mismo al suelo mientras arreglaba los libros de la biblioteca. Fue victima de mi torpeza.
Parece un caracol. No lo es. Tiene ese exoesqueleto helicoidal tan perfecto, pero no es un caracol.
Este habitante marino es, creo, el único cefalópodo con concha que sigue existiendo. (Cefalópodo, como el pulpo, como el calamar).
Antiguamente, hace muchos años, fundamentalmente en el mesozoico, innumerables especies de cefalópodos con concha, antecesores del Nautilus, poblaron los océanos. Son los ammonites, cuyos fósiles abundan. Los había de todos los tamaños. Algunos tan grandes como ruedas de camiones roqueros. Otros minúsculos como granos de arena. Para que vean la semejanza de la forma de los caparazones, coloqué asì mismo la foto de uno de esos fósiles de ammonites que también anda por la casa.
Espero que éste pueda salvarse de mis destructoras manos. Hasta ahora ha durado unos ciento cincuenta millones de años.

viernes 29 de enero de 2010

LA DESTRUCCIÓN, LA CONSTRUCCIÓN /29.01.10

(Con esta pregunta 23 ya vamos sacando el tren de aterrizaje, pues nos hemos fijado una meta de más o menos 30 preguntas y respuestas en este diálogo entre Rubén y yo)

Rubén: Ministro, habla de construir el día entre todos y ahora, tardíamente, -en este diálogo que por tecnológico es rapidísimo-, nos damos cuenta de que no hemos hablado de una actividad muy propia de usted: la arquitectura. Un saber emparentado lógicamente con otra actividad también muy propia de usted: la construcción. Desde el Ministerio del Poder Popular para la Cultura son muchas las cosas proyectadas, diseñadas y construidas. Empero, la principal crítica que recae desde la otra orilla es que todo ha sido destrucción. Qué paradójico, ¿no? Le pregunto sin rodeo alguno: ¿Qué se construye en cultura y qué se destruye en cultura?

Farruco: interpreto que tu mención a la arquitectura es metáfórica, ¿no?, en relación la construción y a la destrucción. Alguien en ese sentido, hablando conmigo en la época en que estabamos concibiendo y armando la nueva institucionalidad cultural, refiriéndose a mi condición de arquitecto, me decía: !Es como si ustedes estuvieran diseñando y levantando un nuevo edificio!. Y es verdad. Demolimos unas cosas, remodelamos otras y construimos algunas totalmente nuevas.
Tu dices textualmente: la principal crítica que recae desde la otra orilla es que todo es destrucción.
¿Cuál destrucción?
Yo te voy a decir cuál.
Lo que echamos abajo, o tratamos de hacerlo mientras tuve la responsabilidad de dirigir la gestión cultural, fué la noción de feudo. Esa si quisimos destruirla. Los principados. Los cotos cerrados. Las haciendas privadas de la cultura. El control de las instituciones por personas o grupos que las dirigían a su antojo, sin conectarlas a una estrategia general, a unas políticas de gobierno. Y lo hicimos con mucha fuerza y convicción, pues para eso se había creado el Ministerio de la Cultura, ¿no es cierto?, para eso entre otras cosas. No se trataba de imponer una visión centralista, sino una visión conjunta en lo estratégico. Sobre eso te puedo hablar cuando quieras, aunque creo que ya lo hicimos bastante en nuestra conversación de hace tres o cuatro años.
¿Qué otra cosa destruimos o quisimos destruir? La prisión que secuestró a la cultura como un proyecto de la élite y para la élite. Allí le dimos duro. Forzamos las puertas, destruimos las rejas, abatimos los muros. !Liberamos la gestión cultural de manos de los grupos servidores de la burguesía exquisita para entregársela al pueblo! Eso le dolió a muchos de quienes hoy integran la oposición ¿sabes?, que todavía andan lamentándose por las esquinas como plañideras. No me refiero a los creadores, a los escritores y artistas, sino a los gestores, a los gerentes, que lloran más que nadie porque habían creado unas estructuras en las que ellos mismos se pagaban y se daban el vuelto.
También quisimos demoler el centralismo caraqueño de la gestiíon cultural (y ahí sí podemos hablar de un centralismo) que concentraba la mayor parte de las energías y recursos en la Capital, olvidándose del resto del pais. Con hechos y con cifras lo podemos demostrar. Así desconcentramos la gestión. La revolución de la cultura quiso llegar a todas partes. Lo intentamos y lo logramos en muy buena medida. Pero es todo un proceso. Nada puede darse por terminado. Es una construcción constante.
Sobre lo que construimos no quiero argumentar ahora, sólo hacerte una pregunta. Sobre lo que se sigue construyendo, no me corresponde hacerlo.
La pregunta es la siguiente: ¿Cuáles de estas instituciones tangibles o intangibles existían antes de 2003?: El Centro de la Diversidad Cultural con sus casas en todos los Estados. El Censo del patrimonio cultural, municipalizado. La Compañía Nacional de Música. La Compañía Nacional de Danza. La Compañía Nacional de Circo. La Villa del Cine. La Distribuidora Amazonia Films. Las Sedes Regionales de la Cinemateca Nacional. La Red de Salas comunitarias. La Red Nacional de Escritores. El Centro Nacional del Disco. La Imprenta Cultural. Las Red de Imprentas Regionales de la Cultura. Las Librerías de Sur, concebidas como un proyecto de alcance nacional. La Distribuidora Nacional de la Cultura. La Fundación El Perro y la Rana. El Instituto de las Artes de la Imagen y el Espacio. El Instituto de la Artes Escénicas y Musicales. La Misión Cultura. Los Gabinetes Regionales. La Fundación Nacional de Fotografía. La Fundación Museos Nacionales (he aquí un caso de fusión y remodelación de algunos feudos, a los que antes me refería). La Fundación Museos Bolivarianos. El Museo Nacional de la Historia y el de las Culturas (ambos en construcción actualmente). el Museo de Arte Popular (que no tiene sede todavía pero cuya existencia es un hecho, por la colección que ha ido consiguiendo y definiendo). El Museo de la Arquitectura (en construcción en la Avenida Bolívar). Los festivales y ferias internacionales (entre los que destaco, como ejemplos por citar algunos, los de Poesía, Solos y Duetos y de Arte corporal, pero que son muchos, como tú sabes). El Foro Mundial de Filosofía. El Premio Libertador al Pensamiento Crítico. El Premio Internacional de Poesía Victor Valera Mora. La Universidad de las Artes, Unearte.
En fin, Rubén, y no agoto la lista. ¿No es eso construcción? !Construcción de instituciones, como a ellos les gusta!
!Y no te hablo de la construcción (o autoconstrucción) del espíritu, de la dignidad, del saber consistente, de la conciencia, del socialismo! Con seguridad allí está la construcción más importante y trascendente.
De modo que “desde la otra orilla” lo que ocurre, si me permites la expresión, es que son unos habladores de pendejadas.

jueves 28 de enero de 2010

SU PROPUESTA / 28.01.10

CON VISTA A LA DERECHA
(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)

Hacen ruido, guarimbean, se muestran fanáticos, son inmorales, mienten como el diablo, carecen de escrúpulos, pero además, por si fuera poco,….no tienen razón.
Yo a veces los oigo, pongo un canal, leo en la barbería uno de sus periódicos, sintonizo en el tráfico una de sus emisoras, e intento entenderlos, comprenderlos, para ver si de alguna manera puedo hacer que me merezcan un poco de respeto.
Más lo que de ellos sale es basura totalmente improductiva. Ni una idea. Nada que uno pudiera considerar ni siquiera para una política de reciclaje.
Los que de ellos se expone es el cúmulo de desechos tóxicos de su enfermedad mental.
Si tan solo manejaran algún argumento, la cosa podría verse de otra manera. Pero no hay caso. No argumentan, no exponen ideas.
¿Qué es lo que pasa? Alguien pudiera pensar que no tienen una propuesta de país. Quien así piense se engañaría. Si tienen propuesta. Pero no la dicen. La tienen, pero oculta.
Es la propuesta de siempre de la derecha: aplicar a como dé lugar los mecanismos de poder del capital para mantener sus privilegios. Y echar por tierra todos los avances políticos y sociales. Aunque sea con represión y muerte. Esa es su propuesta secreta.
Pero no tendrán ni la posibilidad de ponerla en práctica. Porque si hay algo seguro, es que no volverán.

miércoles 27 de enero de 2010

UNA FOTO MÁS / 27.01.10



Esta tarde estaba tratando de seleccionar algunas otras imágenes de ventanas, pero esta vez vistas desde afuera, cuando una fotografía llamó mi atención. De inmediato decidí concentrar mi nota en ella.
Me perdonan la inmodestia, pero creo que es una foto perfecta.
Alguien la hubiera podido concebir, preparar, buscar el escenario, conseguir a la modelo, vestirla con los colores adecuados, trabajar la luz, ponerse en posición y, luego, tomar la foto como el evento final de un proyecto.
Pero en este caso nada de ello sucedió.
La imagen se armó ella sola. Se construyó a sí misma, como la vida construye sus cosas que son siempre superiores a su representación.
Lo único que hice fue pasar, percibir y disparar la camarita sobre la marcha. Me acuerdo del momento exacto en que ocurrió con motivo de un viaje de trabajo a Chuao, cuando estaba en Vivienda.
Ahora contemplo la foto y le voy descubriendo cosas. El rigor clásico de la composición. El impecable ensamble de los colores. La espacialidad contenida y mostrada. La serenidad de la mujer, esa mujer, afrodescendiente, una dama mayor, que mira hacia adentro. Su ropaje, el pañuelo, la bata. Su condición. Su postura. Las dos ventanas, una dentro de la otra, dialogando. La calle de más allá, con su arquitectura absolutamente precisada. El contraste entre el exterior donde nos encontramos, caliente, luminoso, y el interior que se presume más fresco en la penumbra.
Bien. Ahora les propongo un juego adicional. Amplíen la foto. No les de flojera. Bájenla del blog con uno de esos programas que permiten irla aumentando. Y métanle la lupa poco a poco. Irán viendo como el interior de la casa deja de ser una sombra oscura y comienza a colmarse de vida. Entonces se descubren las paredes y los muebles y el aire mismo, a distintas alturas llenos de objetos floridos que parecen volar y, en un rincón hacia la derecha, se revela de pronto un pequeño espejo que refleja el lado de la calle que está detrás del fotógrafo.
Es decir, detrás del espectador.
Luego, viéndolo mejor, descubrimos que no es uno, sino que son dos los espejos.
De verdad que la poesía se mete en todas partes, lo inunda todo, lo contiene todo, Nada más hay que tener el corazón atento. Y, siempre que se pueda, una pequeña cámara a la mano. Y, cuando no, tal vez con la memoria sea suficiente.
Con la humilde memoria.

lunes 25 de enero de 2010

UNA RESPUESTA CORTA / 25.1.10

(Seguimos)

Rubén:lo bueno que tiene esta "conversa" con usted, profe, es que del diálogo surgen palabras que son claves para entender procesos sociales tan complejos como los que estamos viviendo en el país. Es un pequeño y sencillo fenómeno. Pero fenómeno al fin. Su reflexión acerca de la libertad la leo hoy, 23 de enero de 2010, una fecha celebrada, ensalzada, sublimada, y descubro que me quedó una pregunta en la marejada del tintero electrónico: ¿Fuimos libres ese día? Y si quiere, y ya que tiene el boleto de multiviaje con usted, bájese en un tema fundamental que esbozó en la respuesta anterior que es la transición, y que le dio forma bajo una figura poética (no podía esperarse otra cosa) deslumbrante y contundente: "Hay un clarear". ¿Estamos amaneciendo? ¿O somos amanecidos?

Farruco: te voy a responder cortito, peleando como andamos a veces con el tiempo. Corto pero sin piratear. El 23 de Enero nuestro pueblo le dio un beso largo e intenso, profundamente cariñoso a la libertad, la abrazo ilusionado y luego, como comprenderás, se acostó con ella. Pero su amor no duró nada, apenas unas horas. Poco duró. La libertad tenía dueño. Ella tenía un compromiso con la burguesía y con sus partidos. El encanto se mantuvo unicamente el tiempo que duró nuestra ingenuidad. Pronto abrimos los ojos.
Si, efectivamente, ese día fuimos libres o creímos serlo. Ahora estamos intentando enamorar de nuevo a la libertad, renacida, reencontrada, con la pretensión de que el amor dure para siempre. Pero esta vez dependerá de nosotros. No dejaremos que nadie nos vuelva a engañar y a secuestrar lo que nos pertenece.
Y yo digo, Rubén, que hay un clarear, porque estamos construyendo el día entre todos. No es algo ajeno, que nos viene dado. Es algo vislumbrado, percibido desde hace tiempo, esperado, buscado. La derrota definitiva de la oscuridad que mantenía a nuestro pueblo en la pobreza. A muchos revolucionarios se les fue la vida en ello. Algunos se extraviaron en el camino. Pero lo que tenía que ser fue, y ahora somos testigos de que rompe el día. Testigos activos. Nosotros tenemos la suerte de ver los primeros rayos. Son las luces de Bolívar: moral y luces, ya sabes. Las de la cultura, las del conocimiento, las de la conciencia. A partir de ahora nada será igual.

domingo 24 de enero de 2010

UNA PEQUEÑA CÁMARA / 24.01.10


Llevo conmigo siempre que puedo, sobre todo cuando viajo, una pequeña cámara de bolsillo. Es una especie de asistente que va efectuando un registro de situaciones. A ella le gusta mucho el tema de las ventanas. Ya vieron ustedes, en la entrada de ayer, que coloqué una selección de ventanas de muchos lugares del mundo. Allí hay casas, oficinas, hoteles, ventanas abiertas, cerradas, lujosas, humildes, incluso de barco, de avión, de helicóptero.
No sé porque me llaman la atención.
También de vez en cuando tomo un lienzo y pinto una ventana de tamaño natural.
En 1995 escribí un poema que está recogido en Final en la Laguna.
Lo reproduzco aquí:

Amo la ventana cerrada que me contiene.
Aunque también
la ventana abierta que me seduce.
Ignoro de qué barro estoy hecho, tan extraño.
cuando, además, entre otras cosas,
amo
la vida sin ventanas.

viernes 22 de enero de 2010

YO NACÍ PARA CONOCERTE / 22.01.10


Delacroix: La libertad conduciendo al pueblo

(Continuación de la conversación Rubén-Faruco)

Rubén: No hemos dejado de hablar de intelectuales y artistas desde que nos adentramos en la mar de este diálogo de semanas. Es obvio que respondemos (aunque deberíamos singularizar ya que las respuestas son suyas) o a una condición o, como mínimo, a una preocupación. Leyendo el libro "Pensamiento filosófico latinoamericano: humanismo vs. alienación", de Pablo Guadarrama González, Tomo II, editado por El Perro y la Rana, damos con esta sentencia del Mariátegui: "El destino del hombre es la creación. Y el trabajo es creación, vale decir liberación. El hombre se realiza en su trabajo". En su gestión se sostuvo como lema que "Artistas somos todos". Todos creamos, por ende, todos somos liberados. ¿Qué es la libertad? ¿Somos libres? ¿Podemos hablar de un pueblo liberado? ¿Y liberado de qué?

Farruco: de nuevo tus preguntas son como un tique multiviaje del Metro. Con ellas puedo llegar a muchos sitios, hacer el viaje que quiera, en un sentido, en el contrario, bajarme en esta estación, en la otra, tomar esta línea o aquellas, hoy, mañana, la semana que viene, en fin, que me ofrecen infinidad de posibilidades de respuesta. Imagínate: ¿qué es la libertad? Buena pregunta, pero ¿cómo la contesto?
Te diría que lo contrario a la libertad es la opresión. Veamos.

Y por el poder de una palabra, vuelvo a recomenzar mi vida. Yo nací para conocerte, para nombrarte, Libertad. Ese clamor por la libertad que hace Paul Eluard en su famoso poema se refiere seguramente a la Francia ocupada por los nazis. El título de la novela de Kazantzakis, Libertad o Muerte, tiene que ver con la resistencia en la isla de Creta ocupada por Turquía en el siglo XIX. Son situaciones concretas, éstas de las naciones o nacionalidades dominadas. Y por lo tanto, el concepto de opresión es aplicable a su pueblo sometido. Si Alemania ocupa Francia, inmediatamente todos y cada uno de los franceses dejan de ser libres. Así, alcanzar la libertad significa salir del opresor. Tenemos otro ejemplo en la opresión de género: es difícil sostener que una mujer común era libre antes del siglo XX, o que lo es hoy un homosexual en una sociedad puritana. Si generalizamos, podemos afirmar algo que es obvio: que toda forma de opresión cercena la libertad. Lo que quiero decir es que una buena manera de definir la libertad consiste en verla como la condición contraria a la opresión.
El punto que muchos sostenemos es que en una sociedad de clases, unas oprimen a las otras. ¿Ves? Allí hay un ámbito donde la libertad no existe o está disminuida. A pesar de que la ley diga que somos libres.
Y si generalizamos todavía más, podemos afirmar que eso ocurre allí donde cualquier poder externo a uno, se imponga sin nuestro consentimiento consciente.
Allí no habrá libertad.
Yo pienso, con Martí, que con la conciencia de que eres oprimido (y esto te lo da el conocimiento trascendido en cultura) ya diste el primer paso hacia la libertad.
En la respuesta anterior, te decía que los intelectuales de la derecha no son libres, porque están presos de una ideología que los oprime. Y es cierto. Si no son capitalistas, son sus siervos. Son los sacerdotes del capital, quienes le prenden las velas, y propician los ritos de adoración, las ofrendas y los rezos con que buscan agradarle. Le prestan su voz o su pluma.
Nosotros los revolucionarios somos espiritualmente más libres que ellos por principio. Porque no servimos a intereses que no sean nobles intereses humanos, porque no reconocemos dueño, porque nada ni nadie puede sojuzgarnos en el pensamiento, ni comprarnos la conciencia. Pero hay opresiones que sufrimos como parte de un pueblo, y contra las que luchamos toda la vida.
Con respecto al lema “todos somos creadores”, efectivamente, eso lo sosteníamos como un principio en la gestión cultural. En realidad, es un reconocimiento, o un homenaje si tú quieres, a la capacidad que, como seres humanos, tenemos todos de pensar, de imaginar, de proponer, de representar, de inventar, de transformar la realidad. Y es cierto, en la medida en que hagamos todo eso, nos iremos liberando. Es así. Individualmente y colectivamente. Porque al pensar, al entender, al descifrar, descubriremos enseguida los factores de opresión y trataremos de derrotarlos. Por allí empieza el primer aire de libertad. Pero es como el cambio de la noche al día. No se da de repente. Hay un tiempo de transición. Hay un clarear. Allí estamos. Como pueblo vivimos un amanecer. Estamos pasando de la oscuridad opresora a la claridad liberadora. Eso es la revolución.
En estos días tenemos un ejemplo bien cercano. ¿No has visto a los trabajadores de unos grandes supermercados participando en su expropiación, para pasar a controlarlos? Están rompiendo cadenas. Su mundo está cambiando de base.
Y así vamos, poco a poco, liberándonos como pueblo, levantándole la voz al imperio, no dejándonos someter, conquistando la libertad que merecemos. Esta irá llegando, construyéndose, hasta que llegue un momento en que retroceder hacia en un estado de sometimiento sea casi imposible.

miércoles 20 de enero de 2010

EL SER CONTRAREVOLUCIONARIO / 20.01.10

Rubén: En estos días, tan colmados de excesos, es de agradecerle la prudencia, la mesura y la humildad en su reflexión. ¿Qué pasa con la humildad que está tan desprestigiada en este presente? Parece que es de bobos o falsos declararse humilde, sentir la humildad. Pero a lo que vinimos: Ciertamente, toda revolución tiene una contrarevolución, y ya que le dedicamos varias páginas a la revolución, dediquémosle una a la contrarevolución. ¿Qué es eso? Un contrarevolucionario no es un opositor, no es un revolucionario crítico. ¿Qué es eso? ¿Cómo actúa y piensa un contrarevolucionario? ¿Es acaso un traidor? ¿O un arrepentido? Tiene salvación?

Farruco: ¿hablamos de la humildad? No vale la pena, vamos a dejarlo. Pero te aclaro que no me considero una persona humilde, sino con sentido de las proporciones. Me veo, veo a los demás, a la humanidad en su conjunto, los de ahora, los de antes, los que vendrán, y me digo ¿qué somos? Poca cosa en verdad. Lo que si tengo es el orgullo de lo que hago, de lo que siento, de lo que pienso. Pero eso hay que moderarlo continuamente. Cuando yo estaba en bachillerato me aprendí una frase en griego que parece un trabalenguas: Matayotes, matayotetos, kai panta matayotes. Creo que significa: vanidad de vanidades y todo vanidad. Ahora, no sé por qué, me viene a la memoria la novela El puente de San Luis Rey, de Thornton Wilder . ¿No la leíste, tú que todo lo lees? Es el mismo autor de aquella narración maravillosa que se llama Los Idus de Marzo. En fin…
Me pides que hable un poco del ser contrarevolucionario.
No sé muy bien cómo entrarle al tema. Pero voy a intentarlo con la imagen de una situación. En un pequeño pueblo, las malas condiciones de vida llevan a que un grupo de personas tome conciencia y haga suya la tarea de producir cambios fundamentales. Intenta promover una crisis de ruptura. A ese grupo lo llamaríamos vanguardia revolucionaria. El conjunto de la población sería la fuerza popular que, puede protagonizar la revolución si desarrolla la conciencia de ello, porque le conviene objetivamente. Es el sujeto del cambio. Pero en ese pueblo manda otro grupo que se va a oponer a la transformación, porque goza de privilegios inmerecidos y no quiere perderlos. Es el poder que se opone al cambio. Ahora bien, si la crisis estalla, y el pueblo se declara en revolución y toma ciertos resortes, ciertos ámbitos del poder, desplazando a quienes lo ostentaban, éstos se van a declarar en contrarrevolución para volver a la situación preexistente. (Por su puesto no se van a denominar así: se llamarán a sí mismos, demócratas, gente civilizada, moderna, elevada, y quien sabe qué). Entonces se establece la presencia evidente de dos fuerzas antagónicas: una promueve los cambios. Está constituida por los revolucionarios. Otra se opone. Está constituida por los contrarrevolucionarios. Yo diría que un revolucionario es quien promueve activamente los cambios radicales e irreversibles, activando para ello. Y un contrarevolucionario es quien se opone activamente a que los cambios se den y si se dan, busca que fracasen.
En nuestra situación imaginada, decíamos que ello pasaba en un pueblito. Pero eso puede ocurrir en un país, en una región, en el mundo entero. Dos fuerzas en pugna.
La pregunta que tú y yo podemos hacernos es ¿por qué hay intelectuales y artistas en Venezuela que se oponen activamente al cambio y, por lo tanto, se convierten en contrarevolucionarios? Yo entiendo el egoísmo hasta cierto punto. Puedo imaginar que cualquiera se sienta incómodo con los procesos de transformación y por comodidad se ponga voluntariamente al margen. Que diga que no le va ni le viene. Que se escude en la discreción o en la pasividad. Eso puedo entenderlo. Lo que me cuesta comprender es que alguien que por autodefinición es pensante, y hace de eso un oficio, pueda ser partidario de los poderes establecidos que han llevado a la humanidad hasta el punto donde hoy se encuentra. ¿Tenemos que hablar de ese punto? Creo que no hace falta. ¿Lo referimos a América Latina, la región con más desequilibrio social del mundo? ¿Lo referimos a Venezuela? ¡A dónde había llegado nuestro país, a qué niveles de desnutrición, de muerte infantil, de miseria, de analfabetismo, de desorganización social, de exclusión, de caos urbano, de pérdida de soberanía, de aculturización y todo eso que es evidente para cualquiera! ¿Cómo es posible que haya intelectuales que intenten detener este gran motor humanista que es la revolución?
Yo no lo puedo concebir. Porque nadie les está pidiendo que se hagan acríticos y fanáticos de nada, sino todo lo contrario: personas críticas en disposición de contribuir a lograr la mayor suma de felicidad posible para todos.
Ah, pero no. No es lo que vemos. Vemos a unos señores (y señoras) obsesionados, enloquecidos, que perdieron el sentido de las cosas y no les importa nada, sino la intensidad del odio que los embarga. Y en consecuencia, actúan contra la revolución. Así, cuando actúan, forman parte de la fuerza contrarevolucionaria. Son contrarevolucionarios.
¿Son traidores? me preguntas. Y te respondo: Tal vez a la honestidad intelectual, a eso suelen ser traidores. Por lo demás, su suerte está echada. Se los tragará el olvido. Si se vieran a sí mismos desde la distancia del tiempo, seguramente se sentirían ridículos en su papel de defensores de una sociedad de privilegios. Pero no pueden tomar esa distancia. Están condicionados por su falta de libertad. Son prisioneros de una ideología.

domingo 17 de enero de 2010

ELOGIO DE LA RAZÓN POÉTICA / 17.01.10

Rubén: Cada artista responde por sí mismo, dice usted, profeamigopoeta (así, todo juntico), y nosotros lo acompañamos en la aseveración. Y por primera vez, si las cuentas no nos fallan, la poesía de un poeta se puso al frente de la política cultural de nuestro país. Con usted, la Cultura alcanzó rango ministerial, algo que no es poca cosa, algo que se pedía a gritos: que la cultura se sentara de una vez por todas en esa grande y larga mesa de las decisiones que se conocía como gabinete ejecutivo. Eso lo consiguió un momento político, unas circunstancias históricas, pero eso también lo consiguió usted. Un hombre de palabra y línea; principalmente. Si el tiempo sigue así, urgido, esa experiencia, esa vivencia, ese rico anecdotario que vivó en largas jornadas de trabajo quedará olvidado. No lo permitamos. ¿Cómo fue el sentar la poesía en el trajinar diario de un gobierno? ¿Puede la palabra imponer su ritmo en esa mesa de disección de problemas? ¿Es de poetas el gobernar? ¿Qué de la poesía utilizó para ejercer su rol burocrático? ¿O Platón estaba en lo cierto cuando quiso el destierro de la poesía?

Farruco:¡Qué difícil es contestar a esta pregunta en lo concreto, en lo referido a mi experiencia! No quiero hacerlo, perdóname. No me quiero ver a mi mismo como el poeta ayudando a gobernar y metido entre “nopoetas”.
No es así, aquí en una revolución no puede haber “nopoetas” (no se me ocurre otra palabra, ¿de qué manera llamar a los que carecen de una visión poética del mundo, o les es complicado considerarla?)
Te lo digo: Chávez es el primer poeta, poeta de la vida en el sentido profundo. Y todos los camaradas que estaban en altos cargos públicos con los cuales tuve que relacionarme eran poetas. Y la gente, la mayoría que ejerce como protagonista de esta prodigiosa aventura, conforma un pueblo dotado de un espíritu poético. Todo aquel que se suma a esta aventura, es un poeta. Y quienes nos precedieron en largas luchas contra el poder durante muchos años ¿no eran acaso poetas, vagabundos de las estrellas?
Ah, sí, ¡que yo trabajo con la palabra como herramienta! Es verdad, pero eso es un oficio, importante si se quiere, amoroso si se quiere, deslumbrante, a veces duro, lo que quieras, ponle tú los adjetivos. Pero lo realmente trascendente es el sentido poético de la existencia.
Según esto quiero hacerte una afirmación contundente: todo revolucionario es un poeta. Pero, para seguir con tu mismo discurso, ningún burócrata (me refiero no a quien hace una tarea de oficina sino a quien la hace inmerso en el burocratismo) es revolucionario.
Fíjate bien a donde nos lleva este silogismo. Ya tenemos las dos premisas. La conclusión es clara. Ningún burócrata es revolucionario.
De esta forma, mis contradicciones no son, o no fueron, con las llamadas rutinas del gobierno. Lo fueron y lo siguen siendo con la contrarrevolución que ejerce muchas formas de resistencia al cambio. Fuertes unas, conspirativas unas, las más evidentes y sonoras. Suavecitas otras, pisapasito, que parecen no matar una mosca las otras, pero que en un cierto sentido son peores, más dañinas. Y estas últimas están metidas en el Estado, a veces metidas en funciones de gobierno, en posiciones donde pueden burocratizarlo todo, pero…así es la vida. En el fondo es la lucha de contrarios que no termina nunca. Lo que pasa es que los contrarios se desdibujan en el paisaje social e, incluso, en el paisaje revolucionario.
Pero, bueno, ahí estamos.
Yo levanto la bandera de la razón poética. Siguiendo a esa bandera me moveré hasta el final. Cuando lo extraordinario se vuelva cotidiano, es la revolución. Lo dijo el Che y lo escribieron en los muros de Paris en mayo del 68. ¡La razón poética!
Al hablar de razón hablamos de una lógica, de un pensamiento, de una estructura, de un sistema de argumentación. Al denominar poética a esa razón, la estamos engalanando a su vez con muchos otros calificativos: imaginativa, humana, sorprendente, clarividente, osada, también sediciosa, irreverente, inesperada…y muchos más.
Ya tú ves: Platón, que fue y es el general en jefe de los idealistas, expulsó a los poetas de su República. Yo, que soy un humilde soldado materialista, reivindico todo el poder para la poesía.

sábado 16 de enero de 2010

NO ES ODIO, ES MENOSPRECIO. / 16.0110

La última vez que creo haber sentido odio en términos personales, fue cuando yo tenía ocho años. Como era el más chiquito de la clase, con dos años menos que la mayoría de mis condiscípulos, había un pequeño grupo de ellos que me acosaba constantemente, se burlaban, me hacían por momentos la vida imposible. Cosas de carajitos, supongo. Lo comandaba un niño que vivía dos calles más allá de la mía. Me acuerdo de haber llegado un día a mi casa llorando y diciéndole a mi madre que a ese muchacho lo odiaba y que ojalá se muriera.
Bueno, sucedió. Menos de un par de años después todos sus compañeros fuimos a su entierro. Me acuerdo como si hubiera pasado ayer mismo. No tuvo nada que ver, desde luego, como mi expresión infantil de rabia momentánea. Creo que tuvo un cáncer en el cerebro o algo así, no puedo precisarlo bien.
Esa experiencia y mi talante en general bondadoso (perdónenme la inmodestia pero creo que es así, o en todo caso he tratado de cultivar permanentemente en mi la bondad hacia el prójimo), ha despojado a mi vida del sentimiento del odio personal. No sé odiar. No puedo sentirlo.
Entonces, me he venido preguntando a mí mismo, ¿En qué consiste, cómo se llama, ese sentimiento que me embarga hacia el grupo de personas infinitamente desleales (no quiero decir un nombre más fuerte) que en el último año y medio han venido destrozando una construcción que era un producto colectivo, dando muestras de una soberbia inaudita, de una incapacidad que pasará a la pequeña historia, de una actitud persecutoria, y de una miseria humana de la que pocos precedentes existen en este tipo de actividades?
Me lo pregunto, veo hacia mi alma con serenidad y yo mismo me respondo: no es odio, es desprecio. Un desprecio tan espeso que pudiera cortarse con una navaja.
Para aclarármelo, interrumpo unos minutos la redacción de esta nota y busco los significados en el DRAE, el diccionario de la academia.
Odio: antipatía y aversión hacia algo cuyo mal se desea.
No, ciertamente no es odio lo que siento. A nadie puedo desearle daño alguno en lo personal, ni siquiera a estos farsantes.
Busco desprecio y leo: desestimación, falta de aprecio. Desaire, desdén.
¡Ah, eso sí! Busco desdén por no dejar y leo: indiferencia y desapego que denotan menosprecio.
Eso es exactamente lo que cargo en el alma. Algo que no me la enturbia. Por ahí vamos bien.

viernes 15 de enero de 2010

QUIENES SOMOS /15.01.10

(Seguimos....)

Rubén:
Le agradezco este paréntesis que corta el buen viento que llevaba esta nave dialógica hacia adelante. Volvamos a la mar, a nuestra mar, creo que lo otro es lo más cercano a la deriva, sino al naufragio. En todo caso, me quedan dos puntos de su respuesta 16 que se merecen un punto y aparte:
El primero es con relación a la identidad cultural, un tema que es medular para entender y para entendernos. El "¿quiénes somos?" es una pregunta fundamental y que no se agota en miles de respuestas. ¿Qué contribuciones se han realizado en ese sentido desde el Ministerio del PP para la Cultura? ¿Qué queda pendiente? ¿Qué se responde cuando se pregunta "quiénes somos"? ¿Somos desde el Proceso Bolivariano diferentes a lo que éramos antes de su cristalización?
El segundo lo transcribo textualmente porque lleva en su carácter reflexivo y de su propia autoría la carga de interrogación suficiente para que cualquiera espere de usted una aproximación a una respuesta. Dice usted: "Tenemos que preguntarnos si este país en revolución no está en capacidad de hacer aportes estéticos, de forma, de lenguaje, a esa revolución universal y continua del arte". Pues bien, lo escuchamos.

Farruco:
¿Quienes somos? Como bien lo dices, la respuesta no se agota en miles de respuestas. Pero algo está claro: básicamente somos un grupo de treinta millones de personas constituidos en nación, ¿no es cierto? Y dentro de unos cuantos tantos años seremos cincuenta millones y nos reconoceremos igualmente como el mismo grupo. Del mismo modo que ahora nos reconocemos como aquellos que sumaban apenas poco más de un millón a principios del siglo XX. Es curioso, ¡pero así es!
¿Y que es, entonces, lo que nos identifica? Allí están las miles de respuestas. Pero de esas miles, escojo una: la que afirma que somos un grupo de personas que inició un proyecto de liberación colectiva (y por lo tanto, en cada caso, también personal) y no lo ha concluido todavía.
Desde el Ministerio de la Cultura impulsamos, pienso yo, la comprensión de que estamos sumergidos en la continuación de ese proyecto. Para ello, por ponerte un ejemplo, creamos el Centro Nacional de Historia. Y tratamos de sumar a todas las comunidades culturales, ayudando en la medida de lo posible a que recuperen la dignidad básica, el orgullo de ser y el placer de crear desde nuestra rica diversidad. Creo que en su momento ya hablamos mucho de eso. Me preguntas qué queda pendiente. Te respondería que no hay temas específicos que queden pendientes. Todos se unen en la tarea. Avanzamos en todos a la vez o nos quedamos rezagados en todos. No puede avanzar José Antonio Abreu por su cuenta. Ni nadie por allí en soledad. Pensar eso es muy necio, no sé si me explico. Somos un único país con una sola gran tarea. Todo confluye a ella. Ganamos o perdemos todos juntos.
El país de 2010 es el mismo de 1999. Lo que pasa es que la dirección cambió de manos y se retomó con gran fuerza el proyecto que se había detenido. El pueblo decidió reimpulsarlo. La cuestión sería saber si en estos once años nos hemos acercado o alejado de las metas trazadas en el proyecto que nos une. ¿Qué piensas tú? Algunos pueden decir, y de hecho lo dicen, que nos hemos desviado del camino. Yo estoy convencido de que hemos avanzado bastante. Allá con los escuálidos amargados que tanto se quejan. Nosotros seguimos intentando sentar las bases materiales y espirituales de la felicidad que nos merecemos como colectivo nacional.

Con respecto a la capacidad de que este país en revolución haga los aportes estéticos que deberían esperarse, esa pregunta sólo puede ser contestada con hechos. Lo demás es retórica. Y no es el Estado quien la responde. Ni soy yo, aisladamente, quien pueda dar una respuesta general. Es la gente. Cada artista responde por sí mismo. Cada grupo de creadores responde por sí mismo. Y todos, en común, respondemos por todos. Pero la contestación está en las obras.
Y yo creo que eso va a suceder. Yo creo que las rupturas y nuevas construcciones vienen. Recordemos que estos procesos de cambio de paradigma en las artes, no se pueden predecir. Hay señales, pequeños movimientos, pero no hay ninguna posibilidad de predecir el momento en que la floración estalla de golpe. Es como los terremotos, pero, por supuesto, en positivo. Terremotos de creación.
De pronto algunos pequeños y escondidos puntos subversivos de la forma y el lenguaje comienzan a expandirse y a actuar como focos regeneradores del entorno. Hablamos de cualquier manifestación artística o literaria y de todas ellas. No hay manera de planificarlo. Simplemente sucede. Repito, como los movimientos sísmicos. Las contradicciones sociales son como las placas tectónicas. Acumulan tensiones y un día mueven y conmueven la tierra. Ello ocurre en la política, en la economía, y ocurre en la expresión.
Pienso que en una revolución verdadera, profunda, como intenta serlo la nuestra, ello va a suceder. Pero no tenemos, o al menos yo no tengo, la información suficiente. A lo mejor algo ya está pasando en la imaginación de un escritor, en el corazón de un músico o en los ojos de un artista plástico, que va a derribar murallas y a extender los límites del arte.
Entonces, partiendo de nuestra confianza en los poderes creadores del pueblo, para usar la frase de Aquiles Nazca, yo te diría que en nuestra revolución eso va a ser así. Hay demasiado talento suelto por ahí.
Por eso, cada día Rubén, en lo que salga el Sol, tienes que asomarte a la ventana para ver y sentir el paisaje de la ciudad. Muy atento a los acontecimientos. La revolución nos va a sorprender y va a sorprender al mundo también en el arte. Es una esperanza, ciertamente, la que expreso. Pero lo dejamos aquí escrito como una especie de profecía.

jueves 14 de enero de 2010

AMARGADOS / 14.01.10

Con vista a la derecha
(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)

¡AMARGADOS!

El tino que tiene el Presidente para acuñar coyunturalmente algunos calificativos es admirable. Y a veces sus adjetivos se convierten en sustantivos que quedan para siempre en el lenguaje, adquiriendo un significado que va más allá de su intención primera. Es el caso del vocablo “escuálido” cuya aplicación nació en un principio para identificar a unos grupos opositores y hoy día sirve para denominar a cierto tipo de reaccionarios de todo tiempo y lugar. Ya es un concepto de valor universal.
Por ejemplo uno dice que quienes promovieron la condena de Sócrates en la antigua Atenas eran unos escuálidos, que la Televisión Española Internacional es sumamente escuálida y que María Antonia Bolívar era la hermana escuálida del Libertador. Y todo el mundo entiende y a partir de allí afirma o niega, pero nadie discute la aplicación del término en sí mismo.
Ahora, desde hace unos meses, Chávez comenzó a denominar amargados a los escuálidos. Es otra adjetivación notable: escuálidos amargados. Pero pudiera llegar a convertirse en un sustantivo que volara solo: los amargados.
A mi parece genial, por lo preciso, por lo correcto, por lo perspicaz, por responder tan bien a la descripción del estado de ánimo de los oposicionistas. ¡Es que es cierto! ¡Son unos amargados! Viven rumiando una rabia que los envenena. No tienen paz. No tienen consuelo. Ven todo turbio. Andan todo el día molestos. Nada les sienta.
De verdad lo digo, si yo pudiera llevarles algún alivio lo haría. Por pura conmiseración humana. Pero ya sé que es inútil. Perdieron la sonrisa para siempre.

martes 12 de enero de 2010

NOVENO CÌRCULO / 12.01.10



(Contestación a la pregunta 17 de Rubén Wisotzki)

Rubén:
Me quedan dos preguntas que se colaron de la pregunta 16, usted sabe, quizás como poeta de manera muy especial, que siempre una pregunta lleva a otra y a otras. Pero dejo en una boya esas dos para referirme a la contienda mediática. Y su inmediatez. Precisamente hoy, lunes 11 de enero de 2010, en el periódico Tal Cual hay un artículo de intelectual que con todo derecho ciudadano ha disentido, criticado y rechazado toda, absolutamente toda, la política de este gobierno en todas las materias y con énfasis en la cultural. Llamemos la cosa por su nombre. Se llama Fernando Rodríguez y en algún momento de la historia dirigió la Cinemateca Nacional. No me importa en estos momentos cómo fue su tránsito como funcionario público. Pero sí me importan sus palabras, sus formas, sus modales. Porque un intelectual, aquel hombre que se maneja con ideas y entre ideas, debe saber que si se está en un medio público debe ejercerse en el mundo de los
criterios. Dice Rodríguez: "A los que nos ha tocado vivir y luchar (sic), en política y cultura, en sentido amplio los dos términos, estos diez años de bosta me temo que la historia nos reconocerá algún mérito -variable por supuesto- por haber soportado tanto mal olor y no salir corriendo". Ellos critican el lenguaje del Presidente y de más de un funcionario y por lo visto no tienen espejo en sus casas. El día anterior, domingo, el querido, leído y respetado escritor Ednodio Quintero afirmó en una entrevista en El Nacional que el 90 % de los intelectuales venezolanos estaba en contra de Chávez. ¿Cómo salimos de semejante verborragia incendiaria? ¿Qué pasa ahí? ¿Usted procuró acercarse a ellos? ¿Hubo en algún momento diálogo?


Farruco:
¿Qué puedo decirte, Rubén? Ni sé qué contestarte. Creo estas personas se extraviaron en una selva oscura y no para emprender un viaje de aventuras al infierno, sino para quedarse en él permanentemente. ¡Se construyeron un infierno con la imaginación! ¡El infierno en que viven es su propio infierno, inventado por ellos, para sí mismos y a la medida!
¡Perded toda esperanza los que entráis! Ellos se metieron en el odio de tal manera, en la excitada obsesión, en el culto a la irrealidad, que poco es lo que se puede hacer por sus almas traspapeladas.
Si yo te anotara aquí, como curiosidad, una parte de los insultos que me dedicó personalmente el director de ese periódico que citas, te quedarías asombrado. Es una cosa espantosa. Pero no lo voy a hacer para no ensuciar estas líneas.
Fíjate, yo asumí los cargos de Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y de Viceministro en abril de 2003, un año después del golpe de estado cupular de tinte fascista apoyado por esos intelectuales. Y recién derrotado el feroz sabotaje petrolero al cuál apoyaron con documentos que por ahí se consiguen para su mala suerte. No pueden esconderse.
Pues bien, desde el primer momento fui recibido por los intelectuales de la derecha con una guerra de alta intensidad y sin cuartel. Pero no disparaban argumentos. Lo que disparaban, como lo siguen haciendo, son injurias, agravios, mentiras, calumnias, por todos los medios.
Yo soy un hombre de debate, tú lo sabes, me gusta una buena discusión. Pero no hubo manera. A ellos no les interesa. No les importan las ideas. Pasan de ellas. A veces intenté un debate en serio, pero no encontré interlocutores.
Desde el primer momento se ubicaron en la orilla opuesta. Y en esa orilla estaba el infierno subjetivo en el que viven en el noveno círculo.
Muchas veces expresé públicamente: el espacio de la cultura es un excelente lugar para el debate. No valieron razones, llamados ni intentos de diálogo. Sobre todo con aquellos renegados que provenían de la izquierda divina y sectaria.
Fernando Rodríguez habla de la historia. Lo que yo puedo decirte humildemente es que la historia generalmente no suele perdonar. Y ellos no serán absueltos, supongo, pero no por malos, sino por tontos. No entendieron nada. No entienden nada.
Ednodio Quintero dice que el 90% de los intelectuales venezolanos están contra Chávez. Te aseguro se que equivoca. Tal vez el 90% de los intelectuales de la derecha están contra Chávez. Pero para eso son la derecha ¿no?
Ahora en serio, es muy difícil hacer una estadística y sacar porcentajes, porque depende del grado de valoración que usas para considerar como se compone la lista de los intelectuales. Supongo que allí ya tendríamos diferencias. Lo que sí te digo es que nosotros nos sentimos muy orgullosos de la gran legión de intelectuales y artistas que acompañan al pueblo en su proceso de liberación. Orgullosos por su número y por su calidad.

lunes 11 de enero de 2010

SOBRE LA CONTIENDA MEDIÁTICA / 11.01.10

(Continuación del diálogo Rubén Wisotzki-Farruco Sesto)

Rubén:
Acaba de desplegar muchos mapas sobre la mesa y ha señalado unos puertos (que de eso se trata, ¿no? de llegar a puerto, a destino) que no se sabe de qué madera están hechos. He extraído algunas coordenadas de su discurso, muy propio de las aguas inquietas, y las he acompañado de una pregunta. Son cuatro en total. Por ahora van dos. Si le parece usted elija el anzuelo que le parezca y esperemos: seguro que sale algo de nuestra caña de pescar.
1. (...) "la guerra mediática que iniciaron, nunca hay que olvidarlo, los medios privados que dirigen a la oposición en este país. Fueron ellos y son ellos los que han acabado con el debate público abierto sobre la política y sus asuntos". Pregunto: ¿Hemos estado a la altura de la guerra mediática? ¿Nuestro fuego ha estado a la altura de ese bombardeo, y lo que es más importante, a la altura de las respuestas que esperaba a la sociedad desde los medios del Proceso? Hay más de un programa de opinión que resulta ser insustancial ya que tanto como entrevistado como entrevistador lo único que hacen es lanzarse piropos o, en el menor de los casos, compartir línea por línea el concepto, tanto así que al final no se sabe quién es el entrevistado y quién el entrevistador.
2. (...) "Por eso yo cuando hablo contigo de debate, me refiero más bien al interno, dentro del proceso. Tenemos que poder encontrar la forma de hacerlo, de confrontar honestamente las posiciones, no sólo en el plano ideológico, sino en todo lo que tiene incidencia social referido, como te decía antes, a la vida cotidiana". A veces pareciera que lo ideológico se impone como menú, más allá de lo comprensible, a la lucha cotidiana, que, vamos, no es poca cosa. ¿Cómo se recupera terreno en ese sentido? ¿Esta lucha de historias mínimas, pero importantísimas, no se deben dar desde la educación y la cultura?


Farruco:
Quisiera lograr ser autocrítico sin tener que hacer un ejercicio de autoflagelación que no nos merecemos. Pues es mucho lo que hemos logrado, muchísimo. Debemos tener en cuenta que la derecha tiene un verdadero ejército mediático nacional, internacional e imperial poderosísimo, experimentado, omnipresente, constituido como factor de dominio absoluto desde hace generaciones. Un ejército acostumbrado a ejercer el mando sin ningún tipo de dudas, vacilaciones o escrúpulos. Una verdadera maquinaria totalitaria al servicio del capital y su ideología. Añádele a este ejército, como aliados notables, la educación privada y buena parte de la pública (todavía), la inercia de la costumbre, la visión del mundo inculcada familiarmente desde la cuna, las industrias totalitarias del entretenimiento y de la cultura, el embrujo malvado de la publicidad, la pandemia espiritual del consumo, la influencia opresora de la religión predominante tal como la establece su estructura jerárquica y, en fin, el influjo artificial de las potestades que gobiernan el mundo a nivel planetario. Ese ejército mediático del enemigo a vencer tiene una fuerza tal en términos tangibles e intangibles, que es verdaderamente osado por nuestra parte enfrentarlo, pensando en que lo vamos a derrotar facilito. Somos David contra Goliat, pero contra un Goliat genio del mal con quinientas vidas de repuesto.
Mientras que nosotros estamos naciendo apenas en lo mediático, dando primeros pasos, constituyéndonos como una especie de guerrilla, pero todavía en formación, contra los auténticos poderes dominantes. Ni la experiencia ni los recursos en esta lucha contra corriente son suficientes. Tenemos que pelear al mismo tiempo que nos adiestramos como pueblo en la comprensión de la realidad, desde siempre distorsionada por el enemigo, para alcanzar a través de ese entendimiento la transformación de nuestra conciencia en una arma liberadora
Nuestros oficiales, nuestros soldados en la guerra mediática están prácticamente aprendiendo a organizarse, a disparar con tino, a establecer tácticas y estrategias. Y aunque nos acompañe un grupo de veteranos, pudiéramos decir que el conjunto de nuestra milicia está dando sus primeros pasos en una guerra de verdad.
Ese es el panorama, tal como te lo dibujo y tú lo sabes. La supuesta ventaja teórica que da el ejercicio de gobierno, aun suponiendo que la utilizáramos a plenitud y sin cometer errores comunicacionales, es realmente mínima en relación a la “morena” que nos lleva el tinglado mediático e ideológico del capital.
De modo que no podemos quejarnos de lo que hemos logrado en once años. Como te dije hace unos días, la idea del socialismo ya está presente y no le mete miedo a una buena parte de la población y eso, Rubén, no es poca cosa.
Sin embargo, sin embargo, hay que reconocer los fallos. No hacerlo sería estúpido. Y para mí el mayor de ellos ha sido jugar en exceso a la defensiva. Es cierto que hay que tener una muy buena defensa que impida los goles del adversario, en eso estamos de acuerdo, pero si al mismo tiempo no metes goles con una delantera perfecta, lo puedes pasar mal.
Tenemos un extraordinario goleador que se llama Hugo Chávez, que además es el capitán, pero el resto de nosotros, visto como equipo, no ha sabido seguirlo con la intensidad y la disposición necesitarías para ganar el juego por paliza. No es que no se haya hecho un gran esfuerzo, pero, a mi juicio, y pido perdón si alguien se molesta, todavía nos falta mucho para imaginar y ejecutar continuamente jugadas brillantes que sorprendan al contrario y entusiasmen a nuestra gente. Solamente en los momentos de crisis, como cuando el sabotaje petrolero, al lanzarnos fieramente al contraataque nos salen jugadas magistrales. Pero en lo que salimos de la crisis, nos envuelve de nuevo el espíritu defensivo y con él, nos ponemos un poco rígidos, convencionales, predecibles. Y con ese talante conservador nuestro discurso se vuelve a su vez fastidioso, evade los problemas, sortea los escollos (cosa que comunicacionalmente es un error), se autoconsiente, va por el senderito de lo fácil, de lo esquemático, bueno, ya tú sabes.
Yo creo que es así. Pienso que nuestro pueblo no es menor de edad y que, en consecuencia, nada debe serle ocultado con el intento de protegerlo. Por el contrario que meterse de frente en los problemas, para descifrarlos con la participación crítica del pueblo, con la verdad por delante, relacionando, y esto me parece sumamente importante, el sueño del socialismo con nuestra vida cotidiana. Una cosa va con la otra.
Pero, te repito, me parece que Chávez merece ser excluido de este pequeño intento de autocrítica. Él es verdaderamente un comunicador de excepción, imaginativo, vital, convincente, que siempre logra sorprender a propios y a extraños. Y, además, no evade ningún problema.
Con respecto a tu segunda preocupación, sí creo, tal como acabo de decir más arriba, que hay que saber relacionar la ideología y la vida. Pues justamente la idea nace de la realidad y no al contrario. Si estos dos parajes no se tocan, algo anda mal. Si la utopía no se hace presente en lo pequeño, seguramente es que lo grande no está marchando. Pero además, es que resulta muy agotador ese ejercicio de confianza en lo abstracto, si no lo vinculamos con lo concreto, con aquello que podemos ver y tocar personalmente. Pienso que es así. Y pienso que por eso hacen tanto daño aquellos vicios evidentes de la revolución, aquellas contradicciones entre el discurso y la práctica, que distancian el sueño de la vida y minan la confianza del pueblo.
Hay debilidades que son imperdonables.

domingo 10 de enero de 2010

SIERRA DE SANTO DOMINGO / 10.01.10






Hoy se me ha ocurrido colocar aquí estas imágenes de la Sierra de Santo Domingo, en las que tratamos de sorprender los gestos cambiantes de la naturaleza.
Seguramente nos hace bien volver los ojos a ella, por momentos, cuando el alma se enreda en los avatares de la vida cotidiana
Aquí están la asombrosa luz del alba, el poder de las nubes, el cielo despejado, la presencia de la nieve, el luminoso anochecer.
Tal vez pueden servir como una metáfora de la existencia.

(Mañana Daniel, nuestro hijo, cumple cuarenta años: ello me emociona. Aunque creo que no es lector de este blog, le dedico estas imágenes. Salud y por muchos años)

sábado 9 de enero de 2010

SOBRE EL DEBATE / 9.01.10

(Contestaciòn a la Pregunta 15 de Rubén Wisotzki)

Rubén: ¡Qué viva el debate! Una expresión corta de palabras, pero ancha de sentimientos, una expresión feliz, felicísima, radiante, esperanzadora. Una expresión que avala el instinto animal periodístico y que por ello destaco entre tantas reflexiones que usted ofrece para enfrentar el mar de levas que a veces ofrece este presente. La pregunta es sencilla, pero sé que la respuesta no lo es. ¿Cuáles son los debates que deben propiciarse en el país? ¿Cuáles son los debates que deben propiciarse en nuestra área de acción que es la cultura? ¿Cómo se conforma el espíritu del debate en un país, en una región, en un mundo polarizado, enfrentado y víctima de históricos conflictos y enfrentamientos? (esta última pregunta me trae el recuerdo de una de sus ideas siendo ministro del pp para la Cultura: el crear la casa del debate, ¿ese era el nombre?, esa suerte de foro griego para intercambiar pareceres y posiciones).

Farruco: ¿Cuál es el debate que debe propiciarse? Yo digo: el debate sobre absolutamente todo. Y no tanto propiciar sino crear los escenarios y las condiciones para que el debate pueda darse. Los temas aparecerán solos, en la medida en que respondan a los intereses de la sociedad, del gobierno y de la revolución. El debate ideológico, en primer término, las grandes ideas, las visiones de futuro, los modelos políticos y económicos, las amplias cuestiones del mundo contemporáneo, como la del ambiente, el desarme, la unión de las naciones, el concepto de trabajo, el de consumo, el de desarrollo, la calidad de vida, en fin, es muy difícil e innecesario hacer una lista de esos asuntos generales. Son temas que siempre están allí y que, de alguna manera, forman parte de la batalla de opinión, por así decirlo.
En segundo lugar, están las políticas y estrategias para el país en esta etapa de transformación. Me refiero con ello a los asuntos referidos a la conducción del Estado, la marcha del gobierno y, en general a todo aquello que afecte a la sociedad, llegando hasta los temas más cercanos a los ciudadanos, aquellos que primeramente notamos en nuestra vida cotidiana. ¿No vamos a debatir, por ejemplo, sobre la seguridad, sobre la vivienda, sobre la ciudad, sobre la cultura, sus estrategias, sus leyes?
Me pregunto yo: ¿Acaso todo se reduce al enfrentamiento entre una política de gobierno y una política de oposición, un duelo automático que se aplica a cualquier cosa de una manera esquemática? Ya se sabe en cada caso lo que vamos a decir nosotros y lo que van a decir ellos homogéneamente. Pareciera un guión escrito de antemano. ¿No hay en eso una renuncia al pensamiento? ¿No hay una renuncia a la responsabilidad intelectual? ¡Ah, yo no estoy de acuerdo con ello, con ese esquematismo, no puedo estarlo!
Está bien que cada uno defienda su posición en términos generales. Unos tomamos partido por los débiles frente a la injusticia y tratamos de crear una sociedad igualitaria, sin clases. Otros defienden el reino del capital y sus consecuencias. Eso es así y está suficientemente claro. Pero ¿acaso no hay matices? ¿No hay discusión sobre estrategias, sobre caminos, sobre procedimientos? ¿Pensamos todos lo mismo de un lado y todos lo mismo del otro, como si estuviéramos programados? Qué ingrato panorama, ¿verdad? Bueno, pero eso es lo que parece debido, fundamentalmente, a la guerra mediática que iniciaron, nunca hay que olvidarlo, los medios privados que dirigen a la oposición en este país. Fueron ellos y son ellos los que han acabado con el debate público abierto sobre la política y sus asuntos. Te lo digo claramente. A la izquierda no hay nada que le guste más que el debate, el ejercicio de la polémica honesta, la búsqueda de una verdad, porque la izquierda se nutre de la duda, del cuestionamiento, de la rebeldía ante la realidad. Es parte de su naturaleza. Cuando alguien ha llegado a la izquierda, desde el punto de vista del pensamiento, es porque ha llegado desde la duda, desde el cuestionamiento. Mientras que la derecha no, no vive de dudas sino de certezas, de verdades que, generalmente no provienen del pensamiento, sino de una construcción ideológica al servicio de sus intereses.
De modo que yo creo que, en ese sentido, mientras los medios privados sigan siendo, y parece que es inevitable que sea así, una especie de partidos políticos, seguramente los más importantes de la oposición, entonces el gran debate de toda la sociedad es imposible. Lo que hay es una caricatura, es guerra declarada. Palo y palo.
Por eso yo cuando hablo contigo de debate, me refiero más bien al interno, dentro del proceso. Tenemos que poder encontrar la forma de hacerlo, de confrontar honestamente las posiciones, no sólo en el plano ideológico, sino en todo lo que tiene incidencia social referido, como te decía antes, a la vida cotidiana. Y creo que asumir esa responsabilidad de crear los escenarios y propiciar, organizar y difundir el debate, para construir colectivamente nuestras verdades, nuestros caminos, le corresponde a la propia revolución a través de los movimientos sociales y, particularmente de los partidos revolucionarios, en especial el PSUV.
Allí nuestros intelectuales y artistas (me refiero al denominarlos así,sin que eso signifique discriminar al resto de la población, a quienes han hecho del pensamiento general y la escritura un hecho fundamental en sus vidas) tienen mucho que aportar. Y no sólo sobre los temas directos de las políticas culturales, que yo sí creo que hay que discutir bastante, sino acerca de todo, como te decía al principio, absolutamente sobre todo.
Con respecto a la propia cultura hay muchos temas pendientes. Te cito algunos que a mí me parecen fundamentales.
Uno, el asunto de la identidad cultural, que a veces se plantea como una suerte de confrontación entre unas manifestaciones propias y unas manifestaciones foráneas invasivas. Es el asunto del engarce de lo nuestro en la universalidad, del diálogo con las culturas del género humano que, como dice el himno, es la Internacional. Algunos de nuestros artistas lo viven como una contradicción insuperable. Yo creo que eso hay que discutirlo bastante, matizarlo mucho.
Otro tema es el asunto del tiempo y de nuevo sale a relucir Salvatore Quasimodo (¿Te acuerdas que curiosamente lo citamos en nuestra primera conversación hace ya tres años y hace unos días tú lo volviste a traer a escena?). Ser de un tiempo y de un lugar. Aquí me refiero entonces al tema del tiempo. Y quiero aclarar que no sólo es un tiempo político, un tiempo social, subjetivo, sino que hay un tiempo universal que en el arte está en revolución permanente, con nuevas formas, nuevos lenguajes, búsquedas constantes, hallazgos, encuentros, conquistas, parajes dejados atrás, todo eso no lo podemos desconocer. Siglo XXI, pues. Y no todo es producto del mercado, no, ni mucho menos. Por eso es que tenemos que preguntarnos si este país en revolución no está en capacidad de hacer aportes estéticos, de forma, de lenguaje, a esa revolución universal y continua del arte. ¡Hay que ver como la revolución bolchevique, en la Rusia de 1917, vivió tiempos de vanguardia artística, de rupturas estéticas, coincidentes con las rupturas de los modelos políticos! Y así fue la revolución cubana. !Fueron tiempos de cambio radical en la política y en la estética! !cambios de valores y de percepciones!!La Revoluciòn al mando! Creo sinceramente que nosotros estamos demasiado concentrados en el aspecto de las raíces, que es fundamental y entrañable, ciertamente, pero que no es, ni debe ser, el único factor a considerar en la creación. Bueno, esa relación con nuestro tiempo me preocupa y creo que debe ser un tema de debate. El socialismo no es un camino a un pasado supuestamente idílico, que no lo fue. El socialismo es una construcción para el futuro. He así un asunto a discutir.
Otro es la relación entre las políticas de estado y los creadores. No quiero avanzar en esto, pero siento que allí hay todavía graves carencias y faltas de definición. Tenemos que autocriticarnos quienes hemos tenido responsabilidad de gestión pública en el área. No hemos cumplido suficientemente, a pesar de nuestros esfuerzos.
En fin, muchas cosas, hasta incluir el tema de la organización. Cuba tiene, por ejemplo, la UNEAC, unión de escritores y artistas cubanos, que es una fuerza muy poderosa y con gran influencia en la definición de las políticas culturales. Nosotros no hemos podido avanzar en algo como eso. Hay algunos pasos muy positivos como el de la Red de escritores, pero son aún pequeños intentos.
Bueno, tampoco aquí quiero hacer una lista de temas culturales a debatir. Pero son muchos. Seguramente podría anotar unas diez o doce grandes cuestiones y tú las complementarías con algunas más. Pero dejémoslo por ahora.
Con respecto a la Casa del Diálogo, que así la denominamos, ciertamente fue una idea que se quedó en papeles. ¡Que bueno que te acuerdes! Consistía en construir un pequeño recinto y luego dirigir en él, desde el Ministerio de la Cultura, su uso dedicado al debate. Sería como un local circular con el diseño, las condiciones y la tecnología adecuada, donde las partes de un conflicto menor o mayor, fuera el que fuese, sindical, vecinal, lo que fuera, pudieran sentarse a debatir hasta llegar a acuerdos que superasen, o lograsen conciliar en la medida de lo posible, sus contradicciones. El Estado sería el facilitador por así decirlo, grabaría, filmaría y reproduciría las sesiones y pondría lo mejor de su esfuerzo para lograr que el diálogo prosperara sin afectar a la dignidad de las partes. Lo concebimos como un ejercicio práctico de construcción de ciudadanía socialista.
Bueno, está ahí pendiente. Creo que sería una bonita contribución.

jueves 7 de enero de 2010

LA NAUSEA / 7.01.10

(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)

Con vista a la derecha
LA NAUSEA

Como comenzamos el año yendo a pasar cuatro días en un lugar de montaña, ocurrió que aparte de adquirir nuestra prensa habitual, Vea, Últimas Noticias y, desde luego El Correo del Orinoco, hicimos la excepción de comprar también EL Nacional y El Universal, porque son periódicos de bastantes páginas y van muy bien para ayudar a encender la chimenea.
Pero luego, en mi lugar de descanso, cometí el grave error de leerlos.
¡Dios santo! ¡Jamás lo hubiera hecho! ¡Sobre todo El Nacional! ¡Qué asco! Iba pasando las hojas de ese desquiciado diario, y una nausea terrible se apoderaba de mi. Es difícil de explicar la grima que sentía. Era como caminar por un paraje lleno de inmundicia. Los titulares, el editorial, el tratamiento de las noticias, las columnas de opinión, las cartas de los lectores.
¿No hay nadie allí? Así como Diógenes en la antigua Grecia recorría su ciudad con un candil encendido buscando un hombre digno de ese nombre, ¿no habrá nadie que recorra los espacios de El Nacional buscando a un periodista? ¿En verdad, no quedará allí ni un solo periodista decente con capacidad de autocrítica? No me refiero necesariamente a nadie progresista, desde luego, sino a cualquiera que, dentro de su talante conservador, conserve un mínimo sentido ético de la profesión.
Pero parece que no. Si quedaba alguien debe haberse contagiado también del virus de la desvergüenza. Todo indica que El Nacional se hunde cada vez más en un lamentable lodazal.
¡Y a mí se me ocurrió echarle un vistazo! ¡Qué manera la mía de comenzar el año!

miércoles 6 de enero de 2010

SER DE AQUÌ Y DE AHORA /6.01.10

(Continuación de la respuesta a Rubén Wisotzki)

¿Ser de aquí y de ahora?
Te diré qué significa. Ser de un lugar es pertenecer a ese lugar. Ser de un tiempo es pertenecer a ese tiempo.
Y ¿qué es pertenecer? Es ser parte integrante de algo, formar parte de ello.
De modo que somos de aquí, de Venezuela, y de este momento, si formamos parte de todo esto, de lo que aquí sucede, si integramos las idas y las venidas de la historia, si contribuimos a derrumbar las barreras y a edificar, si así pudiera decirse, el aire libre.
Digo que si así pudiera decirse, pero de hecho lo digo: porque lo que estamos haciendo es edificar nuevos espacios de libertad que estaban negados para las mayorías que constituyen nuestro pueblo.
Y tú, Rubén, y yo, y cualquiera, somos de aquí y de ahora en la medida en que nos reconozcamos protagonistas de lo que aquí tiene lugar.
No estamos anclados en un pasado. No. Ni tampoco enloquecemos por un futuro hipotético. Vivimos el presente en toda su magnitud e intensidad. Pero tenemos conciencia del tiempo y de los invisibles hilos que cosen las épocas unas con otras, las de antes con la de ahora, la de ahora con las que han de venir.
Si te pones a pensarlo, te darás cuenta de que esto exige obligatoriamente la existencia de una estrecha relación con la gente, con sus dudas y certezas, sus esperas y esperanzas, con sus miedos, euforias, locuras y apasionamientos, con todo ello.
Eres de aquí si cargas en tu alma ese universo colectivo.
Tú podrás preguntarme, y seguro que lo haces, si la derecha, la que defiende las murallas y conspira contra los intentos de cambio, es también de aquí y de ahora. Y yo te contestaría que sí, que es de aquí y de ahora, de esta Venezuela en ebullición sagrada, igual que nosotros, Lo que pasa es que la derecha equivoca las medidas de tiempo y espacio y se enreda en su estado de enfermedad perpetua. Una enfermedad que no proviene sino de la traición a su pueblo. No sabe sí está aquí o está en Miami. No reconocen como hermanos a millones de venezolanos que persiguen un sueño de fraternidad. Sólo se reconocen entre ellos, como una casta especial.
Por eso te diría que sí, que también los hombres y mujeres de la derecha son de aquí y de ahora, lo quieran o no, aunque hayan elegido hacer el papel de antagonistas en esta prodigiosa aventura.

lunes 4 de enero de 2010

CUESTIÓN DE LÍMITES / 4.01.10

(Continuación de la entrevista Rubén Witzoski-Farruco Sesto. Pregunta número 14)

Rubén: Maestro, profe, poeta, donde dice que uno se adelanta la visión que se tiene desde este pequeño, pero afilado, puntiagudo e incisivo sí, peñero (como los que surcan Macuro, por allá en Boca del Dragón), usted ya ha cruzado la estela de la ola y se pone a salvo de extrañas corrientes. ¡Claro que el deber de uno es tensar el diálogo! ¡Y claro que creo que falta crítica seria y autocrítica más seria aún! Y viajo totalmente con usted cuando se pregunta (colocando su reflexión en la proa de mi peñero): "¿Cuál es el límite entre la discreción ante los errores y la connivencia con ellos?". 1) Por favor, nombre usted esos límites. 2) ¿Qué se necesita para implementar la cultura del debate? 3) Aprovecho para recoger del número monográfico sobre el compromiso las palabras polémicas de Salvatore Quasimodo: "Ser de un tiempo y de un país. He ahí el secreto de la poesía más humana y verdadera". ¿Cómo se es de este tiempo y de este
país?


Farruco: Entramos en el problema de los límites, que es muy interesante. Desde Newton y Leibniz se le ha dado repuesta matemática, pero no sé si desde el punto de vista filosófico se ha trabajado suficientemente. Ahí hay un campo interesante a ser explorado. No me refiero al ámbito de la naturaleza pues allí el materialismo dialéctico avanzó bastante, al menos en lo que yo, que soy un lego, puedo percibir a partir de la ley de transición de la cantidad a la cualidad, sino que me refiero sobre todo al campo de lo propiamente humano, de lo moral, de lo ético.
A mí es algo que siempre me preocupa: ¿en qué momento nos es permitido dar un paso de una actitud a otra? Por poner un duro ejemplo referido a Bolívar, ¿a partir de qué punto es conveniente y comprensible facilitar la entrega de Miranda, fusilar a Piar o aceptar provisionalmente la dictadura? ¿En dónde está la frontera entre dos estados de ánimo, entre dos actitudes? ¿Vale aquí el mismo principio dialéctico de que es la variación cuantitativa la que encuentra un punto a partir del cual se da una transformación cualitativa? No sé. Supongo que sí. Pero cómo todo ello se da fundamentalmente en la conciencia, es difícil determinarlo.
A lo mejor me estoy engalletando un poco con la respuesta, metiéndome en terrenos de argumentación filosófica que no se me dan muy bien, pero de todas maneras creo que la cosa va por ahí: algo crece de tal manera en el entendimiento, en la apreciación de la realidad, en el desarrollo de la conciencia en relación a un determinado punto, que de repente hace crisis en la persona y se produce un salto cualitativo, una revolución en la actitud. Se llega al límite. Así como la temperatura del agua tiene un límite en cero grados para dar el salto cualitativo hacia lo sólido y otro límite en 100 grados para dar un salto hacia el vapor, de la misma manera, la conciencia puede optar por un salto extraordinario en una situación límite extraordinaria.
No estoy muy seguro de que me esté explicando bien. Yo me hacía la pregunta ¿hasta que punto la discreción ante los errores no se puede convertir en complicidad con ellos? ¿Cuál es el límite? Y tú Rubén me lo recalcas y me empujas a identificar esos límites.
Creo que es una cosa imposible de precisar. Estamos hablando del alma humana. Creo que es un asunto de conciencia y nada más. Una conciencia que debe estar muy bien sustentada en la realidad, en el conocimiento, en el análisis de las circunstancias, con principios éticos muy sólidos y, sobre todo, no sobornable, no atemorizable, es decir una conciencia, para referirnos a nuestros temas, revolucionaria.
Será esa conciencia, informada y lúcida, en cada caso, la que nos diga qué hacer.
Como sé que estamos hablando de los posibles errores de la revolución (y seguramente tú quisieras afinar aún más y hablar de los errores en la política cultural ¿no es cierto?), yo siempre pienso que lo peor de todo es enterrar la cabeza en la arena, morderse la lengua y hacerse la vista gorda. No, no pienso que esa auto laceración, esa mutilación de la crítica, sea la actitud adecuada.
Pero por otra parte salir como un francotirador intelectual a disparar a la calle desde una terraza opiniones, observaciones (y aun verdades objetivas en el mejor de los casos) a riesgo de causar infinitos daños colaterales, tampoco me parece la actitud correcta.
Fidel llama a la crítica pública y dice que por más útil que le pueda ser a la contrarrevolución, más útil le será a la revolución. Sin embargo, un interpretador de las palabras de Fidel pudiera decir: Si, pero es conveniente encontrar el momento oportuno, el lugar oportuno, las circunstancias oportunas para hacer esa crítica pública.
Total: que una vez más la respuesta se remite a la conciencia revolucionaria de cada quién.
La pregunta entonces, tu pregunta, se puede contestar con otra: ¿Qué conviene más a los intereses estratégicos, a los intereses profundos de la revolución, para salvaguardarla e impulsarla, de acuerdo, en todo caso, a las condiciones reales?
Por mi parte, Rubén, estoy muy claro. Todo lo que hago o digo, en términos de lo público, es para favorecer la revolución, es decir,la transformación de la vida, sin que eso signifique faltar a mi conciencia, ni renunciar a mi compromiso profundo con la humanidad, sino todo lo contrario. Mi responsabilidad intelectual la enlazo a los intereses del pueblo de Venezuela y a este proceso conducido por Chávez. Sé que todos podemos cometer errores. De hecho, no hay empresa humana a salvo de ellos. Pero el punto está en cómo enfrentarlos.
Yo cuando he tenido que decir cosas, he buscado la forma más útil de decirlas. No soy partidario del escándalo, pues es de poca utilidad enlodar las aguas.
Y creo que si tuviera que precisar un límite en mi caso, sería el punto donde mi conciencia advirtiese que en algún área se pudieran estar produciendo daños irreversibles. Así ha sido hasta ahora.
En relación a la necesidad del debate, justamente para encauzar la crítica y la autocrítica, te remito a mi Cuaderno para la Comuna titulado ¡Que viva el Debate!, que es un título, por cierto , basado en una frase de Chávez. Allí sostengo la necesidad de construir, fundamentalmente desde el PSUV, los espacios democráticos de debate sobre todos los temas que afecten a la sociedad. Y no sólo los grandes temas estratégicos sino también los relacionados con el hacer cotidiano.
En relación a la frase de Salvatore Quasimodo, tal como la recogimos en la Letra R, que es una variación de una parte de su discurso de toma de posesión del premio Nobel, la verdad es que siempre me he identificado con ella. No entiendo como puede ser de otra manera, particularmente en la poesía. No me imagino a un poeta que se despegue de su tiempo y de su lugar para colocarse en el ámbito de la generalidad más abstracta. No funciona, No ha funcionado nunca. Alguien puede hacer un esfuerzo para desconectarse, pero habría que ver si tiene éxito. No lo tendrá. Es la relación con la cultura de la que el artista forma parte. Porque nadie puede vivir por fuera de lo suyo. Eso es imposible. Y si el arte es expresión del alma personal, encajada en un alma colectiva, no hay forma de dejar la vida de lado e inventarse una realidad al margen de aquellas relaciones humanas que a uno le han servido de ámbito vital. No se puede. Ponme un ejemplo extremo: ¿Jesús Soto, tal vez con sus planteamientos cinéticos que parecieran poder situarse fuera del tiempo y la geografía? ¡Ah, no es así! Soto era un hombre de su tiempo en todo, incluso en sus exploraciones estéticas. Y, bueno, él relacionaba sus intereses y sus logros con las imágenes que siendo niño y adolescente le llegaron del trópico, particularmente del Orinoco. Fíjate que él tenía una obsesión por Ciudad Bolívar y su gente. De ahí que la creación de su Museo y su donación tan valiosa fue un intento de conexión de mundos y realidades o, mejor dicho, visto de otra manera, un reconocimiento a la importancia de esa conexión.
Pero, fíjate, Rubén, lo que me interesa decir es que si alguien, un artista cualquiera, un escritor, más allá de la conciencia natural de que pertenece a un tiempo y a un lugar, en vez de tratar de luchar inútilmente contra ello, por el contrario lo asume a plenitud y lo sincera, su capacidad de revolucionar de la vida (y de eso se trata ¿no?) va a ser mucho mayor.
Me preguntas: ¿cómo se es de este tiempo y de este país? Ah, eso merece una respuesta aparte.