
CARACAS, LA HERMOSA.
CARACAS, LA INJUSTA.
(Publicado hoy en Todosadentro)
Toda ciudad es una imagen reflejada de la sociedad que la habita. O, mejor dicho, es el producto culturalmente más revelador de quienes la construyeron y habitaron en el tiempo hasta llegar a nuestros días.
Caracas, así, es una construcción de siglos.
Caracas, con sus fealdades y hermosuras.
Caracas, con sus injusticias.
Es la ciudad que resulta de unas sociedades de clases, particularmente desalmadas en el establecimiento de sus diferencias.
De esa manera, todo tiene su lógica.
Desde los extensos campos de golf en el propio pecho de la ciudad, para los muy ricos, obscenamente ricos, diría yo, hasta las barracas encaramadas en la cima del desamparo, al borde del desastre.
Unos y otras, inhumanos. Los campos de golf y las barracas. Unos y otras miserables.
Porque la miseria de la riqueza no es menor que la miseria de la pobreza. Antes bien, es el resultado de una enfermedad del alma.
Una enfermedad que va desalmando el alma, que le va quitando su parte humana.
La pregunta surge una vez más en estos años.
¿Es posible una transformación, es decir, una humanización radical de Caracas?
Yo creo que es posible.
Para ello hay que retejerla con la paciencia del artesano y la impaciencia del revolucionario.
Es necesaria una planificación, no sólo desde la técnica urbanística, sino sobre todo desde la conciencia social.
Con toda la fuerza de la Revolución.
Es posible, sin duda. Y es una tarea para todos nosotros, quienes la amamos de verdad.
Transformar a nuestra ciudad para hacerla absolutamente humana, en el mejor sentido del término, y para irla despojando de la apariencia cruel e indiferente de esa extraña hermosura que hoy la caracteriza.