
Desde la izquierda
AMAR A ESTA CIUDAD
(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)
Toda ciudad es digna de ser amada.
Esta Caracas nuestra, lo es en alto grado.
Pero amar a una ciudad no es solamente amar su imagen, sus perspectivas, aquellos rincones que nos traen recuerdos o la historia que la trajo hasta aquí.
Una ciudad, cualquier ciudad, está llena de edificios y espacios repletos de significado para aquellos que la reconocen como suya y la necesitan como ámbito de sus afectos.
Pero esos objetos, ni en su materialidad ni en su espíritu, son suficientes para un amor profundo y verdadero.
El amor no termina allí. Como no termina en la atmósfera de sus cielos y paisajes.
Porque amar a una ciudad es amar, sobre todo, a su gente.
Con intensidad vital.
A los hombres y mujeres que la habitan.
Allí está la verdadera pasión, el resto es fingimiento de amor.
Amar a Caracas es amar a los caraqueños y de una manera muy especial, tal y como debe ser, a quienes más lo necesitan.
Esto es, a los débiles, a los desposeídos, a los excluidos de siempre.
A lo pobres.
Y amarlos, es comprometerse con ellos.
Un compromiso que debe traducirse en la voluntad de entregarles una mejor ciudad, una ciudad que no los castigue, una ciudad que no los abandone, una ciudad que más nunca los maltrate.
Caracas puede y debe ser así. Podemos hacer de ella una ciudad amorosa con sus habitantes.
El lugar de la suprema felicidad posible.
La capital del buen vivir.
El Presidente Chávez tiene eso muy claro. Pone en ello lo mejor de su ánimo. Las instrucciones están dadas.