
publicado hoy en TODOSADENTRO
Tantos y tantos libros. ¿Cómo voy a encontrar tiempo para leer? ¿Qué hago?
¿Y cómo voy a poder vivir si no leo? Es inimaginable.
El ritmo intenso de la Revolución con su hermoso, pero duro, compromiso de vida devora todas las horas, todos los minutos.
Uno procura pedacitos del tejido del tiempo, casi jirones por lo deshilvanados, y cuando alguno encuentra, no lo logra acomodar para que sea útil.
Lo poquito que se presenta, así a la carrera, en mi caso específico lo aprovecho para escribir estas notas.
Me digo: tienes quince minutos. La columna de Todosadentro te espera.
Bueno, vamos allá. ¿Qué más podemos hacer?
Veo los libros que se acumulan a mi alrededor. Unos que compro, otros que me envían unos más que me regalan. Y los disfruto ya como objetos cercanos, como amigos entrañables por su capacidad seductora, independientemente de que los pueda o no leer.
A veces abro alguno y me entretengo pasando las hojas.
Ayer, por ejemplo el querido Embajador de Cuba Rogelio Polanco me envió un ejemplar del nuevo libro de Fidel, titulado “De la Sierra Maestra a Santiago de Cuba, La contraofensiva Estratégica” ¡Que gran libro y qué hermosa edición!. Ahora me toca andar mendigando horas nocturnas, para poder entregarme a su lectura.
Y así me pasa, por ejemplo con “Memorias de la Insurgencia” del Centro Nacional de Historia.
O con la novela “Un hombre llamado Jesús”, que hoy me regaló Frei Betto con quien estuve desayunando en la mañana.
Y también, entre tantos, con “La Agresión permanente, Usaid, NED y CIA, de Jean-Guy Allard y Eva Golinger”. Fue la misma Eva quien me lo obsequió el día de inauguración de la Feria.
Ando desesperado por leerlos.
¿Qué hago?
No sé: pero esta noche pienso dormir dos horas menos.