(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)
Dos bloques. Uno, quiere derrotar la inhumana estructura que da origen a la diferenciación de los ciudadanos en clases sociales. Y para ello busca transformar los sistemas de producción. Estamos seguros (y digo estamos, porque yo me encuentro en ese sector) que de esa manera vamos a erradicar la pobreza y la injusticia, para avanzar a un estado de verdadera libertad, sin inequidad, explotación ni exclusión.
Desde luego no es fácil, puesto que no hay recetas.
Al intenso proceso que logra y profundiza los cambios en el menor tiempo posible le llamamos Revolución.
La nuestra, a la que denominamos Revolución Bolivariana, quiere hacerlo en paz, sin violentar el estado de derecho, pero con la decisión vital de llevar adelante este proyecto de emancipación.
Para eso usa la ley, se apoya en los mecanismos democráticos y, sobre todo, apuesta al desarrollo de la conciencia.
Consiguió un extraordinario líder para dirigir ese proceso que se llama Hugo Chávez.
Es así de simple.
Contra ese bloque social hay otro que, por distintas razones, no quiere cambios.
Algunas razones en algunos casos son objetivas, como las de la burguesía no nacionalista o de quienes están a su servicio. Perderían sus privilegios. Otras razones son subjetivas, como las de quienes no alcanzan a comprender de qué se trata todo esto.
Un bloque se esfuerza en avanzar en medio de las dificultades que son intrínsecas a todo proceso de transformación radical. Comete errores, pero trata de aprender de ellos. Y no se duerme sobre los logros, que siempre le parecen pocos.
El otro bloque se empeña en torpedear el proceso por cualquier medio. El cruento golpe de estado y el sabotaje petrolero son una muestra. La mentira, la calumnia, la siembra del miedo y del odio, la prédica catastrofista y la manipulación mediática, son parte de su lógica perversa.
Estos son los dos bloques.
Nos veremos las caras una vez más en diciembre de 2012.
Como dijo un poeta: nacimos para ser hermanos, pero la humanidad nos separa.