Con vista a la derecha
(Publicado el pasado jueves en El Correo del Orinoco
El capitalismo es la utopía de los tontos.
Si alguna utopía es irrealizable es la que vende el capitalismo.
Detrás de sus vitrinas bien iluminadas, lo que hay es la crueldad de una imagen imposible.
El lujo como estímulo para la conciencia, la idea del éxito como ilusión que convoca siempre un poco más allá, el combate incesante de cada quien en dura competencia contra lo que sea, la supeditación del amor y la ternura a los intereses materiales, el afán de acumulación de bienes en una interminable locura sin medida, todo ello es producto de ese atentado contra lo humano llamado eufemísticamente “economía de libre mercado”.
Pero, además, los otros daños colaterales que produce ese régimen son infinitos: anotemos la estructuración de la sociedad en estratos o clases (unas “altas” y otras “bajas”), la pobreza extendida, el hambre, la miseria, la explotación, la desigualdad, los desplazamientos masivos, la imposición mundial del pensamiento único, la destrucción de la naturaleza y, sobre todo, como un ángel sombrío, apocalíptico, la continuada guerra de los pueblos poderosos contra los pueblos pobres.
El Capitalismo es como una segadora de los anhelos de libertad. Todas las cosas tangibles o intangibles las convierte en mercancías. Y por el acceso a esas mercancías muchos hombres y mujeres toleran, cuando no consienten, su propia esclavitud.
En verdad es extraño que haya intelectuales capaces de defender algo tan terrible.
Los que lo hacen, traicionan su propia razón de ser como pensadores.
Son desleales a su íntima capacidad de sentir y razonar. Se convierten así en más esclavos que el resto.
No son muchos, pero hacen ruido. Andan por ahí, escribiendo, opinando, rezongando, en los viejos periódicos de la oligarquía.