

Reproduzco mis palabras durante la ceremonia de recepción del Premio Internacional para la Filosofía Karl-Otto Apel, IV edición 2010, que nos fue concedido a Carmen Bohórquez y a mi, y cuya entrega tuvo lugar en la Comuna de Diamante,provincia de Cosenza, Italia, el pasado 18 de septiembre.
El acto se llevo a cabo al aire libre, ya puesto el Sol, en el delicioso espacio de una pequeña plaza delante del Palacio de la Ciudad de Diamante. Me permito reproducir dos fotos. En una de ellas, figura Carmen durane su intervención en el acto. En la otra, media hora antes de comenzar, dando declaraciones a la televisión. )
El Presidente Chávez ha dicho repetidamente, casi desde el primer instante en que tomó posesión de su cargo: “si queremos acabar con la pobreza, demos el poder a los pobres. Y (enseguida añade) el primer poder es el conocimiento”.
Esa frase o, mejor dicho, ese concepto, ha marcado la teoría y la práctica de la Revolución que se desarrolla en Venezuela.
Todos quienes de una u otra forma trabajamos en el gobierno bolivariano, tenemos allí un mandato inquebrantable.
Darle el poder al pueblo, cumplir con la instrucción presidencial de írselo transfiriendo cada día un poco más, se ha convertido en una verdadera línea estratégica de todas las instancias de gobierno.
Pero, a la vez, la idea clara de que el primer poder que podemos transferir es el conocimiento, se le presenta al Ministerio del Poder Popular para la Cultura como la piedra angular de su actividad. Todo depende de ello.
Esa idea la complementamos con una frase de Simón Bolívar que dice: por la ignorancia nos han dominado más que por la fuerza. Y con otra frase de José Martí, el gran prócer de Cuba: ser cultos para ser libres.
Es decir, dejar atrás la ignorancia. Ser cultos. Conocer. Entender. Saber. Avanzar sobre los propios saberes. Para situarse. Para encauzar la acción.
Esto tiene que ver con la conciencia, con el desarrollo que ella puede alcanzar en Revolución.
No es por casualidad que los tres lemas institucionales del Ministerio de la Cultura lo dicen de algún modo.
El primero de ellos: El pueblo es la cultura, lo acuñamos en 2004, y con él quisimos evidenciar una ruptura radical con la gestión cultural de élite, ruptura que iba a marcar todo nuestro proceso de refundación institucional.
El segundo lema: Revolución de la conciencia, nació en el 2007, para puntualizar que el entendimiento libera, y para destacar, justamente, la fuerza emancipadora que la comprensión de la realidad lleva en su seno.
Y, por último: Poder Cultural, Poder Popular que es el lema actual del Ministerio y que insiste en la idea de valorar al conocimiento como un poder del pueblo. Un verdadero poder. En el reconocimiento de que el pueblo es dueño de un saber que está oprimido y que necesita liberarse de un saber opresor.
Ya se ve, pues, que de alguna manera, las tres consignas son la misma, cada una en su momento.
Así pues, con las frases de Chávez, de Bolívar, de Martí y nuestros tres lemas del Ministerio de la Cultura, tomados como estandartes, vamos a la batalla de las ideas.
Construimos cada día que pasa, como hacedores que somos de una nueva realidad. El mundo que recibimos no nos gusta. Consideramos que es nuestra obligación moral transformarlo.
Pero ir a profundizar en el entendimiento del mundo para transformarlo y para liberarnos no es tan fácil. Cualquiera de nosotros, por su cuenta, mediante la dedicación constante al estudio y al ejercicio de pensar, puede llegar a desarrollar un caminito de liberación personal. Se puede encontrar en el ejercicio solitario, o de grupo en pequeña escala, una cueva espiritual para habitarla con ética y convertirla en un refugio a prueba de locuras depredadoras.
Lo difícil, el reto para nosotros, es lograr ese entendimiento en colectivo.
Porque Chávez habla de transferir el poder del conocimiento al pueblo, al pueblo en su totalidad, no a unos pocos, no a unos especialistas, no a algunos elegidos.
Y porque Martí cuando habla de ser cultos para ser libres no se refiere tampoco a individuos sino a pueblos, que en su caso es el pueblo cubano en un momento histórico de lucha por la independencia.
Por eso, con tales referencias nosotros tenemos claro que la tarea es llegar al conocimiento, al entendimiento, a la sabiduría (sea eso lo que sea) pero intentando hacerlo en colectivo.
Para lo cual, no hay otra manera que llegar a pueblo, del que formamos parte, y ponerse a pensar con él. Esto es: llegar al fondo de nosotros mismos.
Tal como dijo un poeta: no hay que cantar para el pueblo, /ni siquiera acerca de él. / Lo que hay que hacer es llegar / al pueblo y cantar con él.
Cantar, crear o, en nuestro caso, pensar.
Así el acto de pensar y de pensar como pueblo, como comunidad nacional, pasa a ser, de hecho, en la Venezuela Bolivariana, una política de Estado.
Que no haya verdades lejanas o, en cierta manera, vedadas.
Que no haya cotos cerrados para especialistas.
Que no se mantengan prudentemente protegidos, ni aun con la mejor de las intenciones, los grandes temas, ni los pequeños, que afectan a la vida de la Nación y de la sociedad.
Hemos dicho, con palabras del Presidente Hugo Chávez: Que viva el debate!
Se trata de construir entre todos un sistema de verdades que sea útil en la búsqueda de la mayor suma posible de felicidad.
Yendo dialécticamente de la praxis a la teoría y de la teoría a la praxis una y otra vez. Viviendo intensamente y pensando sobre lo vivido. Aplicando de nuevo el pensamiento a la acción para mejor encauzarla y volviendo otra vez a la síntesis reflexiva.
Pero todo esto, repito, intentando llevarlo a cabo en colectivo.
Así avanzamos.
Y esto es lo que nos entronca con la filosofía.
Por eso es que nos reconocemos en ella.
En el Ministerio del Poder Popular para la Cultura trabajamos cada día con la hipótesis de que Todos Somos Creadores.
Esto, en el campo del pensamiento, quiere decir: Todos Somos Filósofos.
Esta es la intención profunda. Apostar a las reservas éticas e intelectuales que, como todo pueblo, tenemos en Venezuela para intentar convertirnos en un pueblo de filósofos. (O no sé si sonaría mejor decir: un pueblo filósofo).
Pero no podemos hacerlo solos o aislados.
Únicamente en las condiciones de soledad más extrema, uno estaría obligado a comenzar o recomenzar un camino partiendo de cero. Y no es ese el caso en Venezuela.
Nos sabemos humanidad como parte de ella que somos. Hay experiencias valiosísimas en todas partes, vidas y hechos que se han sintetizado en experiencias de reflexión. De ahora y de siempre. No comenzamos con el papel en blanco. Somos herederos de luchas y de otros creadores, individuos y pueblos, culturas diversas, que desarrollaron una valoración crítica de la sociedad y actuaron, o actúan en diversos lugares del Planeta, en consecuencia.
Todas esas experiencias las hacemos nuestras.
Por eso es que desde el principio se dan en Venezuela estas citas internacionales de filósofos que vienen a participar con nosotros en algunos ejercicios democráticos del pensar en colectivo.
Y no únicamente de filósofos propiamente dichos, sino de intelectuales y creadores de múltiples disciplinas.
El segundo Congreso de Intelectuales y Artistas en Defensa de la Humanidad (el más grande que haya habido hasta ahora) con la participación de más de trescientos cincuenta invitados internacionales de los cinco continentes, se desarrolló en Venezuela en diciembre de 2004. El primero había tenido lugar en México un año antes y otros más se sucedieron desde entonces. A partir de ese Congreso quedó instalada en Caracas la secretaría de la Red de Intelectuales y Artistas en defensa de la Humanidad que ha venido cumpliendo una gran labor al servicio de ese tejido de creadores humanistas.
Pero también llegan poetas de todas partes. A partir de 2003 se han desarrollado ya siete ediciones del Festival Mundial de Poesía en Venezuela, enormemente exitosas y que han congregado a multitudes.
Los poetas traen las verdades de su universo subjetivo, los periodistas aportan sus visiones, los cineastas su capacidad de recreación.
Y así, mucha gente en centenares de reuniones.
Entre ellas, y es un asunto importante para traerlo al caso, los Foros Internacionales de Filosofía, instituidos en 2005 y que ya cumplieron su quinta edición.
Estos foros se han revelado como una herramienta de primera importancia en el acompañamiento hacia la construcción de un pensamiento crítico desde abajo, desde el seno de las mayorías secularmente explotadas o marginadas. No sólo por haber tocado temas cruciales sino por la manera en que se han realizado esos foros: alternando mesas de debate entre especialistas con encuentros abiertos con el pueblo en sus propios espacios de actividad social o productiva.
Cada año, en esta actividad especial, los filósofos invitados recorren el país, participando en reuniones con comunidades campesinas, obreras y, muy particularmente, en las grandes barriadas de nuestras ciudades.
Los Foros de Filosofía son así un espacio de unidad en la lucha común donde en la sociedad de clases, que desgraciadamente sigue existiendo con su odiosa división del trabajo, por unas horas prefiguramos la sociedad igualitaria de pensadores que algún día debiera existir.
En cada una de las cinco ediciones de estos Foros, organizadas por la profesora Carmen Bohórquez, quien me acompaña en este acto, se ha tomado como eje de las reflexiones un tema principal. En la última, realizada este año, el tema sugerido fue: la historia como instrumento de transformación.
Esto nos liga con otra idea primordial en esta tarea de construir un pensamiento desde abajo, desde la perspectiva popular. La de descifrar la historia, justamente, buscando sus verdades ocultas, para liberarla, para quitarle sus cadenas y hacer de ella, entonces, un elemento renovador de la conciencia. Se construye así, en nuestro país, con una nueva generación de jóvenes historiadores, una historia que pudiéramos denominar insurgente contra una historia conservadora, estática. Para ello el Gobierno Bolivariano ha creado el Centro Nacional de Historia,
Esa historia insurgente es una faceta del pensamiento insurgente, crítico, que tanto valoramos en la Revolución Bolivariana.
Tanto lo valoramos que a fin de estimularlo y buscar ejemplos y referencias útiles de mucha actualidad, el Ministerio del Poder Popular para la Cultura creó, con una convocatoria de alcance internacional, el Premio Libertador al Pensamiento Crítico para la mejor obra publicada durante el año anterior a cada entrega, dotado con 150.000 dólares y que hasta el momento ha recaído en cinco grandes filósofos: Franz Hinkelammert, Bolívar Echevarría (recientemente fallecido), Renán Vega Cantor, István Meszaros y Enrique Dussel, que lo acaba de ganar este mismo año.
Sus obras son difundidas junto con cientos de títulos distintos cada año, a través de una política editorial masiva que llega a todo el territorio. Para ello el Ministerio ha creado su propia gran Imprenta de la Cultura, con capacidad para editar 20 millones de libros y revistas al año, ha creado una editorial popular denominada El Perro y la Rana que saca anualmente 600 títulos, ha establecido un sistema de 24 imprentas regionales más pequeñas, manejadas de acuerdo con la Red Nacional de Escritores Socialistas, que pueden editar en conjunto 1200 títulos anuales, y ha creado una gran Distribuidora Nacional de la Cultura que lleva los libros y otros bienes culturales hasta las 56 Librerías del Sur, pertenecientes al Ministerio de la Cultura.
A eso debemos sumarle una política de distribución masiva de libros en todos los municipios que, entre otros títulos, ha editado un millón de ejemplares del Quijote con prólogo de Saramago, medio millón de Los Miserables de Victor Hugo y otro seiscientos mil de las Cartas de Amor de Simón Bolívar y Manuelita Saenz, asi como 27 millones de ejemplares de una biblioteca básica temática que cuenta con 35 títulos escritos especialmente para ella por nuestros más apreciados escritores sobre temas que consideramos que eran de interés general y que ameritaban una reflexión crítica.
Añadimos a esta cuenta la Biblioteca de los Consejos Comunales que hasta ahora ha editado 25.000 colecciones de 100 títulos especialmente seleccionados, que sirven de base a la creación de una pequeña biblioteca en cada comunidad organizada.
Como se ve, todo conduce a lo mismo, a procurar crear las condiciones para que en nuestro pueblo se pueda dar la transformación colectiva a través de la transformación individual, pero ésta hecha también en colectivo, en comunión de conciencias. Así como fue un acto colectivo, una hermosa aventura de todos, la de desterrar el analfabetismo en Venezuela alfabetizando a un millón y medio de compatriotas en año y medio, así, de esa manera, intentamos convertirnos todos en creadores, todos en historiadores, todos en políticos, todos en pensadores, todos en filósofos, para a su vez convertirnos todos en hacedores.
Hacedores de nuevos tiempos.
Según una frase de Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, Educar es crear voluntades.
En eso estamos, auto educándonos para crear una firme voluntad de transformación basada en el conocimiento y en la conciencia de quienes somos y a donde queremos llegar.
Para finalizar, quiero dejar constancia de mi agradecimiento por este Premio Internacional de Filosofía que lleva el ilustre nombre de Kart Otto Apel, y que hoy estamos recibiendo Carmen Bohórquez y mi persona. Ella es filósofa también en el sentido clásico, ciertamente. Yo no lo soy salvo en los términos en que he tratado de explicarlo. Intento, junto con millones de venezolanas y venezolanos, ejercer el oficio de pensar con el pueblo al que pertenezco, un pensar desde abajo, para construir caminos
Tanto Carmen Bohórquez como yo tomamos este premio como un reconocimiento a un pueblo y un gobierno que buscar llevar a cabo una revolución pacífica apuntando a la construcción de un pensamiento colectivo liberador.
Muchas gracias.