(Sexta y séptima pregunta de esta entrevista que va a millón)
Rubén: Dentro del periodismo es sospechoso, o al menos aburrido, que tanto el entrevistador como el entrevistado tengan la misma visión de las cosas. Pueden existir coincidencias y puntos de común, pero de allí al acuerdo total hay un trecho. Por lo tanto, prosigamos si le parece con una mirada crítica que, al ser tanto suya como del que suscribe estas líneas, es fundamental y trascendentalmente autocrítica. De lo dicho recientemente hay dos frases suyas que deben ser, al entender de muchos (esto lo digo por varias conversaciones mantenidas con diferentes grupos y diferentes personas), la esencia de nudos, no marinos, sino gordianos, de la actualidad nacional. En la primera dice usted:
"Dentro de lo previsible, los saltos en el desarrollo colectivo de la conciencia han sido gigantescos. Hoy día el panorama político no tiene nada que ver con lo que era hace diez o veinte años. Son avances prodigiosos. La idea misma de socialismo se ha instalado con naturalidad en el seno del pueblo". ¿En qué situaciones específicas percibe estos "saltos gigantescos"? ¿Cómo se manifiestan? Habla de "avances prodigiosos". ¿Cuáles son? La otra frase es: "Los errores, o los defectos de actuación, yo los ubicaría casi exclusivamente en la obra de gobierno".
Estoy de acuerdo con usted, y sería más que bienvenido si los apuntara en esta oportunidad, pero, ¿acaso no estamos hablando de un proceso de construcción colectiva? ¿El pueblo no se está fallando a sí mismo? ¿Y la contraloría social?
Farruco: Ojalá todo fuera tan fácil de argumentar como esa afirmación mía acerca del cambio en la conciencia. Te lo puedo demostrar, incluso, matemáticamente. Analicemos tres elecciones presidenciales representativas de la larga época de la Cuarta República.
1973. Entre Carlos Andrés Pérez (AD) y Lorenzo Fernández (Copey) sacan el 85,4% de los votos. Junto con sus otros candidatos la derecha saca el 91,67%.
1983. Lusinchi (AD) saca el 56,32%. Caldera (Copey) el 34,54%. O sea que ellos dos solos, sin contar a otros candidatos de derecha, ya suman el 90,86%.
En 1988, la cosa es más dramática. Sumados Carlos Andrés (52,89%) y Eduardo Fernández (40,40%) sin contar al resto de la derecha, ya alcanzan el 93,29%
Ese es el panorama. La derecha siempre alrededor del 90%. La izquierda, por cierto muy moderada, con un techo de 8%.
Comparémoslo con las elecciones de diciembre de 2006. En ellas un Chávez que ya proponía abiertamente el socialismo y se ubicaba con nitidez en una posición antiimperialista, obtiene 7.309.080 votos que representan el 62,84% de total.
No sólo es el carisma de Chávez.
Pensar eso (que muchos en la derecha lo pueden pensar) es despreciar a nuestro pueblo como si fuera ignorante y no subiera por qué está votando.
El pueblo votó fervorosamente por Chávez, es cierto, pero, al mismo tiempo, lo hizo por el socialismo. No desconocía que ambas cosas estaban juntas.
Y eso se llama, querámoslo o no, desarrollo prodigioso de la conciencia.
¿Tú no lo percibes, Rubén, por ejemplo, respecto a la visión que ahora se tiene de Fidel y de la Revolución Cubana? Cuarenta años de propaganda sostenida sistemáticamente habían creado en la opinión pública la idea de que Fidel era un personaje detestable y Cuba un país sojuzgado. Esa opinión era inmensamente mayoritaria hasta hace unos diez años. Pero ¿qué ha pasado? Ahora en una buena parte de nuestro pueblo hay un gran cariño por Fidel y un sentimiento fraternal hacia la Revolución Cubana. Esto es innegable.
Pero te puedo hablar de cosas más en el detalle. ¿Tú no has visto cómo la gente se organiza en los consejos comunales de pueblos y barrios? ¿Tú no te asombras cuando ves a los dirigentes de base hablar delante de las cámaras de TV no sólo con una gran facilidad de palabra, sino también con una perfecta claridad de ideas?
Yu he visto a miles haciendo cola bajo la lluvia para recoger los libros de la Biblioteca Temática. ¿Cuándo hubiéramos pensando eso en el pasado? ¡Se decía que este era un pueblo que no leía!
Derrotamos con ese espíritu el analfabetismo y pasamos de seiscientos mil estudiantes universitarios hace diez años, a casi dos millos y medio en la actualidad. ¡Todo eso significa un prodigioso (insisto en el adjetivo) cambio en la conciencia!
¡Ah, me dirás, pero falta mucho!
Desde luego que falta muchísimo. Llevamos sólo una década.
Y no te creas que todo es apoyo irrestricto. Uno lo ve todos los días. Nuestro pueblo es muy crítico. Y ejerce la crítica, tratando de no llevar agua al molino de la contrarrevolución, pero sin tragarse la lengua. Ha ido adquiriendo una sabiduría de cómo hacerlo.
Yo no soy un cronista, ni un reportero con la facilidad para hacer una buena investigación. Digo simplemente lo que percibo. Y eso es justamente lo que desespera a la derecha.
¿Còmo te explicas tú que con el bombardeo mediático tan imponente, sobre todo a través de los canales más vistos, que son los privados, y de los periódicos de mayor alcance, que son los de la oposición, sin contar las radios que también son de mayoría privada, la derecha no haya logrado ganar una elección significativa y revertir este proceso?
¿Verdad que no tiene otra explicación que el crecimiento de la conciencia del pueblo?
¿Y los sucesos del 13 de abril de 2002, inéditos, creo yo, en el mundo? ¿Qué explicación tendría sino esa?
Bueno, vamos a la otra parte de tu pregunta.
No me apetece, ni creo que tiene sentido, hacer una lista de los errores de gobierno. Anoto que hay un problema con los temas que afectan a la vida cotidiana. Que, en algunos casos no hay relación entre las grandes intenciones y los logros concretos.
Pongo, nada más, un ejemplito que los caraqueños viven a diario. Un alto porcentaje de las escaleras mecánicas del metro están dañadas. Así por meses y años. Y cuando arreglan una, detienen la otra. Lo mismo que el aire acondicionado de los vagones. A veces son un sauna. Hemos visto decenas de desmayos (y cuando digo decenas no estoy exagerando, puedes creerme). ¿Cómo se relaciona eso con el discurso? En verdad, no tiene explicación. No la tiene. Y si existe, nadie la ofrece. Lo mismo que los problemas con la recolección de basura. En fin…
Tú me anotas que, entonces, son errores también de la gente, porque esto es una construcción colectiva. Pues no lo creo así. Si creo que la revolución es una construcción de la gente, pero no que los errores dependen de ella. Dependen de decisiones de funcionarios. Si hoy (noviembre de 2009) la imprenta del Ministerio de la Cultura, por ejemplo, tiene los problemas que tú y yo sabemos, eso no puede ser culpa del pueblo de Guarenas. Es el cúmulo de malas decisiones, o de falta de decisiones, por parte de los funcionarios responsables. El pueblo pone lo mejor: la fe, la disposición a los cambios, la fuerza política.
Pero entiendo lo que quieres decir. Tal vez parte de los problemas está en que, justamente, no se le está transfiriendo al pueblo el poder de decidir.
No desconoces que Chávez insiste en ello: hay que transferirle poder al pueblo. Supongo que allí está una buena parte del problema, en que eso no se cumple. Y si se cumple se hace mal. Porque, entiendo que la transferencia del poder al pueblo, también es un arte delicado. Tenemos que aprender a hacerlo y la única manera es haciéndolo.
Rubén: Por culpa mía nos metimos con "la conciencia del pueblo" que no es un tema, sino un "temazo". Mi barcaza intelectual empieza a hacerse aguas. Debería pedir permiso y desplazarme a mi biblioteca a buscar el libro de Canetti acerca de la masa (creo que usted una vez me dijo que no le gustaba ese término de "masa", que sonaba peyorativo, a masa de pan, de pasta, a algo demasiado homogéneo, en fin, creo eso, y hasta creo que le di la razón), en todo caso debo ir hacia ese texto y a uno extraordinario que me recomendó hace ya algunos años: "Marx y su concepto del hombre", de Erich Fromm. Creo que ambas lecturas están sumamente relacionadas. Y, la verdad sea dicha, considero que cuando se habla de "la construcción de un hombre nuevo" hay que sentarse derechito. Mientras busco y releo tal vez quiera reflexionar acerca de eso: "el hombre nuevo". ¿Qué es eso? Ya dijo que el camino de la construcción de un nuevo horizonte era largo, pero acaso, ¿se
imagina tan largo? ¿Y cuándo se sabe que se terminó? Hablamos de utopías, ¿no?
Farruco: Lo que pasa es que lo del hombre nuevo no se puede despachar con una respuesta un poco sobre la marcha, tal como las que te he venido ofreciendo en esta partida de ping pong, sin que ello signifique que esté improvisando. Por eso me limito a decir que, en todo caso, no podemos esperar a construir al hombre y a la mujer nuevos, para que la sociedad cambie.
Pienso que el proceso no es tan directo como para decir: cambiemos y cambiará la sociedad.
Lo contrario tampoco suena muy razonable.
En realidad se trata de un proceso dialéctico. Vamos de aquí para allá y luego venimos de allá para aquí, una y otra vez. Avanzamos un poquito y lo que avanzamos nos influye. Y con los cambios volvemos a avanzar. En los grandes acontecimientos y en los pequeños. Podríamos incluso resumirlo en un gráfico si quisiéramos esquematizar el proceso de avance
Visto así no es tan complicado. Una y otra vez volvemos a la frase martiana: hacer es la mejor manera de decir. Que, por cierto, en una entrevista que le hicieron a Rafael Puente Calvo, un muy querido amigo boliviano, hace unos meses, él recordaba una frase de Jesús que tiene el mismo sentido: no el que dice señor, señor, sino el que hace la voluntad del Padre entrará en el reino de los cielos. Es la misma cosa: hacer, hacer, en vez de estar declamando intenciones.
Pienso yo, sin que eso contradiga mi condición de guevarista casi estructural por la razón y por el sentimiento, que en vez de estar hablando del hombre nuevo a cada rato (y muchas veces con un carácter moralista: lo hemos visto y oído) lo que hay que hacer es la revolución. Que, según el Che, es el principal deber del revolucionario.
Y la revolución se hace todos los días. No la podemos imaginar como una supernova que estallará en un futuro iluminando el firmamento. Es de aquí y de ahora, con todos sus defectos y complicaciones, de lo que hablamos cuando hablamos de ella.
Es el propio proceso el que nos irá haciendo libres, cada vez más libres, más cultos, más sensibles, mejores personas.
Entonces no se trata de sí el camino es largo o corto. Se trata de que ya comenzamos a recorrerlo. Y hay que pensar que el propio camino es la revolución, así como la Itaca del poema de Kavafis que ya se disfruta, existe y está contenida en el propio viaje. Por supuesto, manteniendo la intensidad requerida en la travesía.
Y ya que hablamos de lecturas sobre estos temas, te recomiendo ahora un libro que a mí me pareció extraordinariamente lúcido e innovador en algunos planteamientos: Comprender Venezuela, pensar la democracia, de Carlos Fernández Liria y Luís Zahonero. Aquí lo editó El Perro y la Rana. No dejes de leerlo.
lunes 30 de noviembre de 2009
domingo 29 de noviembre de 2009
QUINTA SERIE DE PREGUNTAS / 29.11.09
(Continuaciòn del diàlogo Rubén Wisotzki-Farruco Sesto)
Rubén: Si bien su línea de flotación discursiva está intacta y la nave marcha sin novedades, deja usted algunos cabos sueltos que sería bueno amarrar a puerto. Por ejemplo, habla de bondad, verdad y belleza: hay tantas definiciones de estos términos, ¿cuáles son los suyos? ¿A qué conceptos se aferra al hablar de la bondad, la verdad y la belleza? Por otra parte, reconoce que hay errores en el proceso que se lleva adelante en el país. ¿Cuáles son los más importantes a su entender? Y por último habla de ausencia de manuales. Reconozco que es tentador el manejarse sin ellos, que prevalezca el instinto de aventura, y que se escriba la historia con la participación y el aporte de todos, entre otras consideraciones nada desdeñables, pero, ¿no considera que es muy arriesgado el lanzar al agua una empresa semejante (hablamos de la construcción de un nuevo modo de entender la vida y el país) sin tener una brújula que marque un norte, nuestro norte?
Farruco: tres temas, tres preguntas. El riesgo de avanzar sin brújula. Los errores del proceso. Los conceptos de bondad, verdad y belleza, para empapar con ellos el alma colectiva.
Voy a responderte en el sentido inverso al que fueron formuladas.
Fíjate, yo creo que sabemos ciertamente a donde queremos ir: hacia una sociedad sin clases, hacia una sociedad de iguales, hacia una sociedad de libres. Algunos le decimos socialismo. Ese el puerto a donde queremos llegar. Para ello disponemos de algunos instrumentos. No sé sí tenemos una brújula que todo el tiempo señale el camino con precisión científica, creo que no, pero ciertamente llevamos a bordo instrumentos de navegación. El estudio de las experiencias anteriores en otros lugares, con sus éxitos y sus errores, es uno de ellos. El conocimiento de nosotros mismos, de nuestra realidad, de nuestra historia, de cómo somos y sentimos, de nuestros problemas, de cómo está estructurada nuestra sociedad, es otro. El conjunto de las teorías revolucionarias, no tomadas como fórmulas matemáticas exactas, pero si como referencias en el plano de las ideas, es también un instrumento de navegación importante. Y añadiría un cuadernito con unos cuantos principios escritos. Principios que para nosotros son fundamentales y que de alguna manera te los expuse cuando me preguntaste qué era ser de izquierda.
Por otra parte, no vamos solos en este viaje. Otras naves, otros pueblos, otras naciones nos acompañan. Con ellos intercambiamos señales y nos ayudamos mutuamente. No es un barco en solitario. Somos muchos en América Latina y en todo el mundo.
De modo que con todos esos instrumentos y compañías, el riesgo no es tan grande.
Por supuesto que hay enemigos en este viaje. Olas, tormentas, monstruos marinos. Algunos, siempre presentes. El imperio, la oligarquía. Ellos quieren detener el proceso. Harán todo lo que puedan porque el viaje se cancele y la nave se hunda. Otros enemigos son interiores: el burocratismo, la corrupción, el cansancio, el egoísmo, la ilusión de la vida fácil, la debilidad en el sostén de las ideas, el sectarismo y, ¿por qué no? la propia fragilidad de toda gran empresa humana.
Por eso es que son tan importantes los líderes, quienes dirijan la navegación, se llamen Jasón, Ulises, Magallanes, Hugo, como se llamen. Y, despersonalizándolo un poco, porque las vidas de cada uno de nosotros son pasajeras en un viaje que transciende a los individuos, lo importante es el liderazgo del propio colectivo, encarnado en una vanguardia que sea sabia, que sea eficaz y que se autocorrija, que haga revolución dentro de la revolución en su propio seno, para que no se enferme y vaya a dejar de ser vanguardia, tal como ha pasado muchas veces.
Este viaje es largo, te decía, tiene siglos y le faltan siglos. En este momento, tal es el caso de Venezuela, estamos a toda marcha, a no sé cuantos nudos.
En la navegación de los últimos años hemos cometido errores. Tú me preguntas sobre ellos. Pocos errores políticos hemos cometido, pienso yo. Dentro de lo previsible, los saltos en el desarrollo colectivo de la conciencia han sido gigantescos. Hoy día el panorama político no tiene nada que ver con lo que era hace diez o veinte años. Son avances prodigiosos. La idea misma de socialismo se ha instalado con naturalidad en el seno del pueblo. En el campo internacional, también ha habido grandes logros. Soplan vientos de cambio en América Latina y el Caribe.
Los errores, o los defectos de actuación, yo los ubicaría casi exclusivamente en la obra de gobierno. Junto con enormes aciertos y logros, desde luego. Pero también con una multitud de piedrecitas en los engranajes.
Nadie desconoce los grandes avances estratégicos en algunas áreas. Por ejemplo, lo que se ha prosperado en la educación, en la salud, en el deporte, en el manejo del petróleo, en la recuperación del campo, en la reducción de la pobreza.
Ello es importante.
Pero el punto no está allí.
El punto está en la desconexión de la obra de gobierno con la vida cotidiana. Con el día a día. En la desatención del vivir.
En muchos aspectos es una desatención incomprensible.
Pareciera como si en una serie de asuntos de la vida pública el Estado viese hacia otro lado. Se desentendiese. Y eso la gente no lo comprende. Esa ausencia de autoridad, esa incapacidad para que las normas de convivencia funcionen, ese disfuncionamiento de las ciudades que han mantenido (y en algunos casos profundizado) su condición de enfermas crónicas, es muy difícil entenderlo y, por supuesto, más difícil todavía explicarlo.
Ello va haciendo que la vida del ciudadano siga siendo muy incómoda en algunos aspectos. Y la gente no lo puede entender.
No puede entender por qué con un líder como Chávez no logramos desbrozar el camino de tanta estúpida y absurda maleza. No puede relacionar el noble discurso de la construcción del socialismo, con la dificultad inútil, sin sentido e inexplicable del transcurrir de la vida cotidiana. Yo centraría allí el reconocimiento de nuestros errores.
Al principio podíamos decir que estábamos aprendiendo a gobernar. Pero han pasado diez años y el habitante urbano, sobre todo, lo resiente.
Si estamos construyendo bondad en la relaciones humanas ¿por qué esto todavía no se siente con la fuerza que debiera? Hay demasiado resentimiento, odio, miedo y agresividad, todavía sueltos por las calles.
Si somos partidarios de la verdad ¿por qué no nos convencen todas las explicaciones? ¿Por qué la proporción que existe entre bolivarianos y escuálidos se ha estancado, como si las ideas no sirvieran de nada? ¿En que frontera se ha estancado la argumentación?
Si somos cultores de la belleza, ¿por qué todavía seguimos hiriendo de muerte a los espacios públicos, por decir algo?
Temas para reflexionar. No sé si vale la pena que intente definir la bondad, la verdad y la belleza.
Creo que todos sabemos los que son unas buenas relaciones humanas, unas buenas relaciones con la naturaleza, un conocimiento argumentado, y un goce cultivado y a plenitud de aquello que encanta nuestros sentidos y nos conmueve.
Creo que todos lo sabemos, aun sin definirlo. La diferencia está en que algunos creen que eso está en la cumbre de una pirámide a la debe accederse mediante el esfuerzo individual, caiga quien caiga en el camino, mientras que otros pensamos que esas condiciones hay que construirlas entre todos y colocarlas sobre la tierra llana, al nivel de la gente, para que el acceso a ellas sea público y general.
Rubén: Si bien su línea de flotación discursiva está intacta y la nave marcha sin novedades, deja usted algunos cabos sueltos que sería bueno amarrar a puerto. Por ejemplo, habla de bondad, verdad y belleza: hay tantas definiciones de estos términos, ¿cuáles son los suyos? ¿A qué conceptos se aferra al hablar de la bondad, la verdad y la belleza? Por otra parte, reconoce que hay errores en el proceso que se lleva adelante en el país. ¿Cuáles son los más importantes a su entender? Y por último habla de ausencia de manuales. Reconozco que es tentador el manejarse sin ellos, que prevalezca el instinto de aventura, y que se escriba la historia con la participación y el aporte de todos, entre otras consideraciones nada desdeñables, pero, ¿no considera que es muy arriesgado el lanzar al agua una empresa semejante (hablamos de la construcción de un nuevo modo de entender la vida y el país) sin tener una brújula que marque un norte, nuestro norte?
Farruco: tres temas, tres preguntas. El riesgo de avanzar sin brújula. Los errores del proceso. Los conceptos de bondad, verdad y belleza, para empapar con ellos el alma colectiva.
Voy a responderte en el sentido inverso al que fueron formuladas.
Fíjate, yo creo que sabemos ciertamente a donde queremos ir: hacia una sociedad sin clases, hacia una sociedad de iguales, hacia una sociedad de libres. Algunos le decimos socialismo. Ese el puerto a donde queremos llegar. Para ello disponemos de algunos instrumentos. No sé sí tenemos una brújula que todo el tiempo señale el camino con precisión científica, creo que no, pero ciertamente llevamos a bordo instrumentos de navegación. El estudio de las experiencias anteriores en otros lugares, con sus éxitos y sus errores, es uno de ellos. El conocimiento de nosotros mismos, de nuestra realidad, de nuestra historia, de cómo somos y sentimos, de nuestros problemas, de cómo está estructurada nuestra sociedad, es otro. El conjunto de las teorías revolucionarias, no tomadas como fórmulas matemáticas exactas, pero si como referencias en el plano de las ideas, es también un instrumento de navegación importante. Y añadiría un cuadernito con unos cuantos principios escritos. Principios que para nosotros son fundamentales y que de alguna manera te los expuse cuando me preguntaste qué era ser de izquierda.
Por otra parte, no vamos solos en este viaje. Otras naves, otros pueblos, otras naciones nos acompañan. Con ellos intercambiamos señales y nos ayudamos mutuamente. No es un barco en solitario. Somos muchos en América Latina y en todo el mundo.
De modo que con todos esos instrumentos y compañías, el riesgo no es tan grande.
Por supuesto que hay enemigos en este viaje. Olas, tormentas, monstruos marinos. Algunos, siempre presentes. El imperio, la oligarquía. Ellos quieren detener el proceso. Harán todo lo que puedan porque el viaje se cancele y la nave se hunda. Otros enemigos son interiores: el burocratismo, la corrupción, el cansancio, el egoísmo, la ilusión de la vida fácil, la debilidad en el sostén de las ideas, el sectarismo y, ¿por qué no? la propia fragilidad de toda gran empresa humana.
Por eso es que son tan importantes los líderes, quienes dirijan la navegación, se llamen Jasón, Ulises, Magallanes, Hugo, como se llamen. Y, despersonalizándolo un poco, porque las vidas de cada uno de nosotros son pasajeras en un viaje que transciende a los individuos, lo importante es el liderazgo del propio colectivo, encarnado en una vanguardia que sea sabia, que sea eficaz y que se autocorrija, que haga revolución dentro de la revolución en su propio seno, para que no se enferme y vaya a dejar de ser vanguardia, tal como ha pasado muchas veces.
Este viaje es largo, te decía, tiene siglos y le faltan siglos. En este momento, tal es el caso de Venezuela, estamos a toda marcha, a no sé cuantos nudos.
En la navegación de los últimos años hemos cometido errores. Tú me preguntas sobre ellos. Pocos errores políticos hemos cometido, pienso yo. Dentro de lo previsible, los saltos en el desarrollo colectivo de la conciencia han sido gigantescos. Hoy día el panorama político no tiene nada que ver con lo que era hace diez o veinte años. Son avances prodigiosos. La idea misma de socialismo se ha instalado con naturalidad en el seno del pueblo. En el campo internacional, también ha habido grandes logros. Soplan vientos de cambio en América Latina y el Caribe.
Los errores, o los defectos de actuación, yo los ubicaría casi exclusivamente en la obra de gobierno. Junto con enormes aciertos y logros, desde luego. Pero también con una multitud de piedrecitas en los engranajes.
Nadie desconoce los grandes avances estratégicos en algunas áreas. Por ejemplo, lo que se ha prosperado en la educación, en la salud, en el deporte, en el manejo del petróleo, en la recuperación del campo, en la reducción de la pobreza.
Ello es importante.
Pero el punto no está allí.
El punto está en la desconexión de la obra de gobierno con la vida cotidiana. Con el día a día. En la desatención del vivir.
En muchos aspectos es una desatención incomprensible.
Pareciera como si en una serie de asuntos de la vida pública el Estado viese hacia otro lado. Se desentendiese. Y eso la gente no lo comprende. Esa ausencia de autoridad, esa incapacidad para que las normas de convivencia funcionen, ese disfuncionamiento de las ciudades que han mantenido (y en algunos casos profundizado) su condición de enfermas crónicas, es muy difícil entenderlo y, por supuesto, más difícil todavía explicarlo.
Ello va haciendo que la vida del ciudadano siga siendo muy incómoda en algunos aspectos. Y la gente no lo puede entender.
No puede entender por qué con un líder como Chávez no logramos desbrozar el camino de tanta estúpida y absurda maleza. No puede relacionar el noble discurso de la construcción del socialismo, con la dificultad inútil, sin sentido e inexplicable del transcurrir de la vida cotidiana. Yo centraría allí el reconocimiento de nuestros errores.
Al principio podíamos decir que estábamos aprendiendo a gobernar. Pero han pasado diez años y el habitante urbano, sobre todo, lo resiente.
Si estamos construyendo bondad en la relaciones humanas ¿por qué esto todavía no se siente con la fuerza que debiera? Hay demasiado resentimiento, odio, miedo y agresividad, todavía sueltos por las calles.
Si somos partidarios de la verdad ¿por qué no nos convencen todas las explicaciones? ¿Por qué la proporción que existe entre bolivarianos y escuálidos se ha estancado, como si las ideas no sirvieran de nada? ¿En que frontera se ha estancado la argumentación?
Si somos cultores de la belleza, ¿por qué todavía seguimos hiriendo de muerte a los espacios públicos, por decir algo?
Temas para reflexionar. No sé si vale la pena que intente definir la bondad, la verdad y la belleza.
Creo que todos sabemos los que son unas buenas relaciones humanas, unas buenas relaciones con la naturaleza, un conocimiento argumentado, y un goce cultivado y a plenitud de aquello que encanta nuestros sentidos y nos conmueve.
Creo que todos lo sabemos, aun sin definirlo. La diferencia está en que algunos creen que eso está en la cumbre de una pirámide a la debe accederse mediante el esfuerzo individual, caiga quien caiga en el camino, mientras que otros pensamos que esas condiciones hay que construirlas entre todos y colocarlas sobre la tierra llana, al nivel de la gente, para que el acceso a ellas sea público y general.
sábado 28 de noviembre de 2009
EL MORRAL DEL GUERRILLERO (28.11.09)

EL MORRAL DEL GUERRILLERO
El hombre que, en la montañosa selva, tiene que desplazarse continuamente asediado por el ejército contra el cual combate, sabe como nadie cuánto pesa la carga que debe llevar. La calcula gramo a gramo. Todo peso inútil lo desecha. No hay lugar para el lujo o los objetos innecesarios.
Y sin embargo el guerrillero lleva en su morral varios libros de poesía. Y no sólo eso sino que en las noches, cuando puede o le viene en gana, va copiando en un cuaderno verde algunos poemas de sus autores más cercanos: Neruda, Guillén, Vallejo, León Felipe.
Son tesoros para el alma del que pelea. Pero no copia en su cuaderno únicamente poemas políticos, tal como pudiera pensarse. Una buena parte no lo son.
Hay allí por su parte una valoración absolutamente pura y legítima de la poesía. La poesía por sí. La poesía como un río de extrañas aguas o verdades que va atravesando la vida.
Nuestro guerrillero tiene un nombre. Se llama Ernesto Guevara.
Le dicen Che.
Ahora, cuarenta y tantos años después, en un país en Revolución, algunos funcionarios culturales critican, con sonrisa burlona, la “excesiva edición de poesía”. Dicen que eso hay que revisarlo. Pretenden ser más radicales que los demás.
En su ignorancia y su izquierdismo pantallero se olvidan de muchas cosas. Y entre ellas, se olvidan de Florentino y el Diablo.
Pobres tontos burócratas. No entienden nada.
viernes 27 de noviembre de 2009
LA ENTRADA 100 (27.11.09)
La entrada 100 en este blog coincide con la cuarta pregunta de Rubén Witzoski en la continuaciòn de esta particular entrevista
Rubén: ¡Y habla de mis cañones! ¡Usted ha sacado una flota completa al mar! Es obvio que convocó a sus ancestros marinos a hacerse a la mar y no precisamente para pescar. Algo que, por cierto, me parece muy bien. Creo que aquí el problema no es de redes. Abramos fuego, pues. Habla de la "conciencia que es producto del conocimiento puesto al servicio de la humanidad y no de ningún interés sectorial". Si hay algo que ha costado en la historia del hombre es colocar el conocimiento al servicio de la humanidad y, sobretodo, sin que se impongan los intereses, ya sean políticos, económicos y etc., etc. ¿Por qué diría usted que es el momento para revertir esta terrible realidad? ¿Acaso la sociedad venezolana del presente no es la misma a la de hace 15 o 20 años atrás? ¿Qué nota usted de diferente en ella? ¿Se ha sabido, acaso, transmitir la necesidad de un cambio de paradigmas? Por otra parte, habla de la burguesía. Y pregunto: ¿Es que acaso nosotros, usted, yo, y todos los que están (o estuvieron) en su mayoría en altos cargos oficiales en torno a la cultura no son burgueses? ¿No se ha impuesto históricamente una visión burguesa de la cultura? El español Rafael Sánchez Ferlosio, el más reciente Premio Nacional de las Letras Españolas por su obra ensayística y narrativa, amaneció hoy en la prensa de su país declarando que "la cultura es un medio de control social", y cuesta creer que no hay algo de cierto en todo eso, ¿no lo cree así?
Farruco: Hace unos días me compré en la Feria un librito sobre Einstein, con una antología de sus cartas y documentos, editado por Ocean Sur. Lo he estado leyendo. En una carta de los años trienta Einsten habla de un mundo donde reinen la bondad, la verdad y la belleza. Me llamó la atención porque yo, en ¿Por qué soy chavista?, me había referido como norma de vida a la lucha por la justicia, la verdad y la belleza. Supongo que es algo que muchos han dicho. Pero me llama la atención que donde yo escribo justicia, Einstein puso bondad. Me parece que él lo dice mejor. Pues la bondad generalizada como virtud social, se convierte en justicia.
Creo que la especie humana ha venido trabajando para la construcción de esa bondad colectiva. Pero le ha costado sangre y mucho sufrimiento. Y las fuerzas que se oponen a ella siguen, hasta hoy, 26 de noviembre de 2009, mandando en el mundo. No son poderes ambiguos, difuminados. Son poderes reales. Tienen nombre y apellido. Controlan, deciden y matan. Lo que ocurre es que han aprendido a hacerlo con una sonrisa de aquí a allá y en nombre de los valores más altos de la civilización. ¡Pura hipocresía!
¿Cuál es el momento para revertir esa situación? No hay momento específico. Como te digo, la humanidad lo ha intentado siempre en distintos episodios. A veces en el terreno de las ideas. Ahí tenemos a Suárez, Victoria y Las Casas en el siglo XVI, prácticamente inventando el concepto de los derechos humanos (el derecho de gentes). A veces en el terreno de los hechos, como las rebeliones populares de tantos sitios en tantas épocas. Es todo un proceso continuado con flujos y reflujos. Se avanza, se ensaya, se fracasa, se retrocede. Algo queda y se intenta de nuevo.
¿Cómo estamos en este momento? A mi juicio es un buen momento. Me refiero al planeta en su conjunto. Pero siempre es un punto de vista. Saramago, por ejemplo, basta con leerlo, está muy pesimista. Humildemente, yo no lo estoy. Me parece que hay grandes oportunidades para avanzar.
En la medida en que se va democratizando tanto el conocimiento como los medios para transmitirlo (el internet, por ejemplo, es una maravilla), en esa medida la bondad se irá instalando en el corazón de la gente, la verdad prevalecerá y la belleza se extenderá. Pues a nadie le gusta sufrir y, como dice Alí Rodríguez, ningún pueblo se suicida.
Creo en el poder de las ideas que es el verdadero poder. Ellos tienen la fuerza, pero poco a poco la va a ir siendo cada vez más difícil utilizarla. Es cuchillo también para su garganta. Ahí los tienes empantanados en guerras inventadas para sostener su economía. Pero ¿Hasta cuándo durará ese artificio? No pueden abarcarlo todo, sin hacerse a sí mismos mucho daño. En algún momento y no será tan tarde, las contradicciones van a estallar de tal manera que no les será posible controlar el mundo. Chávez dice que este es el siglo donde se terminan los imperios. Estoy seguro de que así será.
En América Latina la cosa está muy interesante. El panorama generalizado de aquellas dictaduras sangrientas y democracias farsantes de hace unos años, ha dejado paso a los que vemos ahora: bastantes gobiernos progresistas, algunos revolucionarios, los pueblos tomando en sus manos el destino de sus países. Francamente, el panorama luce hoy alentador.
Se visibiliza lo que estaba oculto. Mucho del horror sale a la luz y nos espanta. Pero ese espanto y las reflexiones que provoca en nosotros sirven de base a la transformación de la conciencia. Ya no somos los mismos. En Venezuela eso es evidente. O mejor dicho, somos los mismos, seguimos siendo nosotros, pero con una mayor sabiduría política. Basta ver a la gente en sus expectativas e, incluso, basta verla también en sus críticas. El pueblo se ha politizado mucho (politizado en el sentido de que ha ido incorporando a su alma el concepto de ciudadanía). Y esa politización creo que lo cambia todo. Eso es bien bueno. El pueblo está intentando construir el cambio como protagonista del mismo.
¿Se ha sabido transmitir la necesidad de un cambio de paradigmas? , me preguntas. Respondo: la palabra revolución no está pintada en la pared como un adorno. Tiene su carga. Se sabe que es época de transformaciones y que no todo sale bien. Ensayo y error. Solo que los errores en los asuntos sociales cuando son muy graves hacen mucho daño. También se maneja mucho la palabra proceso. Y esa tampoco es neutra. Indica que no todo marcha en línea recta ni se consigue de la noche a la mañana. No. Yo creo que la gente entiende eso. Pero Chávez ha insistido en que no hay un manual, una fórmula predeterminada. Él dice no tenerla y llama a encontrarla entre todos. Sabemos de dónde partimos. Tenemos una idea de los aspectos esenciales que dibujan el paisaje al cual queremos llegar. Los que no tenemos claro es el camino. Algunos autores dicen que eso es un error, que hay que tener claro cómo hacer las cosas, que así como vamos se presta a la ineficacia. Otros pensamos que lo bueno es justamente eso, la ausencia de manuales, para sustituirlo por un ejercicio constante, público y abierto, de reflexión sobre lo que hacemos, en términos económicos, políticos, sociales y culturales. Un ejercicio permanente de todo el pueblo en revolución. Por supuesto, siempre y cuando se vaya concretando en estrategias y afinando las políticas. ¿Se ha sabido transmitir eso? No sé. ¿Quién es el que tiene que transmitirlo? ¿La vanguardia? Ella misma está en construcción. Este es un proceso muy original.
En cuanto a la burguesía, ni tú ni yo lo somos. La burguesía es la dueña del capital. ¿Pequeños burgueses? En la medida en que podamos tener un negocito, un comercio, algo así, podríamos en rigor llamarnos pequeños burgueses. Por extensión, podríamos llamarnos pequeños burgueses, si funcionásemos con la ideología de esa clase. Hay gente que dice que eso es inevitable, que nunca te puedes desprender de ello. No sé. Yo me siento un revolucionario. Y a ti te veo como un intelectual de izquierda. Podremos tener contradicciones en nuestra vida cotidiana, pero, ¿burgueses? No creo.
¡Ah! Que en los altos cargos de la cultura está la gente de lo que podríamos llamar capas intermedias de la sociedad. Si, es cierto. La mayoría de los escritores y muchos de los artistas provienen de allí. Pero no son ricos, propiamente dichos. La clase media está en el fiel de la balanza de la lucha de clases. ¿No te acuerdas de los dibujos de Quino? Son bien divertidos y agudos al respecto. De modo que a veces se va para la derecha y a veces, en el desarrollo de ciertas crisis, gira hacia la izquierda. Y así son sus intelectuales y sus gerentes de la cultura. En la cuarta república, en su mayoría, contribuían a sostener un concepto elitista de la gestión cultural y, por qué no decirlo, de la cultura. Ahora entendemos que no es así. Se supone que se gerencia para todo el pueblo. Se supone que los cargos están en función de unas políticas que las dicta el gobierno en su diálogo profundo con la sociedad, pues para eso fue elegido democráticamente.
La frase de Sanchez Ferlosio que tú citas (la cultura es un medio de control social) podríamos verla como una adaptación (aunque sea involuntaria, por supuesto) a un determinado asunto de otra frase de Lenin. Decía Lenin que el Estado es el instrumento de dominio de una clase sobre las otras. Y yo creo que mientras exista Estado, va a ser así. No puede existir una gestión cultural neutra. Siempre va a servirles a ciertas políticas y a ciertas visiones. Eso ocurre en España, en Francia, en la República Popular China, en Irán, en el Vaticano o en el principado de Mónaco. Nuestra gestión también. Como en el pasado sucedió con otros actores. ¿Acaso a quién crees que servía, por ejemplo, la institucionalidad cultural del Puntofijismo?
Entre nosotros, entonces, la discusión debiera estar en cómo se sirve a las políticas de la transformación y a los intereses del pueblo. ¿Con qué políticas? ¿Cerrando puertas o abriéndolas? ¿Cambiando de lugar las oscuridades o iluminándolo todo? Ahogando espacios o multiplicándolos? ¿Restringiendo voces o esparciéndolas? Algunos, que en el fondo creo que desprecian las inmensas capacidades de comprensión y de creación del pueblo, conciben sus políticas culturales con gran estrechez de miras y una actitud dirigista, paternalista, totalmente estúpida y sectaria, que yo en lo personal rechazo por reaccionaria. Otros pensamos que en la cultura nada funciona mejor que la más absoluta disposición a inventar mundos. Y, por supuesto, a dejar que se inventen.
Pero este es un tema para largo. Lo dejo hasta aquí.
Rubén: ¡Y habla de mis cañones! ¡Usted ha sacado una flota completa al mar! Es obvio que convocó a sus ancestros marinos a hacerse a la mar y no precisamente para pescar. Algo que, por cierto, me parece muy bien. Creo que aquí el problema no es de redes. Abramos fuego, pues. Habla de la "conciencia que es producto del conocimiento puesto al servicio de la humanidad y no de ningún interés sectorial". Si hay algo que ha costado en la historia del hombre es colocar el conocimiento al servicio de la humanidad y, sobretodo, sin que se impongan los intereses, ya sean políticos, económicos y etc., etc. ¿Por qué diría usted que es el momento para revertir esta terrible realidad? ¿Acaso la sociedad venezolana del presente no es la misma a la de hace 15 o 20 años atrás? ¿Qué nota usted de diferente en ella? ¿Se ha sabido, acaso, transmitir la necesidad de un cambio de paradigmas? Por otra parte, habla de la burguesía. Y pregunto: ¿Es que acaso nosotros, usted, yo, y todos los que están (o estuvieron) en su mayoría en altos cargos oficiales en torno a la cultura no son burgueses? ¿No se ha impuesto históricamente una visión burguesa de la cultura? El español Rafael Sánchez Ferlosio, el más reciente Premio Nacional de las Letras Españolas por su obra ensayística y narrativa, amaneció hoy en la prensa de su país declarando que "la cultura es un medio de control social", y cuesta creer que no hay algo de cierto en todo eso, ¿no lo cree así?
Farruco: Hace unos días me compré en la Feria un librito sobre Einstein, con una antología de sus cartas y documentos, editado por Ocean Sur. Lo he estado leyendo. En una carta de los años trienta Einsten habla de un mundo donde reinen la bondad, la verdad y la belleza. Me llamó la atención porque yo, en ¿Por qué soy chavista?, me había referido como norma de vida a la lucha por la justicia, la verdad y la belleza. Supongo que es algo que muchos han dicho. Pero me llama la atención que donde yo escribo justicia, Einstein puso bondad. Me parece que él lo dice mejor. Pues la bondad generalizada como virtud social, se convierte en justicia.
Creo que la especie humana ha venido trabajando para la construcción de esa bondad colectiva. Pero le ha costado sangre y mucho sufrimiento. Y las fuerzas que se oponen a ella siguen, hasta hoy, 26 de noviembre de 2009, mandando en el mundo. No son poderes ambiguos, difuminados. Son poderes reales. Tienen nombre y apellido. Controlan, deciden y matan. Lo que ocurre es que han aprendido a hacerlo con una sonrisa de aquí a allá y en nombre de los valores más altos de la civilización. ¡Pura hipocresía!
¿Cuál es el momento para revertir esa situación? No hay momento específico. Como te digo, la humanidad lo ha intentado siempre en distintos episodios. A veces en el terreno de las ideas. Ahí tenemos a Suárez, Victoria y Las Casas en el siglo XVI, prácticamente inventando el concepto de los derechos humanos (el derecho de gentes). A veces en el terreno de los hechos, como las rebeliones populares de tantos sitios en tantas épocas. Es todo un proceso continuado con flujos y reflujos. Se avanza, se ensaya, se fracasa, se retrocede. Algo queda y se intenta de nuevo.
¿Cómo estamos en este momento? A mi juicio es un buen momento. Me refiero al planeta en su conjunto. Pero siempre es un punto de vista. Saramago, por ejemplo, basta con leerlo, está muy pesimista. Humildemente, yo no lo estoy. Me parece que hay grandes oportunidades para avanzar.
En la medida en que se va democratizando tanto el conocimiento como los medios para transmitirlo (el internet, por ejemplo, es una maravilla), en esa medida la bondad se irá instalando en el corazón de la gente, la verdad prevalecerá y la belleza se extenderá. Pues a nadie le gusta sufrir y, como dice Alí Rodríguez, ningún pueblo se suicida.
Creo en el poder de las ideas que es el verdadero poder. Ellos tienen la fuerza, pero poco a poco la va a ir siendo cada vez más difícil utilizarla. Es cuchillo también para su garganta. Ahí los tienes empantanados en guerras inventadas para sostener su economía. Pero ¿Hasta cuándo durará ese artificio? No pueden abarcarlo todo, sin hacerse a sí mismos mucho daño. En algún momento y no será tan tarde, las contradicciones van a estallar de tal manera que no les será posible controlar el mundo. Chávez dice que este es el siglo donde se terminan los imperios. Estoy seguro de que así será.
En América Latina la cosa está muy interesante. El panorama generalizado de aquellas dictaduras sangrientas y democracias farsantes de hace unos años, ha dejado paso a los que vemos ahora: bastantes gobiernos progresistas, algunos revolucionarios, los pueblos tomando en sus manos el destino de sus países. Francamente, el panorama luce hoy alentador.
Se visibiliza lo que estaba oculto. Mucho del horror sale a la luz y nos espanta. Pero ese espanto y las reflexiones que provoca en nosotros sirven de base a la transformación de la conciencia. Ya no somos los mismos. En Venezuela eso es evidente. O mejor dicho, somos los mismos, seguimos siendo nosotros, pero con una mayor sabiduría política. Basta ver a la gente en sus expectativas e, incluso, basta verla también en sus críticas. El pueblo se ha politizado mucho (politizado en el sentido de que ha ido incorporando a su alma el concepto de ciudadanía). Y esa politización creo que lo cambia todo. Eso es bien bueno. El pueblo está intentando construir el cambio como protagonista del mismo.
¿Se ha sabido transmitir la necesidad de un cambio de paradigmas? , me preguntas. Respondo: la palabra revolución no está pintada en la pared como un adorno. Tiene su carga. Se sabe que es época de transformaciones y que no todo sale bien. Ensayo y error. Solo que los errores en los asuntos sociales cuando son muy graves hacen mucho daño. También se maneja mucho la palabra proceso. Y esa tampoco es neutra. Indica que no todo marcha en línea recta ni se consigue de la noche a la mañana. No. Yo creo que la gente entiende eso. Pero Chávez ha insistido en que no hay un manual, una fórmula predeterminada. Él dice no tenerla y llama a encontrarla entre todos. Sabemos de dónde partimos. Tenemos una idea de los aspectos esenciales que dibujan el paisaje al cual queremos llegar. Los que no tenemos claro es el camino. Algunos autores dicen que eso es un error, que hay que tener claro cómo hacer las cosas, que así como vamos se presta a la ineficacia. Otros pensamos que lo bueno es justamente eso, la ausencia de manuales, para sustituirlo por un ejercicio constante, público y abierto, de reflexión sobre lo que hacemos, en términos económicos, políticos, sociales y culturales. Un ejercicio permanente de todo el pueblo en revolución. Por supuesto, siempre y cuando se vaya concretando en estrategias y afinando las políticas. ¿Se ha sabido transmitir eso? No sé. ¿Quién es el que tiene que transmitirlo? ¿La vanguardia? Ella misma está en construcción. Este es un proceso muy original.
En cuanto a la burguesía, ni tú ni yo lo somos. La burguesía es la dueña del capital. ¿Pequeños burgueses? En la medida en que podamos tener un negocito, un comercio, algo así, podríamos en rigor llamarnos pequeños burgueses. Por extensión, podríamos llamarnos pequeños burgueses, si funcionásemos con la ideología de esa clase. Hay gente que dice que eso es inevitable, que nunca te puedes desprender de ello. No sé. Yo me siento un revolucionario. Y a ti te veo como un intelectual de izquierda. Podremos tener contradicciones en nuestra vida cotidiana, pero, ¿burgueses? No creo.
¡Ah! Que en los altos cargos de la cultura está la gente de lo que podríamos llamar capas intermedias de la sociedad. Si, es cierto. La mayoría de los escritores y muchos de los artistas provienen de allí. Pero no son ricos, propiamente dichos. La clase media está en el fiel de la balanza de la lucha de clases. ¿No te acuerdas de los dibujos de Quino? Son bien divertidos y agudos al respecto. De modo que a veces se va para la derecha y a veces, en el desarrollo de ciertas crisis, gira hacia la izquierda. Y así son sus intelectuales y sus gerentes de la cultura. En la cuarta república, en su mayoría, contribuían a sostener un concepto elitista de la gestión cultural y, por qué no decirlo, de la cultura. Ahora entendemos que no es así. Se supone que se gerencia para todo el pueblo. Se supone que los cargos están en función de unas políticas que las dicta el gobierno en su diálogo profundo con la sociedad, pues para eso fue elegido democráticamente.
La frase de Sanchez Ferlosio que tú citas (la cultura es un medio de control social) podríamos verla como una adaptación (aunque sea involuntaria, por supuesto) a un determinado asunto de otra frase de Lenin. Decía Lenin que el Estado es el instrumento de dominio de una clase sobre las otras. Y yo creo que mientras exista Estado, va a ser así. No puede existir una gestión cultural neutra. Siempre va a servirles a ciertas políticas y a ciertas visiones. Eso ocurre en España, en Francia, en la República Popular China, en Irán, en el Vaticano o en el principado de Mónaco. Nuestra gestión también. Como en el pasado sucedió con otros actores. ¿Acaso a quién crees que servía, por ejemplo, la institucionalidad cultural del Puntofijismo?
Entre nosotros, entonces, la discusión debiera estar en cómo se sirve a las políticas de la transformación y a los intereses del pueblo. ¿Con qué políticas? ¿Cerrando puertas o abriéndolas? ¿Cambiando de lugar las oscuridades o iluminándolo todo? Ahogando espacios o multiplicándolos? ¿Restringiendo voces o esparciéndolas? Algunos, que en el fondo creo que desprecian las inmensas capacidades de comprensión y de creación del pueblo, conciben sus políticas culturales con gran estrechez de miras y una actitud dirigista, paternalista, totalmente estúpida y sectaria, que yo en lo personal rechazo por reaccionaria. Otros pensamos que en la cultura nada funciona mejor que la más absoluta disposición a inventar mundos. Y, por supuesto, a dejar que se inventen.
Pero este es un tema para largo. Lo dejo hasta aquí.
jueves 26 de noviembre de 2009
QUINTA COLUMNA (28.11.09)
(Publicado hoy en El Correo del Orinoco)
Con vista a la derecha
QUINTA COLUMNA
El Presidente lo ha dicho muchas veces. Y nos ha alertado. La quinta columna existe.
Yo añado que lo peor es que existe vestida de izquierda.
Quienes en las instituciones actúan como adecos, politiquean como adecos, mienten como adecos, cabildean como adecos, se encompinchan como adecos, tejen sus redes como adecos, malversan como adecos, se benefician como adecos, pero hablan como bolivarianos revolucionarios, no son revolucionarios. Son adecos.
Minan la moral de los equipos. Y tanto más daño hacen, cuanto más radical sea su discurso.
Yo prefiero mil veces a un verdadero adeco o copeyano, si es que queda por allí alguno, o a alguien que se defina como apolítico, que haga su trabajo con seriedad, digamos que con un mínimo de profesionalismo y lealtad institucional, que a un seudo radical de alma retorcida que, más allá del palabrerío, no demuestra ni calidad ni eficacia.
Es terrible el mal que estos falsos bolivarianos mal nacidos están causando.
¿En qué escuela aprendieron de socialismo?
Lo único bueno es que los trabajadores los conocen. Las bases no se engañan. Los tienen retrataditos. Si queremos conocer a estos personajes, basta acercarse a hablar con la gente. El pueblo ha ido aprendiendo a dejar atrás la ingenuidad.
Farruco Sesto
Con vista a la derecha
QUINTA COLUMNA
El Presidente lo ha dicho muchas veces. Y nos ha alertado. La quinta columna existe.
Yo añado que lo peor es que existe vestida de izquierda.
Quienes en las instituciones actúan como adecos, politiquean como adecos, mienten como adecos, cabildean como adecos, se encompinchan como adecos, tejen sus redes como adecos, malversan como adecos, se benefician como adecos, pero hablan como bolivarianos revolucionarios, no son revolucionarios. Son adecos.
Minan la moral de los equipos. Y tanto más daño hacen, cuanto más radical sea su discurso.
Yo prefiero mil veces a un verdadero adeco o copeyano, si es que queda por allí alguno, o a alguien que se defina como apolítico, que haga su trabajo con seriedad, digamos que con un mínimo de profesionalismo y lealtad institucional, que a un seudo radical de alma retorcida que, más allá del palabrerío, no demuestra ni calidad ni eficacia.
Es terrible el mal que estos falsos bolivarianos mal nacidos están causando.
¿En qué escuela aprendieron de socialismo?
Lo único bueno es que los trabajadores los conocen. Las bases no se engañan. Los tienen retrataditos. Si queremos conocer a estos personajes, basta acercarse a hablar con la gente. El pueblo ha ido aprendiendo a dejar atrás la ingenuidad.
Farruco Sesto
miércoles 25 de noviembre de 2009
LA TERCERA PREGUNTA (25.11.09)
(Continuaciòn de la particular entrevista que me va haciendo dia a dia Rubén Wizostki, a través de internet)
Rubén: Jugaré a ser el Diablo: Asumamos tal como usted afirma, poeta ministro, y yo no estoy tan seguro de ello, que la Derecha es la falta de conciencia (¿y por casa cómo andamos? se pregunta hoy más de uno). ¿Cómo se transforma esa falta en abundancia? ¿La Izquierda sabe hacer eso o ya tiene bastantes problemas de contenido para encargarse de la conciencia de los demás? Y si quiere podemos entrar en materia, en nuestra materia: ¿La Cultura, y más concretamente las expresiones artísticas, realmente tiene algo que decir de peso, de envergadura, de trascendencia, en ese sentido? ¿Han dicho algo en la República Bolivariana de Venezuela? ¿La poesía, por ejemplo?
Farruco: ¡De modo que vas a jugar a hacer de diablo! No te olvides de lo que dijo el barón de Cuvier, según las leyes de la anatomía comparada: que el diablo es herbívoro, pues tiene cuernos y pezuñas. O sea que no come gente. Por mi parte que me echen todos los diablos que sea. Algunos son amigos míos. No todos: hay diablos malignos en verdad, peligrosísimos, como los que dejan olor a azufre en la ONU.
Lo que si me recuerdas en este caso es al capitán de un galeón corsario en una batalla naval. Te pones de flanco y de golpe disparas todos los cañones de estribor. Esta tercera pregunta es una verdadera andanada. Bueno, vamos allá.
Lo primero es recordarte que estamos en el reino de la subjetividad. Las leyes objetivas son únicamente las de la naturaleza. La velocidad de la luz, la del sonido y esas cosas. Todo lo que se refiera a los seres humanos y a sus relaciones entre sí está siempre filtrado por la subjetividad. Hay un punto de vista que lo tiñe todo. Por eso es tan difícil argumentar. Hay un límite en la conversación donde los argumentos no sirven. ¿Cómo convences tú a un racista de que el racismo es incorrecto? ¿O a un partidario de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas, de que eso no está bien? Allí los argumentos se estrellan contra un muro. Es el muro de la moral (o su debilidad o la falta de ella) de cada uno. Llega un momento en que lo que hay son posiciones. Para poner un ejemplo menos dramático, alguien está con el arte abstracto y alguien con el figurativo, como en la famosa polémica de los Otero. En momentos de tensión esas posiciones pueden devenir en irreconciliables. Otras veces la sangre no llega al río.
Todo esto es para explicarte que lo que yo te hice fue un resumen de mi punto de vista, un poco idealizado, es decir, pasado en limpio, de cómo veo yo a la izquierda y a la derecha.
Por cierto, que no las veo como posiciones antagónicas entre sí, cada una en un extremo.
A ver si logro explicarme.
Lo que veo como posiciones extremas son la derecha, ciertamente, en uno de los lados, y en el otro, la explosión incontrolada, el estallido del desespero o del resentimiento acumulado, el día de la furia donde la humanidad se sale de cauce.
La derecha conservando el mundo como es y la rabia social inundando el escenario. Esos, sí, son los dos extremos.
La izquierda, justamente, es el punto de equilibrio entre esos dos males opuestos. Es la explicación, es la humanización que le da una salida a los conflictos, es la virtud que se expresa entre dos vicios enfrentados. Así lo veo yo.
Por otra parte, quiero recordarte también que toda clasificación es un dibujo primario, un esquema, un recurso pedagógico que se hace a efectos de clarificar la situación y facilitar el entendimiento. Pero sabiendo siempre que la realidad es mucho más compleja y que se salta las clasificaciones, sobre todo tratándose de los temas humanos. Por ejemplo, te recuerdo que nuestro común maestro Alfredo Maneiro, en un momento determinado de la lucha política venezolana, aceptaba que lo clasificasen en la izquierda, siempre y cuando lo reconociesen como la única izquierda. Es decir, que el asunto tiene sus bemoles. No es sencillo.
Pero vamos al tema de la conciencia.
Volvamos a la imagen de la izquierda como equilibrio entre dos locuras opuestas. La derecha es una locura evidente, puesto que su defensa a ultranza de este mundo absurdo lo es. La rabia destructora desatada, es la otra locura opuesta. Allí no hay ideas.
Es la izquierda la que supera las contradicciones con argumentos, con explicaciones, con una visión humana de los asuntos de los hombres. Y ofrece una salida.
Por eso digo que la conciencia está en la izquierda. Conciencia que es producto del conocimiento puesto al servicio de la humanidad y no de ningún interés sectorial. Y en ese sentido, debemos suponer que quien se siente de izquierda es consciente.
Tú no estás tan seguro de que la derecha signifique falta de conciencia. Dices entre paréntesis: “¿Y por casa cómo andamos? se pregunta más de uno”.
Te aclaro que cuando hablo de falta de conciencia no me refiero a la burguesía y a sus servidores directos. Ellos sí saben lo que hacen. No es conciencia lo que les falta. Lo que les falta es humanismo. O, por decirlo de otra manera, lo que les falta es amor.
Me refiero a los cuatro millones de venezolanos y venezolanas que, sin aparentes razones de clase, votan a la derecha y se enfrentan a los cambios porque, en su desconocimiento, en la tibieza de sus prejuicios, les tienen miedo. Allí sí puedo decirte que lo que hay es falta de conciencia. No importa que eso ocurra entre tus amigos o entre los míos. Si están tocados por los medios empresariales de la oposición es que algo en su maquinita de razonar no está bien. O le falta insumos (conocimiento) o le falta un tornillo (disociación).
Ahora bien, ¿cómo se expande la conciencia en el colectivo, cómo se amplía su área de influencia? Esa es justamente la célebre batalla de las ideas. Y es, pienso yo, la tarea fundamental de una revolución: tocar el espíritu, difundir el conocimiento, nunca como una “verdad revelada” sino como un mundo por descubrir, poniendo a la gente a pensar. De eso se trata.
Y es, por supuesto, la responsabilidad más grande que tiene un organismo encargado de la gestión pública de la cultura. Ser, no tanto un difusor de ideas previas, sino un catalizador de procesos liberadores, un facilitador de la creación, que es, siempre y por definición, vista en su conjunto, revolucionaria.
Tú me preguntas, entonces, si las expresiones artísticas tienen realmente algo que decir de peso, de envergadura, de trascendencia, en ese sentido.
¡Ah, por supuesto! Pero no va a ser ni un ministro, ni un alto o mediano funcionario el que va a dar la instrucción de lo debe hacerse o decirse. Eso sería, Rubén, una aberración que no tiene nombre.
Es, repito, el conjunto del ámbito de la creación, el que no va a poder prescindir de su tiempo y de su lugar. Puede que un artista individualmente lo intente, se sitúe voluntariamente al margen, si es que es capaz de hacerlo, porque en verdad es bien difícil desconectarse de una época. Pero a donde quiera que volvamos la vista, la experiencia de la humanidad arroja como resultado que el arte y la literatura tienen una conexión con la realidad insoslayable. ¿De quién quieres que hablemos? ¿De Balzac, de San Juan de la Cruz, de Garcilaso de la Vega, de Dostoievski, de Ramos Sucre o de quién? ¿De Donatello, del anónimo autor de El Escriba Sentado, del artesano que trabajó en un retablo románico o del que esculpió una serpiente emplumada? ¿De Picasso, de Andy Warhol, de Jesús Soto o de Cesar Rengifo? ¿De De Sica, de Margót Benacerraf, de Charles Chaplin, de George Lucas o de Román Chalbaud? ¿De Beethoven o de Jhon Lennon? ¿De qué manera podrían o pudieron, aunque lo intentasen, eludir la realidad o situarse por encima o por debajo de ella? A mí me parece que es prácticamente imposible. Los artistas pertenecen a su tiempo y, sin importar lo que quieran, darán directa o indirectamente testimonio de ello. No pueden situarse al margen de las relaciones sociales. Son, culturalmente, un producto de ellas.
Entonces yo te aclaro que cualquier política “dirigista” desde el funcionariado, en cuanto a temas o puntos de vista, (ya sé que todavía no me preguntaste de eso con precisión, pero lo abordo de una vez) es, o sería, una tontería.
Es el propio proceso el que va a ir sugiriendo caminos, estoy seguro de ello. Nadie en particular lo va a decidir, sino el espíritu del colectivo que siente la necesidad de que ciertos temas se toquen o ciertas angustias o ilusiones se expresen y no faltará quien recoja esa necesidad y le dé respuesta con su obra.
En 2004 publiqué, en una edición especial de la presidencia del Conac, un maravilloso conjunto de poemas políticos de Jesús Enrique Guédez. Nadie se lo encargó. La especial sensibilidad de Gúedez actuó como caja de resonancia de los sentimientos del pueblo bolivariano, de acuerdo con su manera de ver el mundo.
Lo que te quiero decir es que no es una cuestión de instrucciones o de llamados. El arte aparece por su cuenta. El arte es libre. No hay arte que no lo sea. Incluso en los encargos de los mecenas. Acuérdate del caso de Diego Rivera y Rockefeller, o de Miguel Ángel y Julio II.
Nuestro tiempo produce su arte. Y producirá mucho más. Los conflictos estarán allí para el que sepa leer en profundidad. Los creadores de la derecha se expresan. Los creadores de izquierda se expresan. Los pueblos se expresan. Hay fuerzas que chocan entre sí. El mundo se mueve.
Rubén: Jugaré a ser el Diablo: Asumamos tal como usted afirma, poeta ministro, y yo no estoy tan seguro de ello, que la Derecha es la falta de conciencia (¿y por casa cómo andamos? se pregunta hoy más de uno). ¿Cómo se transforma esa falta en abundancia? ¿La Izquierda sabe hacer eso o ya tiene bastantes problemas de contenido para encargarse de la conciencia de los demás? Y si quiere podemos entrar en materia, en nuestra materia: ¿La Cultura, y más concretamente las expresiones artísticas, realmente tiene algo que decir de peso, de envergadura, de trascendencia, en ese sentido? ¿Han dicho algo en la República Bolivariana de Venezuela? ¿La poesía, por ejemplo?
Farruco: ¡De modo que vas a jugar a hacer de diablo! No te olvides de lo que dijo el barón de Cuvier, según las leyes de la anatomía comparada: que el diablo es herbívoro, pues tiene cuernos y pezuñas. O sea que no come gente. Por mi parte que me echen todos los diablos que sea. Algunos son amigos míos. No todos: hay diablos malignos en verdad, peligrosísimos, como los que dejan olor a azufre en la ONU.
Lo que si me recuerdas en este caso es al capitán de un galeón corsario en una batalla naval. Te pones de flanco y de golpe disparas todos los cañones de estribor. Esta tercera pregunta es una verdadera andanada. Bueno, vamos allá.
Lo primero es recordarte que estamos en el reino de la subjetividad. Las leyes objetivas son únicamente las de la naturaleza. La velocidad de la luz, la del sonido y esas cosas. Todo lo que se refiera a los seres humanos y a sus relaciones entre sí está siempre filtrado por la subjetividad. Hay un punto de vista que lo tiñe todo. Por eso es tan difícil argumentar. Hay un límite en la conversación donde los argumentos no sirven. ¿Cómo convences tú a un racista de que el racismo es incorrecto? ¿O a un partidario de la enseñanza religiosa obligatoria en las escuelas, de que eso no está bien? Allí los argumentos se estrellan contra un muro. Es el muro de la moral (o su debilidad o la falta de ella) de cada uno. Llega un momento en que lo que hay son posiciones. Para poner un ejemplo menos dramático, alguien está con el arte abstracto y alguien con el figurativo, como en la famosa polémica de los Otero. En momentos de tensión esas posiciones pueden devenir en irreconciliables. Otras veces la sangre no llega al río.
Todo esto es para explicarte que lo que yo te hice fue un resumen de mi punto de vista, un poco idealizado, es decir, pasado en limpio, de cómo veo yo a la izquierda y a la derecha.
Por cierto, que no las veo como posiciones antagónicas entre sí, cada una en un extremo.
A ver si logro explicarme.
Lo que veo como posiciones extremas son la derecha, ciertamente, en uno de los lados, y en el otro, la explosión incontrolada, el estallido del desespero o del resentimiento acumulado, el día de la furia donde la humanidad se sale de cauce.
La derecha conservando el mundo como es y la rabia social inundando el escenario. Esos, sí, son los dos extremos.
La izquierda, justamente, es el punto de equilibrio entre esos dos males opuestos. Es la explicación, es la humanización que le da una salida a los conflictos, es la virtud que se expresa entre dos vicios enfrentados. Así lo veo yo.
Por otra parte, quiero recordarte también que toda clasificación es un dibujo primario, un esquema, un recurso pedagógico que se hace a efectos de clarificar la situación y facilitar el entendimiento. Pero sabiendo siempre que la realidad es mucho más compleja y que se salta las clasificaciones, sobre todo tratándose de los temas humanos. Por ejemplo, te recuerdo que nuestro común maestro Alfredo Maneiro, en un momento determinado de la lucha política venezolana, aceptaba que lo clasificasen en la izquierda, siempre y cuando lo reconociesen como la única izquierda. Es decir, que el asunto tiene sus bemoles. No es sencillo.
Pero vamos al tema de la conciencia.
Volvamos a la imagen de la izquierda como equilibrio entre dos locuras opuestas. La derecha es una locura evidente, puesto que su defensa a ultranza de este mundo absurdo lo es. La rabia destructora desatada, es la otra locura opuesta. Allí no hay ideas.
Es la izquierda la que supera las contradicciones con argumentos, con explicaciones, con una visión humana de los asuntos de los hombres. Y ofrece una salida.
Por eso digo que la conciencia está en la izquierda. Conciencia que es producto del conocimiento puesto al servicio de la humanidad y no de ningún interés sectorial. Y en ese sentido, debemos suponer que quien se siente de izquierda es consciente.
Tú no estás tan seguro de que la derecha signifique falta de conciencia. Dices entre paréntesis: “¿Y por casa cómo andamos? se pregunta más de uno”.
Te aclaro que cuando hablo de falta de conciencia no me refiero a la burguesía y a sus servidores directos. Ellos sí saben lo que hacen. No es conciencia lo que les falta. Lo que les falta es humanismo. O, por decirlo de otra manera, lo que les falta es amor.
Me refiero a los cuatro millones de venezolanos y venezolanas que, sin aparentes razones de clase, votan a la derecha y se enfrentan a los cambios porque, en su desconocimiento, en la tibieza de sus prejuicios, les tienen miedo. Allí sí puedo decirte que lo que hay es falta de conciencia. No importa que eso ocurra entre tus amigos o entre los míos. Si están tocados por los medios empresariales de la oposición es que algo en su maquinita de razonar no está bien. O le falta insumos (conocimiento) o le falta un tornillo (disociación).
Ahora bien, ¿cómo se expande la conciencia en el colectivo, cómo se amplía su área de influencia? Esa es justamente la célebre batalla de las ideas. Y es, pienso yo, la tarea fundamental de una revolución: tocar el espíritu, difundir el conocimiento, nunca como una “verdad revelada” sino como un mundo por descubrir, poniendo a la gente a pensar. De eso se trata.
Y es, por supuesto, la responsabilidad más grande que tiene un organismo encargado de la gestión pública de la cultura. Ser, no tanto un difusor de ideas previas, sino un catalizador de procesos liberadores, un facilitador de la creación, que es, siempre y por definición, vista en su conjunto, revolucionaria.
Tú me preguntas, entonces, si las expresiones artísticas tienen realmente algo que decir de peso, de envergadura, de trascendencia, en ese sentido.
¡Ah, por supuesto! Pero no va a ser ni un ministro, ni un alto o mediano funcionario el que va a dar la instrucción de lo debe hacerse o decirse. Eso sería, Rubén, una aberración que no tiene nombre.
Es, repito, el conjunto del ámbito de la creación, el que no va a poder prescindir de su tiempo y de su lugar. Puede que un artista individualmente lo intente, se sitúe voluntariamente al margen, si es que es capaz de hacerlo, porque en verdad es bien difícil desconectarse de una época. Pero a donde quiera que volvamos la vista, la experiencia de la humanidad arroja como resultado que el arte y la literatura tienen una conexión con la realidad insoslayable. ¿De quién quieres que hablemos? ¿De Balzac, de San Juan de la Cruz, de Garcilaso de la Vega, de Dostoievski, de Ramos Sucre o de quién? ¿De Donatello, del anónimo autor de El Escriba Sentado, del artesano que trabajó en un retablo románico o del que esculpió una serpiente emplumada? ¿De Picasso, de Andy Warhol, de Jesús Soto o de Cesar Rengifo? ¿De De Sica, de Margót Benacerraf, de Charles Chaplin, de George Lucas o de Román Chalbaud? ¿De Beethoven o de Jhon Lennon? ¿De qué manera podrían o pudieron, aunque lo intentasen, eludir la realidad o situarse por encima o por debajo de ella? A mí me parece que es prácticamente imposible. Los artistas pertenecen a su tiempo y, sin importar lo que quieran, darán directa o indirectamente testimonio de ello. No pueden situarse al margen de las relaciones sociales. Son, culturalmente, un producto de ellas.
Entonces yo te aclaro que cualquier política “dirigista” desde el funcionariado, en cuanto a temas o puntos de vista, (ya sé que todavía no me preguntaste de eso con precisión, pero lo abordo de una vez) es, o sería, una tontería.
Es el propio proceso el que va a ir sugiriendo caminos, estoy seguro de ello. Nadie en particular lo va a decidir, sino el espíritu del colectivo que siente la necesidad de que ciertos temas se toquen o ciertas angustias o ilusiones se expresen y no faltará quien recoja esa necesidad y le dé respuesta con su obra.
En 2004 publiqué, en una edición especial de la presidencia del Conac, un maravilloso conjunto de poemas políticos de Jesús Enrique Guédez. Nadie se lo encargó. La especial sensibilidad de Gúedez actuó como caja de resonancia de los sentimientos del pueblo bolivariano, de acuerdo con su manera de ver el mundo.
Lo que te quiero decir es que no es una cuestión de instrucciones o de llamados. El arte aparece por su cuenta. El arte es libre. No hay arte que no lo sea. Incluso en los encargos de los mecenas. Acuérdate del caso de Diego Rivera y Rockefeller, o de Miguel Ángel y Julio II.
Nuestro tiempo produce su arte. Y producirá mucho más. Los conflictos estarán allí para el que sepa leer en profundidad. Los creadores de la derecha se expresan. Los creadores de izquierda se expresan. Los pueblos se expresan. Hay fuerzas que chocan entre sí. El mundo se mueve.
martes 24 de noviembre de 2009
RUBEN, FARRUCO, ¿qué es ser de derecha? (24.11.09)
Rubén: Para ser darle un sentido lógico a este diálogo de teclados que hemos emprendido, me veo obligado a preguntarle qué es ser de Derecha y qué es ser de Derecha hoy. Y agrego una más, sin ánimo de empastelar la cosa: ¿La Derecha no tiene nada de Izquierda? ¿Y la Izquierda no tiene nada de Derecha? ¿No hay siquiera un punto donde se encuentran, se ven, se tocan, y hasta se acarician? ¿Son vías paralelas sin un mísero cruce de intereses?
Farruco: Antes de nada déjame añadir algo que se quedó por fuera en la pregunta anterior. ¿Qué es ser de izquierda hoy, en Venezuela? Te lo digo rápido para dejarlo claro: ser de izquierda hoy aquí significa tomar partido por la revolución bolivariana y aceptar el liderazgo de Chávez. No me imagino otra posibilidad. Así de sencillo.
Ahora pasemos a tu nueva pregunta: ¿Qué es ser de derecha hoy?
Supongo que para definir la derecha se podría tomar la imagen de la izquierda con todas sus características y ponerla en negativo o patas arriba. Eso nos tendría que dar la idea de un prototipo ideal de la derecha. Pero la cosa no es tan fácil.
Porque en la izquierda hay obligatoriamente un estado de conciencia. Quiero decir que la conciencia activa es la base de una posición de izquierda. En la derecha no sucede de esa forma.
La derecha es la falta de conciencia.
Tengo que pensar e esa manera, porque si no fuera así tendríamos que estar hablando de monstruos con una conciencia encaminada al horror. Prefiero pensar que hay allí un vacío.
Te confieso, Rubén, que a mí me cuesta entender que alguien común y corriente, como uno, sea de derecha. No me lo explico bien.
En días pasados yo decía en una nota para El Correo del Orinoco que las ideas son de izquierda, que lo que tiene la derecha son intereses.
Explícame tú, que eres una persona lúcida y culta, como pudiéramos llamar ideas al racismo, a la opresión, a la insolidaridad, a la visión aceptada de una sociedad en competencia cruel, a la defensa de los privilegios de sangre, a la soberbia cultural, al desprecio social, a la hipocresía de los medios, a la mentira pública como norma, a los planteamientos hegemónicos, a los complejos de superioridad, al belicismo, a la ley del más fuerte, a la promoción del consumismo desatado, a la intolerancia, a la indiferencia ante la naturaleza… y así.
Yo me explico esas posiciones, únicamente cuando están basadas en el egoísmo de quienes gozan de una vida mejor, producto de un sistema injusto. Entiendo, porque conocemos las fragilidades del ser humano, que defiendan esa vida mejor a como dé lugar. Es decir, que la burguesía proteja sus intereses de clase, puedo comprenderlo. También puedo comprender que adopten perspectivas de derecha todos aquellos que construyen su existencia, es decir, su modo de vida, sobre la base de servir a la burguesía (la dueña de los reales) en la gerencia privada, en el ejercicio del derecho o de la política, en el manejo de la fuerza pública, en la comunicación, en darle soporte moral (que es el papel de una determinada iglesia), en darle soporte ideológico (que es el papel de una determinada intelectualidad), en formar sus cuadros (que es el papel de una cierta academia) etc., todo eso me parece que está dentro de la lógica de las cosas. Defienden sus intereses.
Pero no son tantos, no debieran ser tantos ¿verdad?
En rigor deberían estar en minoría, ¿No es cierto? Eso me conecta con la famosa frase de Fidel castro dirigiéndose a Chávez: en Venezuela no hay cuatro millones de oligarcas.
Es evidente que no.
Entonces, ¿de dónde salen los votos de la derecha, las ubicaciones de derecha, el antichavismo que en muchas personas es visceral, enfermizo?
La única respuesta posible es que son resultado de la falta de conciencia. No de las ideas. No de un entendimiento argumentado. Sino del odio que es producto de los prejuicios, los cuales a su vez lo son de la ignorancia.
Ignorancia, con su poquito de egoísmo que es lo que le sirve de motor conservador. Creen que el mundo que la izquierda propugna les puede perjudicar.
Me dirás tu, Rubén, ¿Cómo puedes llamar ignorantes a tantos profesionales, por ejemplo, que constituyen una parte de la llamada clase media?
Pues te lo digo: son unos ignorantes. En sus miedos, no entienden nada. Cultivan en sí mismos y en sus familias una visión del mundo que toman de esas cajitas de la fantasía que son los medios de comunicación. No entienden. Y cumplen con el viejo adagio: se odia a lo que no se comprende.
Entonces te lo resumiría así: una persona es de derecha, o bien porque tiene intereses contradictorios con los de la mayoría, o bien porque no entiende nada de lo que pasa y eso la coloca en una posición defensiva, conservadora.
Tú me preguntas si la izquierda y la derecha no tienen cada una algo de la otra, si no se tocan y hasta se acarician.
Pienso que esto se relaciona con lo que te digo. A mi juicio en el corazón de la mayoría de las personas, hay un aliento de izquierda, aunque esté sometido, encadenado, guardado con llave. Los sueños de la izquierda, los valores que ella promueve, son los sueños y valores de la humanidad. Y ese es el territorio donde, aunque no solemos encontramos sino en épocas de grandes crisis, podríamos nosotros hacer un mayor esfuerzo para que el pueblo derechista fuera perdiendo sus miedos y acercándose.
Esa representación de la humanidad es lo que hace que la gente de izquierda sea mucho más libre. Le es más fácil manejar sus contradicciones, porque le da preferencia al lado del espíritu y se enfrenta con más fuerza a las decepciones de la cotidianidad. A la gente de derecha, el manejo de las contradicciones no le resulta tan sencillo porque, en el fondo, carece de argumentos. Por eso es que la derecha desarrolla esa virulencia en sus odios y desprecios. En el mejor de los casos, dice: esas ideas estarían bien, pero no son factibles. Dice: no hay que ser ingenuo, el mundo siempre será injusto, siempre habrá ricos y pobres. Se aferra a conceptos tales como el de que la lucha por la utopía es peligrosa.
Así es la derecha.
Completo la respuesta, situándonos aquí y ahora: ser de derecha en Venezuela en estos momentos, es oponerse al proceso bolivariano y odiar a Chávez como líder de la revolución.
Farruco: Antes de nada déjame añadir algo que se quedó por fuera en la pregunta anterior. ¿Qué es ser de izquierda hoy, en Venezuela? Te lo digo rápido para dejarlo claro: ser de izquierda hoy aquí significa tomar partido por la revolución bolivariana y aceptar el liderazgo de Chávez. No me imagino otra posibilidad. Así de sencillo.
Ahora pasemos a tu nueva pregunta: ¿Qué es ser de derecha hoy?
Supongo que para definir la derecha se podría tomar la imagen de la izquierda con todas sus características y ponerla en negativo o patas arriba. Eso nos tendría que dar la idea de un prototipo ideal de la derecha. Pero la cosa no es tan fácil.
Porque en la izquierda hay obligatoriamente un estado de conciencia. Quiero decir que la conciencia activa es la base de una posición de izquierda. En la derecha no sucede de esa forma.
La derecha es la falta de conciencia.
Tengo que pensar e esa manera, porque si no fuera así tendríamos que estar hablando de monstruos con una conciencia encaminada al horror. Prefiero pensar que hay allí un vacío.
Te confieso, Rubén, que a mí me cuesta entender que alguien común y corriente, como uno, sea de derecha. No me lo explico bien.
En días pasados yo decía en una nota para El Correo del Orinoco que las ideas son de izquierda, que lo que tiene la derecha son intereses.
Explícame tú, que eres una persona lúcida y culta, como pudiéramos llamar ideas al racismo, a la opresión, a la insolidaridad, a la visión aceptada de una sociedad en competencia cruel, a la defensa de los privilegios de sangre, a la soberbia cultural, al desprecio social, a la hipocresía de los medios, a la mentira pública como norma, a los planteamientos hegemónicos, a los complejos de superioridad, al belicismo, a la ley del más fuerte, a la promoción del consumismo desatado, a la intolerancia, a la indiferencia ante la naturaleza… y así.
Yo me explico esas posiciones, únicamente cuando están basadas en el egoísmo de quienes gozan de una vida mejor, producto de un sistema injusto. Entiendo, porque conocemos las fragilidades del ser humano, que defiendan esa vida mejor a como dé lugar. Es decir, que la burguesía proteja sus intereses de clase, puedo comprenderlo. También puedo comprender que adopten perspectivas de derecha todos aquellos que construyen su existencia, es decir, su modo de vida, sobre la base de servir a la burguesía (la dueña de los reales) en la gerencia privada, en el ejercicio del derecho o de la política, en el manejo de la fuerza pública, en la comunicación, en darle soporte moral (que es el papel de una determinada iglesia), en darle soporte ideológico (que es el papel de una determinada intelectualidad), en formar sus cuadros (que es el papel de una cierta academia) etc., todo eso me parece que está dentro de la lógica de las cosas. Defienden sus intereses.
Pero no son tantos, no debieran ser tantos ¿verdad?
En rigor deberían estar en minoría, ¿No es cierto? Eso me conecta con la famosa frase de Fidel castro dirigiéndose a Chávez: en Venezuela no hay cuatro millones de oligarcas.
Es evidente que no.
Entonces, ¿de dónde salen los votos de la derecha, las ubicaciones de derecha, el antichavismo que en muchas personas es visceral, enfermizo?
La única respuesta posible es que son resultado de la falta de conciencia. No de las ideas. No de un entendimiento argumentado. Sino del odio que es producto de los prejuicios, los cuales a su vez lo son de la ignorancia.
Ignorancia, con su poquito de egoísmo que es lo que le sirve de motor conservador. Creen que el mundo que la izquierda propugna les puede perjudicar.
Me dirás tu, Rubén, ¿Cómo puedes llamar ignorantes a tantos profesionales, por ejemplo, que constituyen una parte de la llamada clase media?
Pues te lo digo: son unos ignorantes. En sus miedos, no entienden nada. Cultivan en sí mismos y en sus familias una visión del mundo que toman de esas cajitas de la fantasía que son los medios de comunicación. No entienden. Y cumplen con el viejo adagio: se odia a lo que no se comprende.
Entonces te lo resumiría así: una persona es de derecha, o bien porque tiene intereses contradictorios con los de la mayoría, o bien porque no entiende nada de lo que pasa y eso la coloca en una posición defensiva, conservadora.
Tú me preguntas si la izquierda y la derecha no tienen cada una algo de la otra, si no se tocan y hasta se acarician.
Pienso que esto se relaciona con lo que te digo. A mi juicio en el corazón de la mayoría de las personas, hay un aliento de izquierda, aunque esté sometido, encadenado, guardado con llave. Los sueños de la izquierda, los valores que ella promueve, son los sueños y valores de la humanidad. Y ese es el territorio donde, aunque no solemos encontramos sino en épocas de grandes crisis, podríamos nosotros hacer un mayor esfuerzo para que el pueblo derechista fuera perdiendo sus miedos y acercándose.
Esa representación de la humanidad es lo que hace que la gente de izquierda sea mucho más libre. Le es más fácil manejar sus contradicciones, porque le da preferencia al lado del espíritu y se enfrenta con más fuerza a las decepciones de la cotidianidad. A la gente de derecha, el manejo de las contradicciones no le resulta tan sencillo porque, en el fondo, carece de argumentos. Por eso es que la derecha desarrolla esa virulencia en sus odios y desprecios. En el mejor de los casos, dice: esas ideas estarían bien, pero no son factibles. Dice: no hay que ser ingenuo, el mundo siempre será injusto, siempre habrá ricos y pobres. Se aferra a conceptos tales como el de que la lucha por la utopía es peligrosa.
Así es la derecha.
Completo la respuesta, situándonos aquí y ahora: ser de derecha en Venezuela en estos momentos, es oponerse al proceso bolivariano y odiar a Chávez como líder de la revolución.
lunes 23 de noviembre de 2009
DIBUJANDO (3.11.09)



DIBUJANDO
Toda mi vida he dibujado en cualquier circunstancia. Me basta un trozo de papel, una servilleta, una página de un libro, lo que sea y una pluma o un marcador. Cuando comienzo nunca sé lo que voy a hacer.
Siempre son dibujos rápidos, sin elaboración, a lo que salgan. Generalmente trazos de línea negra muy libres.
Ahora que tengo más tiempo ante la computadora, en la tarea de escribir un texto cualquiera, un documento, la columna para el periódico o un poema, de vez en cuando me doy un descanso de un par de minutos.
Porque escribir, al menos para mi, es bastante agotador por lo exigente. La intensa búsqueda amorosa de precisar una idea, concretar una imagen o dar con la palabra que se escabulle, causa una gran fatiga.
Así que, por momentos, para que la mente se distraiga, abro un programita de dibujo y hago unos trazos. La ventaja de la computadora es que aporta el color.
Casi siempre borro después los dibujos resultantes. Algunos, muy pocos, los guardo. Como estos tres que hoy quiero regalarles a ustedes. Son suyos.
domingo 22 de noviembre de 2009
CHAVEZ Y ALFREDO (22.11.09)
Ayer se inició el primer congreso extraordinario del PSUV. Habló Chávez y estuvo brillante.
Analítico, pedagógico, certero, emotivo.
Habló mucho de Alfredo. Se refirió a alguno de sus escritos.
Se conocieron en los setenta, como Chávez ha recordado.
Yo supe de esos contactos con algún joven oficial pero, por supuesto, no conocía su nombre. Era que Alfredo estaba intentando construirle a su proyecto la parte militar. Se lo imaginaba como una mesa y esa era una pata, según él, imprescindible.
Chávez y Alfredo. Ayer las dos figuras estuvieron muy presentes. Dos líderes, dos genios, dos revolucionarios.
Alfredo murió antes de tiempo, en uno de esos injustos actos del destino.
Con frecuencia me hago esa pregunta íntima: ¿De qué manera Alfredo Maneiro estaría incorporado al proceso?
Pero es una pregunta inútil. Me digo a mí mismo: ya lo está.
Siempre a nuestro lado.
Analítico, pedagógico, certero, emotivo.
Habló mucho de Alfredo. Se refirió a alguno de sus escritos.
Se conocieron en los setenta, como Chávez ha recordado.
Yo supe de esos contactos con algún joven oficial pero, por supuesto, no conocía su nombre. Era que Alfredo estaba intentando construirle a su proyecto la parte militar. Se lo imaginaba como una mesa y esa era una pata, según él, imprescindible.
Chávez y Alfredo. Ayer las dos figuras estuvieron muy presentes. Dos líderes, dos genios, dos revolucionarios.
Alfredo murió antes de tiempo, en uno de esos injustos actos del destino.
Con frecuencia me hago esa pregunta íntima: ¿De qué manera Alfredo Maneiro estaría incorporado al proceso?
Pero es una pregunta inútil. Me digo a mí mismo: ya lo está.
Siempre a nuestro lado.
sábado 21 de noviembre de 2009
RUBÉN WITZOSKI, FARRUCO SESTO Y ¿QUÉ ES SER DE IZQUIERDA? (21.11.09)
Rubén Witzoski me propuso que hiciéramos una segunda parte de aquella entrevista titulada EL PUEBLO ES LA CULTURA y que fue publicada hace dos o tres años por El Perro y la Rana.
Me quedé pensando si era conveniente y, poco después, acepté la propuesta.
Por mi parte le sugerí que la desarrolláramos en forma de cuestionario para ser respondido por escrito.
Ahora, tal como han ido las cosas, me da la sensación de que estamos ensayando un nueva manera de hacer una entrevista, que al menos para mi es desconocida. Consiste en aprovechar las facilidades que da el sistema de correos de Internet para mantener un diálogo muy particular.
El asunto va a ser así.
Rubén me lanza una pregunta y yo la respondo lo antes posible. El la lee, y en base a su lectura me repregunta por algún aspecto de la respuesta, algo que quiere que se afine, o me hace una pregunta nueva. Yo le respondo y así vamos, pregunta a pregunta, respuesta a respuesta, hasta que uno de los dos se canse o entendamos que tenemos que ponerle fin.
En este momento no sabemos si va a dar para un Cuaderno de la Comuna o para un libro. No sabemos si van a ser sesenta páginas, doscientas o quinientas. El tiempo, la valoración de lo que vaya resultando y la medida de nuestro entusiasmo lo dirán.
La verdad es que me parece interesante, divertido (todo lo que uno hace debe serlo) y, lo más importante, útil.
Le propongo por este medio a Rubén que permita que este blog confarruco.blogspot.com vaya recogiendo ese diálogo, aunque sea en bruto, con las preguntas y respuestas como borradores. Cuando vayamos a imprimirlo en papel ya lo corregiremos como es debido. ¿De acuerdo, querido amigo?
Ayer me llegó su correo. Paso a responder su primera pregunta.
Rubén: ¿qué es ser de izquierda hoy?
Farruco: La pregunta explícita (¿qué es ser de izquierda hoy?) tiene una pregunta implícita y anterior: ¿qué es ser de izquierda?
Voy a intentar contestar las dos, aclarando que lo haré desde la más absoluta subjetividad.
¿Qué es ser de izquierda?
Aunque lo definido no debe entrar en la definición (yo aprendí eso en clase de filosofía en bachillerato), en este caso voy a permitirme saltar esa regla.
Así diría que ser de izquierda es sentirse de izquierda y, en ese sentido, reconocer que uno se encuentra permanentemente incómodo en un mundo donde la injusticia estructural es aceptada como algo normal o, en todo caso, inevitable.
Precisemos.
¿A que llamo mundo? A la sociedad del tiempo dónde a uno le toca vivir.
¿A que llamo injusticia? A cualquier acto que violente la dignidad esencial de un ser humano.
¿A que llamo injusticia estructural? A la injusticia que no es un hecho aislado, sino que tiene que ver con la manera en que el mundo (la sociedad) está constituido.
¿A que llamo aceptación como algo normal o inevitable? Al encogimiento de hombros, desvío de la mirada, o desconexión del pensamiento, ante la injusticia.
Eres de izquierda, entonces, repito para que quede claro, cuando no te reconoces como indiferente ante aquella desdicha humana que depende de la organización social y, en ese reconocimiento, tratas de localizar y entender sus causas para enfrentarlas en la medida de lo posible.
Estas últimas seis palabras, “en la medida de lo posible”, nos dan la clave para revelar el grado de intensidad que puede haber en ese “ser de izquierda”.
En ese sentido el abanico de intensidades es muy grande. Va desde el compromiso vital y protagónico con la acción de cambio, hasta el más ligero acompañamiento o simpatía por esa acción. Como en una degradación de colores donde, sin embargo, el color se identifica.
Todo cuenta. Todo contribuye. Más allá de las polémicas y las confrontaciones que suelen darse en la vida política de los pueblos entre los sectores organizados y no organizados de la izquierda (y ello es válido y natural y conveniente), no conviene perder la perspectiva de que existe un territorio común donde la coincidencia es fundamental.
Cuando un proceso de cambio adquiere la fuerza que tiene, por ejemplo, la revolución bolivariana, es importantísimo que el liderazgo del proceso despliegue su sabiduría para lograr articular todas las fuerzas e intensidades de izquierda, de colectivos o de personas, en un gran esfuerzo común.
Eso, por supuesto, no excluye el debate sino todo lo contrario. Porque, entre otras cosas, ser de izquierda conlleva en su naturaleza un apego al debate, un apego a la construcción colectiva de la verdad, un gran respeto por los demás.
De ese gran respeto, convertido en amor fraternal, convertido en ternura, se origina todo.
Pasemos a la segunda parte. ¿Qué es ser de izquierda hoy?
Quiero hacer un dibujo muy general, como una silueta, porque la realidad es tan compleja y tiene tantas facetas, que sería muy difícil elaborar el retrato exacto de una persona de izquierda en nuestra época
Pero me atrevería a decir lo siguiente.
Una persona de izquierda es democrática, antiimperialista, anticapitalista, se opone al irrespeto a la naturaleza, es un defensor de la diversidad cultural, suscribe la vigencia universal de los derechos humanos, considera injustas las estratificaciones de la sociedad, maldice la guerra, está peleado con los grandes medios de comunicación, rechaza toda forma de opresión, cultiva el pensamiento crítico y echa su suerte con los pobres de la tierra.
Me explico.
Una persona de izquierda hoy es democrática de verdad. Es decir, es partidaria del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero no se contenta con la formalidad hipócrita. Busca que la democracia se concrete en los hechos. Cree en la necesidad de llevar el espíritu democrático hasta sus últimas consecuencias. ¡No sé pregunta cuáles son los límites de la democracia! Para una persona de izquierda la democracia no tiene límites. Practica el igualitarismo como norma de vida y desconfía de las estructuras donde el poder (sea éste a nivel local o a nivel planetario) es manipulado por grupos de interés.
Una persona de izquierda hoy es antimperialista. No puede ser de otra manera. No concibe un mundo donde todavía existan supremacías. Rechaza la propia idea de que el tamaño o el poder de alguna nación se usen para someter el resto del mundo a sus intereses. No acepta las interferencias hegemónicas en la vida de los pueblos.
Una persona de izquierda hoy es anticapitalista. Y sabe bien por qué. Porque reconoce la injusticia estructural del capitalismo y entiende que es un modelo inviable para el conjunto de la humanidad. Ni siquiera lo acepta como mal menor. No cree en la tesis del mal menor. Y en consecuencia está atenta a las posibilidades de crear modelos superiores, más humanos. Mantiene el optimismo esencial de la consigna: un mundo mejor es posible. Retoma, entonces, el proyecto socialista.
Una persona de izquierda hoy se opone al irrespeto a la naturaleza. Seguramente por motivos filosóficos. También por razones, o intuiciones, científicas. Tiene claro que ese irrespeto afecta a toda la especie humana y a otras especies. Y sabe también que a quien perjudica más directamente y en términos más inmediatos es a las sociedades más pobres e indefensas.
Una persona de izquierda hoy es un defensor de la diversidad cultural. Valora el patrimonio material y espiritual de los pueblos. Lo considera riqueza común de la humanidad. Se preocupa cuando ve que una cultura se impone sobre las demás hasta acorralarlas o hacerlas desaparecer. Rechaza la constitución del pensamiento único y de una privilegiada manera de ser social. Y aunque reconoce la importancia de constituir una cultura humana común, entiende que debe hacerse por aporte de todas las culturas y no por la imposición forzada y cruel de unas sobre otras.
Una persona de izquierda hoy suscribe la vigencia universal de los derechos humanos. Porque es fundamentalmente humanista. Valora la dignidad de todos y cada uno de los individuos, de los colectivos y de las sociedades. No acepta que esos derechos sean violados directa o indirectamente, ni por acción ni por omisión. Casos como los de la tortura practicada sistemáticamente por algunos países poderosos le parecen completamente aberrantes.
Una persona de izquierda hoy considera injustas las estratificaciones de la sociedad en clases o castas diferenciadoras, discriminadoras. En consecuencia, visualiza como sociedad posible y necesaria la sociedad de los iguales. Lucha por ello.
Una persona de izquierda hoy maldice la guerra como uno de los grandes males con los que los países dominantes castigan a los pueblos. Ven con verdadero horror la influencia de los complejos industriales-militares en los gobiernos de los grandes países. Rechaza la existencia de bases militares de un país en otro cualquiera. Es partidaria de los desarmes concertados en igualdad de condiciones y no por imposición. Cree en el diálogo como forma de resolución de los conflictos.
Una persona de izquierda hoy tiene cazada una pelea con los grandes medios de comunicación a los que considera instrumentos de los “dueños” del mundo. Cree en la libertad de expresión pero no se traga mucho el cuento que manejan los empresarios de la comunicación. Sabe diferenciar una cosa de la otra. Es por lo tanto partidario de una profunda democratización de los medios.
Una persona de izquierda hoy rechaza de toda forma de opresión. Esto es: de una clase social sobre otras, de un país sobre otros, de una lengua sobre otras, de una raza sobre otras, de una cultura sobre otras, de un género sobre el otro, de una creencia o religión sobre otras.
Una persona de izquierda hoy cultiva el pensamiento crítico, se arma para la batalla de las ideas, se afilia, a su manera, a la filosofía de la transformación del mundo para hacerlo menos injusto, menos cruel y más amoroso para todos los seres humanos, no sólo de este tiempo sino de los tiempos que han de venir.
Una persona de izquierda hoy echa su suerte con los pobres de la tierra, haciendo suyos los versos de José Martí, para lograr derrotar para siempre la miseria, el hambre, las calamidades, los sufrimientos que se derivan de las necesidades materiales no cubiertas y de las necesidades espirituales no satisfechas.
Así lo veo yo. Y cualquiera que coincida en estas posiciones, puede considerarme un compañero de militancia.
Me quedé pensando si era conveniente y, poco después, acepté la propuesta.
Por mi parte le sugerí que la desarrolláramos en forma de cuestionario para ser respondido por escrito.
Ahora, tal como han ido las cosas, me da la sensación de que estamos ensayando un nueva manera de hacer una entrevista, que al menos para mi es desconocida. Consiste en aprovechar las facilidades que da el sistema de correos de Internet para mantener un diálogo muy particular.
El asunto va a ser así.
Rubén me lanza una pregunta y yo la respondo lo antes posible. El la lee, y en base a su lectura me repregunta por algún aspecto de la respuesta, algo que quiere que se afine, o me hace una pregunta nueva. Yo le respondo y así vamos, pregunta a pregunta, respuesta a respuesta, hasta que uno de los dos se canse o entendamos que tenemos que ponerle fin.
En este momento no sabemos si va a dar para un Cuaderno de la Comuna o para un libro. No sabemos si van a ser sesenta páginas, doscientas o quinientas. El tiempo, la valoración de lo que vaya resultando y la medida de nuestro entusiasmo lo dirán.
La verdad es que me parece interesante, divertido (todo lo que uno hace debe serlo) y, lo más importante, útil.
Le propongo por este medio a Rubén que permita que este blog confarruco.blogspot.com vaya recogiendo ese diálogo, aunque sea en bruto, con las preguntas y respuestas como borradores. Cuando vayamos a imprimirlo en papel ya lo corregiremos como es debido. ¿De acuerdo, querido amigo?
Ayer me llegó su correo. Paso a responder su primera pregunta.
Rubén: ¿qué es ser de izquierda hoy?
Farruco: La pregunta explícita (¿qué es ser de izquierda hoy?) tiene una pregunta implícita y anterior: ¿qué es ser de izquierda?
Voy a intentar contestar las dos, aclarando que lo haré desde la más absoluta subjetividad.
¿Qué es ser de izquierda?
Aunque lo definido no debe entrar en la definición (yo aprendí eso en clase de filosofía en bachillerato), en este caso voy a permitirme saltar esa regla.
Así diría que ser de izquierda es sentirse de izquierda y, en ese sentido, reconocer que uno se encuentra permanentemente incómodo en un mundo donde la injusticia estructural es aceptada como algo normal o, en todo caso, inevitable.
Precisemos.
¿A que llamo mundo? A la sociedad del tiempo dónde a uno le toca vivir.
¿A que llamo injusticia? A cualquier acto que violente la dignidad esencial de un ser humano.
¿A que llamo injusticia estructural? A la injusticia que no es un hecho aislado, sino que tiene que ver con la manera en que el mundo (la sociedad) está constituido.
¿A que llamo aceptación como algo normal o inevitable? Al encogimiento de hombros, desvío de la mirada, o desconexión del pensamiento, ante la injusticia.
Eres de izquierda, entonces, repito para que quede claro, cuando no te reconoces como indiferente ante aquella desdicha humana que depende de la organización social y, en ese reconocimiento, tratas de localizar y entender sus causas para enfrentarlas en la medida de lo posible.
Estas últimas seis palabras, “en la medida de lo posible”, nos dan la clave para revelar el grado de intensidad que puede haber en ese “ser de izquierda”.
En ese sentido el abanico de intensidades es muy grande. Va desde el compromiso vital y protagónico con la acción de cambio, hasta el más ligero acompañamiento o simpatía por esa acción. Como en una degradación de colores donde, sin embargo, el color se identifica.
Todo cuenta. Todo contribuye. Más allá de las polémicas y las confrontaciones que suelen darse en la vida política de los pueblos entre los sectores organizados y no organizados de la izquierda (y ello es válido y natural y conveniente), no conviene perder la perspectiva de que existe un territorio común donde la coincidencia es fundamental.
Cuando un proceso de cambio adquiere la fuerza que tiene, por ejemplo, la revolución bolivariana, es importantísimo que el liderazgo del proceso despliegue su sabiduría para lograr articular todas las fuerzas e intensidades de izquierda, de colectivos o de personas, en un gran esfuerzo común.
Eso, por supuesto, no excluye el debate sino todo lo contrario. Porque, entre otras cosas, ser de izquierda conlleva en su naturaleza un apego al debate, un apego a la construcción colectiva de la verdad, un gran respeto por los demás.
De ese gran respeto, convertido en amor fraternal, convertido en ternura, se origina todo.
Pasemos a la segunda parte. ¿Qué es ser de izquierda hoy?
Quiero hacer un dibujo muy general, como una silueta, porque la realidad es tan compleja y tiene tantas facetas, que sería muy difícil elaborar el retrato exacto de una persona de izquierda en nuestra época
Pero me atrevería a decir lo siguiente.
Una persona de izquierda es democrática, antiimperialista, anticapitalista, se opone al irrespeto a la naturaleza, es un defensor de la diversidad cultural, suscribe la vigencia universal de los derechos humanos, considera injustas las estratificaciones de la sociedad, maldice la guerra, está peleado con los grandes medios de comunicación, rechaza toda forma de opresión, cultiva el pensamiento crítico y echa su suerte con los pobres de la tierra.
Me explico.
Una persona de izquierda hoy es democrática de verdad. Es decir, es partidaria del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Pero no se contenta con la formalidad hipócrita. Busca que la democracia se concrete en los hechos. Cree en la necesidad de llevar el espíritu democrático hasta sus últimas consecuencias. ¡No sé pregunta cuáles son los límites de la democracia! Para una persona de izquierda la democracia no tiene límites. Practica el igualitarismo como norma de vida y desconfía de las estructuras donde el poder (sea éste a nivel local o a nivel planetario) es manipulado por grupos de interés.
Una persona de izquierda hoy es antimperialista. No puede ser de otra manera. No concibe un mundo donde todavía existan supremacías. Rechaza la propia idea de que el tamaño o el poder de alguna nación se usen para someter el resto del mundo a sus intereses. No acepta las interferencias hegemónicas en la vida de los pueblos.
Una persona de izquierda hoy es anticapitalista. Y sabe bien por qué. Porque reconoce la injusticia estructural del capitalismo y entiende que es un modelo inviable para el conjunto de la humanidad. Ni siquiera lo acepta como mal menor. No cree en la tesis del mal menor. Y en consecuencia está atenta a las posibilidades de crear modelos superiores, más humanos. Mantiene el optimismo esencial de la consigna: un mundo mejor es posible. Retoma, entonces, el proyecto socialista.
Una persona de izquierda hoy se opone al irrespeto a la naturaleza. Seguramente por motivos filosóficos. También por razones, o intuiciones, científicas. Tiene claro que ese irrespeto afecta a toda la especie humana y a otras especies. Y sabe también que a quien perjudica más directamente y en términos más inmediatos es a las sociedades más pobres e indefensas.
Una persona de izquierda hoy es un defensor de la diversidad cultural. Valora el patrimonio material y espiritual de los pueblos. Lo considera riqueza común de la humanidad. Se preocupa cuando ve que una cultura se impone sobre las demás hasta acorralarlas o hacerlas desaparecer. Rechaza la constitución del pensamiento único y de una privilegiada manera de ser social. Y aunque reconoce la importancia de constituir una cultura humana común, entiende que debe hacerse por aporte de todas las culturas y no por la imposición forzada y cruel de unas sobre otras.
Una persona de izquierda hoy suscribe la vigencia universal de los derechos humanos. Porque es fundamentalmente humanista. Valora la dignidad de todos y cada uno de los individuos, de los colectivos y de las sociedades. No acepta que esos derechos sean violados directa o indirectamente, ni por acción ni por omisión. Casos como los de la tortura practicada sistemáticamente por algunos países poderosos le parecen completamente aberrantes.
Una persona de izquierda hoy considera injustas las estratificaciones de la sociedad en clases o castas diferenciadoras, discriminadoras. En consecuencia, visualiza como sociedad posible y necesaria la sociedad de los iguales. Lucha por ello.
Una persona de izquierda hoy maldice la guerra como uno de los grandes males con los que los países dominantes castigan a los pueblos. Ven con verdadero horror la influencia de los complejos industriales-militares en los gobiernos de los grandes países. Rechaza la existencia de bases militares de un país en otro cualquiera. Es partidaria de los desarmes concertados en igualdad de condiciones y no por imposición. Cree en el diálogo como forma de resolución de los conflictos.
Una persona de izquierda hoy tiene cazada una pelea con los grandes medios de comunicación a los que considera instrumentos de los “dueños” del mundo. Cree en la libertad de expresión pero no se traga mucho el cuento que manejan los empresarios de la comunicación. Sabe diferenciar una cosa de la otra. Es por lo tanto partidario de una profunda democratización de los medios.
Una persona de izquierda hoy rechaza de toda forma de opresión. Esto es: de una clase social sobre otras, de un país sobre otros, de una lengua sobre otras, de una raza sobre otras, de una cultura sobre otras, de un género sobre el otro, de una creencia o religión sobre otras.
Una persona de izquierda hoy cultiva el pensamiento crítico, se arma para la batalla de las ideas, se afilia, a su manera, a la filosofía de la transformación del mundo para hacerlo menos injusto, menos cruel y más amoroso para todos los seres humanos, no sólo de este tiempo sino de los tiempos que han de venir.
Una persona de izquierda hoy echa su suerte con los pobres de la tierra, haciendo suyos los versos de José Martí, para lograr derrotar para siempre la miseria, el hambre, las calamidades, los sufrimientos que se derivan de las necesidades materiales no cubiertas y de las necesidades espirituales no satisfechas.
Así lo veo yo. Y cualquiera que coincida en estas posiciones, puede considerarme un compañero de militancia.
viernes 20 de noviembre de 2009
LA TENSIÓN DEL ESPÍRITU (20.11.09)
Nunca he sabido descansar a plenitud.
No sé si eso es bueno o malo.
Mi descanso, como lo saben mis amigos, y más de una vez lo he dicho, consiste en pasar de una actividad a otra.
Tal vez por eso, a efectos de lo que se llaman relaciones sociales, soy la persona más aburrida que conozco.
También mis amigos lo saben.
Lo que me gusta es hacer.
Me encanta imaginarme algo.
Disfruto de las vueltas que le voy dando a la idea y disfruto de la idea misma.
Gozó un montón en los preparativos.
Encuentro una satisfacción profunda e inigualable al sumergirme en el proceso de producción, en la hechura propiamente dicha.
Pero, al final y sobre todo, me complazco por un brevísimo instante con la cosa hecha, con el logro tangible o intangible producto de la imaginación, la voluntad y el esfuerzo.
Sin embargo esa complacencia dura apenas un segundo.
Paso enseguida la página y, sumergido en una nueva aventura, todo recomienza.
En nada de esto juega papel alguno el dinero, la fama, el éxito, o el poder.
Sólo la tensión del espíritu.
Para mí, no tengo duda, esto es lo que más se acerca a la felicidad.
No sé si eso es bueno o malo.
Mi descanso, como lo saben mis amigos, y más de una vez lo he dicho, consiste en pasar de una actividad a otra.
Tal vez por eso, a efectos de lo que se llaman relaciones sociales, soy la persona más aburrida que conozco.
También mis amigos lo saben.
Lo que me gusta es hacer.
Me encanta imaginarme algo.
Disfruto de las vueltas que le voy dando a la idea y disfruto de la idea misma.
Gozó un montón en los preparativos.
Encuentro una satisfacción profunda e inigualable al sumergirme en el proceso de producción, en la hechura propiamente dicha.
Pero, al final y sobre todo, me complazco por un brevísimo instante con la cosa hecha, con el logro tangible o intangible producto de la imaginación, la voluntad y el esfuerzo.
Sin embargo esa complacencia dura apenas un segundo.
Paso enseguida la página y, sumergido en una nueva aventura, todo recomienza.
En nada de esto juega papel alguno el dinero, la fama, el éxito, o el poder.
Sólo la tensión del espíritu.
Para mí, no tengo duda, esto es lo que más se acerca a la felicidad.
jueves 19 de noviembre de 2009
INTERESES (19.11.09)
Con vista a la derecha
INTERESES
(Para ser publicado hoy, jueves, en El Correo del Orinoco)
El otro día escribí que para ser libre hay que ser de izquierda.
Un amigo me preguntó: ¿entonces alguien de derecha no puede ser libre? Me pidió que aclarara el concepto.
Creo que eso da como para un libro. No es fácil argumentar una afirmación tan fuerte en una columna de 1.200 caracteres. Pero lo intentaré. Veamos.
Siendo de izquierda, tengo a mi favor la libertad de usar la imaginación para intentar cambiar un mundo que no sirve. Tengo la libertad de pensar por mí mismo, puesto que la duda creadora y el pensamiento crítico forman parte de mi naturaleza como hombre de izquierda. Y tengo la libertad de ejercer mi voluntad puesto que no reconozco amo alguno ni defiendo intereses establecidos.
Por supuesto que me podré equivocar, pero eso es otro tema.
Quien es de derecha, carece de la libertad de imaginación, puesto que defiende la triste realidad a la que pertenece. Carece de la libertad de pensar puesto que la cartillas del pensamiento conservador están todas escritas desde hace tiempo (todo lo más que puede hacer es ensayar una nueva redacción). Y carece de la libertad de acción, puesto que su tarea predeterminada es, ya de por sí, preservar lo establecido. Para eso tiene sus dueños que le pagan.
Por esas razones es que en la batalla de ideas no hay simetría.
Las ideas son de izquierda. Lo que hay en la derecha son intereses.
INTERESES
(Para ser publicado hoy, jueves, en El Correo del Orinoco)
El otro día escribí que para ser libre hay que ser de izquierda.
Un amigo me preguntó: ¿entonces alguien de derecha no puede ser libre? Me pidió que aclarara el concepto.
Creo que eso da como para un libro. No es fácil argumentar una afirmación tan fuerte en una columna de 1.200 caracteres. Pero lo intentaré. Veamos.
Siendo de izquierda, tengo a mi favor la libertad de usar la imaginación para intentar cambiar un mundo que no sirve. Tengo la libertad de pensar por mí mismo, puesto que la duda creadora y el pensamiento crítico forman parte de mi naturaleza como hombre de izquierda. Y tengo la libertad de ejercer mi voluntad puesto que no reconozco amo alguno ni defiendo intereses establecidos.
Por supuesto que me podré equivocar, pero eso es otro tema.
Quien es de derecha, carece de la libertad de imaginación, puesto que defiende la triste realidad a la que pertenece. Carece de la libertad de pensar puesto que la cartillas del pensamiento conservador están todas escritas desde hace tiempo (todo lo más que puede hacer es ensayar una nueva redacción). Y carece de la libertad de acción, puesto que su tarea predeterminada es, ya de por sí, preservar lo establecido. Para eso tiene sus dueños que le pagan.
Por esas razones es que en la batalla de ideas no hay simetría.
Las ideas son de izquierda. Lo que hay en la derecha son intereses.
miércoles 18 de noviembre de 2009
SEIS BANDERAS (18.11.09)
LAS SEIS BANDERAS SOBRE LA COLINA CULTURAL
He terminado mi séptimo Cuaderno de estos meses. Lleva por título Las Seis Banderas sobre la Colina Cultural.
Desde hace unos días lo he colocado ya en mi otro blog cuadernosparalacomuna.blogspot.com, pero no para que lo lean allí, porque sé que es un poco fastidioso hacerlo en la computadora, sino para que le echen un vistazo si les apetece.
Está pendiente de impresión, junto con el quinto y el sexto, pero es cuestión de un par de semanas.
En diciembre, si todo va bien, procederemos a bautizarlos.
Como ya lo he comentado, la colección de los cuadernos se detendrá por un tiempo cuando termine el octavo, que pienso que será en diciembre o enero. La razón es que necesito las horas que les dedico, para emplearlas en otro proyecto de escritura.
Vamos a ver como sale todo.
He terminado mi séptimo Cuaderno de estos meses. Lleva por título Las Seis Banderas sobre la Colina Cultural.
Desde hace unos días lo he colocado ya en mi otro blog cuadernosparalacomuna.blogspot.com, pero no para que lo lean allí, porque sé que es un poco fastidioso hacerlo en la computadora, sino para que le echen un vistazo si les apetece.
Está pendiente de impresión, junto con el quinto y el sexto, pero es cuestión de un par de semanas.
En diciembre, si todo va bien, procederemos a bautizarlos.
Como ya lo he comentado, la colección de los cuadernos se detendrá por un tiempo cuando termine el octavo, que pienso que será en diciembre o enero. La razón es que necesito las horas que les dedico, para emplearlas en otro proyecto de escritura.
Vamos a ver como sale todo.
martes 17 de noviembre de 2009
MENTIRAS ( 17.11.09)

¡Por Dios! No lo dejen solo ni aun cuando desacierte, pues en todo caso los hombres honrados le servirán a la patria y a él desengañándolo y no lisonjeándolo con mentiras.
Lean con cuidado estas frases, impresionantemente lúcidas, que son, no podía ser menos, de Simón Bolívar.
En ellas el Libertador pide ¡por Dios! que no se engañe a los dirigentes. En este caso se refiere a Páez, en una carta a José Ángel Álamo del 26 de marzo de 1828, pero muy bien pudiera referirse a él mismo o a cualquier gobernante, en toda época o lugar.
Porque el consejo tiene valor universal.
¡Y es que es lógico! Quienes ejercen el gobierno deben conocer exactamente la realidad, pues es a partir del análisis de esa realidad, y del manejo preciso de sus datos, de donde salen las decisiones. Cualquier engaño puede enredar las cosas.
De modo que la mentira, si siempre es cuestionable, en el caso de que quien mienta sea un funcionario para lisonjear al gobernante, no cabe duda de que está cometiendo un grave error. Es más, yo diría que está incurso en un delito político.
Eso es lo que yo pienso y por eso lo dejo escrito.
lunes 16 de noviembre de 2009
CHÁVEZ, BRECHT, UNEARTE Y EL AGUA MANSA 16.11.09

Hace un par de meses, en el Aló Presidente que tuvo lugar en Unearte y al salir de un montaje de una obra de Brecht, Chávez comentó que la primera referencia que tuvo de Bertolt Brecht fue a través de una publicación de El Agua Mansa a finales de los años setenta. Y acto seguido recitó (con esa descomunal memoria que tiene): el agua mansa triunfa contra la dura roca con el tiempo, lo duro no resiste.
Yo en ese momento iba manejando lejos de Caracas, en alguna carretera de Venezuela. Y al oír al Presidente los recuerdos afloraron. Esas frases de Brecht las leyó Chávez en 1978 en el editorial que me tocó escribir del primer (y único) número de La Letra R, revista de la Casa del Agua Mansa. De manera que me puse muy contento al pensar que, sin conciencia de ello, le había regalado a Chávez en un momento tan temprano de su vida (cuando tenía unos veinticuatro años) el conocimiento de un autor tan importante como lo fue Bertolt Bhecht.
¡Las cosas que tiene la vida!
Ilustro esta nota con la portada de aquel número monográfico dedicado al compromiso.
Me animo también a reproducir su editorial, exactamente treinta y un años después, no sin aclarar que en ese entonces con Alfredo Maneiro, a través de la Casa del Agua Mansa, estábamos tratando de crear un espacio para la reanimación del movimiento intelectual, tan castigado por la derrota de los sesenta.
EDITORIAL
Andaremos con prisa y pacientemente. Como ahora lo hacemos.
Preparados para asaltar el Palacio de invierno, multiplicar los panes y los peces, efectuar el paso de los Andes, hundir al Bismark, o cualquier otro gesto que la hora nos dicte.
Pacientemente se preparan las batallas y los milagros. Lo decimos porque es bueno decirlo. Es bueno que los amigos no se llamen a engaño. Para que nos ayuden y acompañen a lo largo del proceso. Amasar la harina. Encender el horno. Cosechar el pan. Que más de una mano es necesaria y no somos tan hábiles. Además de que el pan es para todos.
El agua mansa. La casa del agua mansa. La revista de la casa del agua mansa. La letra erre. Intenciones que se inscriben en la línea general de jugar a lo imposible y hacerlo posible.
Bertolt Brecht nos dejó dicho que el agua mansa triunfa contra la dura roca con el tiempo, que lo duro no resiste. Nosotros a esta agua constante que formamos, le agregamos el ingrediente de la urgencia precisa. Urgencia que sepa desbaratar cualquier intento de estancamiento. Que el agua corra. Mansa pero que corra. En movimiento siempre, mientras que la crecida se prepara.
Con la completa seguridad de nuestros pasos nos dirigimos hacia la otra orilla. Duramente y ásperamente nos formamos a nosotros mismos. Contra las ataduras generales removemos las aguas del estanque, lo hacemos río, ola inmensa que se generará antes de que la noche nos apague. Nos formamos a nosotros mismos mientras buscamos compañeros.
Hay que decirlo también, porque es bueno que se sepa, que buscamos compañeros exactos como piedras de honda. Juglares, escribanos, saltimbanquis, retablistas, luchadores dispuestos y entusiastas, hechos al molde de los tiempos presentes, hechos al molde de lo justo, de lo humano y de lo sabio. Que más de una mano es necesaria y no somos tan fuertes. Manos firmes contra la dura roca con el tiempo. La lucha va viniendo y es preciso no dormir hasta entonces por construirla. ¿Se comprende? Eso es lo que buscamos y hacemos.
Empezamos con poco. Lo mucho se ha rendido. Lo que era fuerte en otros años en que la sangre estaba florecida, se fue cayendo por distintas laderas de la impotencia. Los viejos luchadores de otra era se pasaron de moda ante sí mismos, o se desesperaron, o desesperanzaron y cambiaron de bando en este juego. Se vendieron. Se hundieron. Se perdieron en su casi total presencia antes activa. Buscamos compañeros, recorremos sus rostros, acciones y palabras, andaduras de viejos luchadores en la cultura al servicio de una pesada mano extendida al asalto del cielo. Pero nos encontramos los gestos fugitivos de rostros idos en su mayoría.
Hacemos inventario y el recorrido lo revela.
Hacemos un llamado y el pesimismo pesa por su desvelo.
No importa, aunque sí importa. El agua mansa en movimiento triunfa contra la dura roca con el tiempo. Agua pequeña se hará grande. O se hará fuerte al menos. El agua llama al agua para la sed extensa.
Alentándolas, rescatándolas, o inventándolas, estamos ahora creando nuestras filas de choque. La casa ya está andando al servicio de la causa del pueblo llano. Luego, construiremos sus muros físicamente.
Caracas, Mayo, 1978
domingo 15 de noviembre de 2009
CUENTAS QUE NO ME CUADRAN 15.11.02

Reproduzco una página que salió el sábado 14 de noviembre en el semanario Todosadentro del Ministerio del Poder Popular para la Cultura.
Allí se ve que en materia de libros le damos paliza a la gestión cultural de la Cuarta República. Y eso, como comprenderán, me llena de orgullo justificado.
Pero…algo está equivocado allí.
A mí los números no me cuadran. Yo cuestiono, humildemente, la cifra de 13.182.982 libros impresos. Por un lado porque me asombra esa extrañísima exactitud que hace terminar una cifra de libros editados en 82. Me suena raro: los libros siempre se editan por cientos o por miles, que yo sepa. O en todo caso, por decenas.
Pero por otro lado es que sé que el número se quedó muy, pero que muy, corto.
Veamos: vamos a sacar unas cuentas rápidas de lo que ha hecho la gestión de Cultura del 2003 para acá,
500.000 ejemplares de Yo moriré como nací, desnudo (Antología de frases de Bolìvar)
25.000.000 de la Biblioteca Básica Temática.
1.000.000 de El Quijote.
50.000 de El Quijote en Francés e Inglés.
1.500.000 (más o menos) de la Biblioteca Literaria de Monte Ávila
1.500.000 de Los Miserables. (500.000 por 3 tomos)
100.000 de las Más hermosas cartas de Amor de Manuela y Simón.
100.000 del Miranda de Carmen Bohórquez.
100.000 de Doña Bárbara.
2.500.000 de la Biblioteca para los consejos Comunales.
2.000.000 de los libros infantiles para Corazón Adentro.
Van hasta ahora, si no sumo mal, Treinta y cuatro millones, trescientos mil, nada más contando los grandes tirajes (Y eso considerando las cajas de libros infantiles como unidades, aunque cada una trae unos diez cuentos)
Vamos ahora con las ediciones de tiraje normal.
Aceptemos como cierta la cifra que allí se da de 2.600 títulos, que me suena bastante lógica, hasta donde yo sé.
Pongámosle, siendo moderados, un promedio de 3.000 ejemplares por cada edición, (sin contar las reimpresiones) aun sabiendo que de algunas ediciones se han tirado 5.000 ejemplares pero que hay otras, como las regionales, que son más pequeñas.
3.000 ejemplares por 2.600 títulos, nos dan siete millones ochocientos mil.
Esto nos arroja sólo en la gestión de 2003-2009 un gran total aproximado de 42.100.000 libros.
Ahora hay que sumarle los libros impresos entre 1999 y 2003 en Cultura, de los cuales no tengo la cifra, pero algo se habrá hecho.
Pero no sólo es Cultura quien publica. La revolución editorial no se queda aquì. Agreguemos entonces todo lo que ha hecho, por ejemplo, el MINCI, que ha producido unos cuantos millones. Y lo mismo Educación, y el resto de los ministerios, que en su mayoría se han sumado a la fiebre editorial, así como alcaldías y gobernaciones.
Hagamos con todo eso un pote de unos veinte millones para el càlculo. Y tal vez nos quedamos cortos.
¿Y no le vamos a añadir los millones de ejemplares de la Constitución editados por la Imprenta nacional.
Y la Biblioteca Familiar que se hizo con la colaboración de Cuba. Nunca supe bien si fueron uno o dos millones de cajas, pero cada una traía 22 libros.
Cuando sumamos todo esto a mí me da una cifra que anda cerca o sobrepasa los cien millones de libros, los cuáles en su mayor parte fueron de distribución gratuita o de precio simbólico.
Eso nos da un resultado anual de unos diez millones de libros, es decir, un libro y medio por familia al año.
No está mal, no está nada mal, comparándolo con lo que se hizo anteriormente. Es como para sentirse orgulloso. Pero ¿quieren que les diga algo? En mi caso todavía no estoy conforme.
En realidad hay que seguir acelerando la marcha en cantidad y calidad. No debemos regularizar el ritmo hasta poder garantizar desde el Estado, al menos, la producción de un libro por habitante al año. Es decir, treinta millones de libros anuales.
Yo estoy seguro de que podemos hacerlo. Pero, eso sí, hay que ponerle un ojo a la Imprenta de la Cultura. Y comprar las suficientes máquinas planas para los tirajes normales, que es donde está la tranca. ¿Cuántas? Tantas como se necesiten: al menos unas diez.
sábado 14 de noviembre de 2009
LA TAREA 14.11.09
El Jefe me encarga una nueva tarea. Como siempre, pondré mi alma en ello.
No me llega de golpe la noticia, aunque sí me sorprende un poco.
Interrumpo algunos proyectos, cancelo otros (o mejor dicho los difiero), pero no lo lamento.
Me sentía bien con lo que venía haciendo en estos meses, pero al mismo tiempo estoy seguro de que me sentiré a gusto con lo que me toca emprender.
Me coloco en la mejor de las disposiciones. Y eso creo que es importante.
Felisa me lo dijo una vez: “…es que tú siempre te las arreglas para trabajar en lo que te gusta”.
Eso es verdad. Pero también es verdad que me gustan muchas cosas. Sobre todo aquellas actividades donde el objetivo principal es producir.
Mirar hacia la realidad, estudiarla. Extraer de la realidad una idea. Convertir la idea en una acción concreta y, al final, tener como resultado un objeto material o espiritual que haga mejor la vida de la gente.
Considero que es por ese caminito por donde me acerco a la felicidad, esa camarada tan esquiva. Nada se compara con eso.
Me gusta hacer. Donde no hay nada, lograr que algo florezca. Donde algo está desmembrado, estructurarlo. Donde hay oscuridad, contribuir a prender la luz. Donde hay confusión, favorecer el entendimiento.
Y mucho más me gusta si eso tiene lugar en Revolución, con todo lo que ello significa.
Una vez más toca arrancar casi de cero. Con varios compañeros y compañeras constituiremos, estoy seguro, el más capaz de los equipos que, en este caso, será muy pequeño. Pues necesitamos garantizar la calidad y la eficacia.
No podemos fallarle al Jefe. Pero, sobre todo, no podemos fallarle a nuestro pueblo.
farrucosesto@hotmail.com
No me llega de golpe la noticia, aunque sí me sorprende un poco.
Interrumpo algunos proyectos, cancelo otros (o mejor dicho los difiero), pero no lo lamento.
Me sentía bien con lo que venía haciendo en estos meses, pero al mismo tiempo estoy seguro de que me sentiré a gusto con lo que me toca emprender.
Me coloco en la mejor de las disposiciones. Y eso creo que es importante.
Felisa me lo dijo una vez: “…es que tú siempre te las arreglas para trabajar en lo que te gusta”.
Eso es verdad. Pero también es verdad que me gustan muchas cosas. Sobre todo aquellas actividades donde el objetivo principal es producir.
Mirar hacia la realidad, estudiarla. Extraer de la realidad una idea. Convertir la idea en una acción concreta y, al final, tener como resultado un objeto material o espiritual que haga mejor la vida de la gente.
Considero que es por ese caminito por donde me acerco a la felicidad, esa camarada tan esquiva. Nada se compara con eso.
Me gusta hacer. Donde no hay nada, lograr que algo florezca. Donde algo está desmembrado, estructurarlo. Donde hay oscuridad, contribuir a prender la luz. Donde hay confusión, favorecer el entendimiento.
Y mucho más me gusta si eso tiene lugar en Revolución, con todo lo que ello significa.
Una vez más toca arrancar casi de cero. Con varios compañeros y compañeras constituiremos, estoy seguro, el más capaz de los equipos que, en este caso, será muy pequeño. Pues necesitamos garantizar la calidad y la eficacia.
No podemos fallarle al Jefe. Pero, sobre todo, no podemos fallarle a nuestro pueblo.
farrucosesto@hotmail.com
viernes 13 de noviembre de 2009
UN PUÑADO DE FLORES PARA MARTA 13.1.2.09

Me gustaría regalarle a Marta Harnecker unas flores. Pocas y silvestres.
De las más hermosas que pueda conseguir.
Aunque tal vez carece de importancia que no sean exactamente silvestres.
Pudiéramos tomarlas de una lata de aceite convertida en maceta en la ventanita de un rancho. O de un rincón de por allí, al borde de una cancha improvisada en un cerro, en donde juegan unos niños a no se sabe qué, con una alegría que no se sabe de dónde viene.
Me parece que esas flores pudieran gustarle más.
En todo caso, un puñado. Media docena de flores para que las coloque en un vaso sobre su escritorio. Y que representen un humilde homenaje a su persona.
Una por su inteligencia, que se ha demostrado siempre aguda, incisiva, permanentemente renovada y abierta (como debe ser) a la duda creadora, a la reflexión sin ataduras.
Otra por su compromiso con los pobres de la tierra. Compromiso de vida que no ha abandonado ni un instante.
Otra por su lealtad con los movimientos y procesos sociales en nuestra América, que nunca serían los mismos sin ella, sin su acompañamiento.
Otra por sus aportes a la teoría revolucionaria, como pensadora y como divulgadora.
Otra por su voluntad, tenacidad, constancia, persistencia, o como quiera que se llame eso que Marta tiene y con lo que a veces recordamos que nada es fácil, que todo necesita un gran esfuerzo.
Otra por su sensibilidad que la ha hecho quien es.
Farruco Sesto
9 de noviembre de 2009
jueves 12 de noviembre de 2009
COLOMBIANOS 12.11.09
CON VISTA A LA DERECHA
COLOMBIANOS
(Publicado el 12 de noviembre de 2009 en El Correo del Orinoco)
En el corazón de los venezolanos está aposentada Colombia. Así es y así debe ser. Pues, de alguna manera, todos somos colombianos.
Unos, aquellos que estamos con el gran proceso de cambio, nos sentimos hijos de la Colombia de Bolívar, de la gran patria común que, dos siglos después, todavía hay que terminar de construir.
Y en eso estamos. Vemos hacia adelante y nos imaginamos esa América nuestra, unida, digna, libre, soberana, la América de los pueblos, la América que habrá conquistado por fin su independencia y dejado atrás la pobreza y la injusticia.
Otros, los escuálidos, ahora resulta que están con la Colombia de Santander, la de la Oligarquía, la que traicionó los sueños. Ellos conspiran a favor de la entrega de nuestros países. Ellos cultivan en sí mismos una mentalidad neocolonial. Ellos son hijos de la traición.
Siempre he dicho que no hay nada menos libre que un escuálido. Para ser libre hay que ser de izquierda.
Ellos, militantes de la derecha, están demasiado atados a intereses, a privilegios o a fanatismos ideológicos conservadores que les impiden acompañar a su pueblo en la prodigiosa aventura de la Revolución.
Ahora sus intereses los han colocado en las filas, eternamente infames, del Santanderismo.
farrucosesto@hotmail.com
COLOMBIANOS
(Publicado el 12 de noviembre de 2009 en El Correo del Orinoco)
En el corazón de los venezolanos está aposentada Colombia. Así es y así debe ser. Pues, de alguna manera, todos somos colombianos.
Unos, aquellos que estamos con el gran proceso de cambio, nos sentimos hijos de la Colombia de Bolívar, de la gran patria común que, dos siglos después, todavía hay que terminar de construir.
Y en eso estamos. Vemos hacia adelante y nos imaginamos esa América nuestra, unida, digna, libre, soberana, la América de los pueblos, la América que habrá conquistado por fin su independencia y dejado atrás la pobreza y la injusticia.
Otros, los escuálidos, ahora resulta que están con la Colombia de Santander, la de la Oligarquía, la que traicionó los sueños. Ellos conspiran a favor de la entrega de nuestros países. Ellos cultivan en sí mismos una mentalidad neocolonial. Ellos son hijos de la traición.
Siempre he dicho que no hay nada menos libre que un escuálido. Para ser libre hay que ser de izquierda.
Ellos, militantes de la derecha, están demasiado atados a intereses, a privilegios o a fanatismos ideológicos conservadores que les impiden acompañar a su pueblo en la prodigiosa aventura de la Revolución.
Ahora sus intereses los han colocado en las filas, eternamente infames, del Santanderismo.
farrucosesto@hotmail.com
miércoles 11 de noviembre de 2009
UNA PANADERÍA SEUDOIDEOLÓGICA…SIN PANES 11.11.09
La Revolución es como una gran puesta en escena, con la particularidad extraordinaria de que la representación no es una representación, sino un ejercicio verídico de transformación de la realidad
Pero como en toda puesta en escena, el reparto exige una diversidad de papeles.
Confundirlos, unificarlos en uno sólo, es un error muy grave.
Todos deben tener, por supuesto, la política al mando, pero cada uno con sus propias responsabilidades determinadas.
No es lo mismo la Asamblea que el Partido. El Partido que el Gobierno Local o Estadal. Y estos no son lo mismo que el Gobierno Nacional.
En el caso del gobierno, aquellos altos funcionarios que, escudándose en un supuesto trabajo político, descuidan el cumplimiento de las tareas específicas que les corresponden, mal servicio le hacen a la Revolución.
Hemos sabido de presidentes de fundaciones de algún ministerio, autodenominados bolivarianos, que le dicen, por ejemplo, a sus trabajadores (confundiendo una institución pública con el Partido): “aquí estamos para hacer política, y el que no esté de acuerdo que renuncie".
Y a partir de allí, lo que viene es el abandono de las tareas.
Imagínense ustedes una panadería que no produjese panes, pero donde se la pasasen citando a Lenin. Si leyesen a Lenin, sabrían que lo verdaderamente pernicioso es la enfermedad infantil del estupidismo. Y más aún cuando se mezcla con oportunismo.
Mal servicio, repito, prestan a la Revolución. Lo que le hacen es daño.
Lo malo es que no lo suelen pagar ellos. Cuando esa práctica irresponsablemente necia se instala, quien lo paga es el pueblo que ve frustrada la esperanza de resolver sus necesidades materiales y espirituales. Y en último término lo paga el propio proceso revolucionario, cuando se debilita su capacidad de convencimiento.
Pero como en toda puesta en escena, el reparto exige una diversidad de papeles.
Confundirlos, unificarlos en uno sólo, es un error muy grave.
Todos deben tener, por supuesto, la política al mando, pero cada uno con sus propias responsabilidades determinadas.
No es lo mismo la Asamblea que el Partido. El Partido que el Gobierno Local o Estadal. Y estos no son lo mismo que el Gobierno Nacional.
En el caso del gobierno, aquellos altos funcionarios que, escudándose en un supuesto trabajo político, descuidan el cumplimiento de las tareas específicas que les corresponden, mal servicio le hacen a la Revolución.
Hemos sabido de presidentes de fundaciones de algún ministerio, autodenominados bolivarianos, que le dicen, por ejemplo, a sus trabajadores (confundiendo una institución pública con el Partido): “aquí estamos para hacer política, y el que no esté de acuerdo que renuncie".
Y a partir de allí, lo que viene es el abandono de las tareas.
Imagínense ustedes una panadería que no produjese panes, pero donde se la pasasen citando a Lenin. Si leyesen a Lenin, sabrían que lo verdaderamente pernicioso es la enfermedad infantil del estupidismo. Y más aún cuando se mezcla con oportunismo.
Mal servicio, repito, prestan a la Revolución. Lo que le hacen es daño.
Lo malo es que no lo suelen pagar ellos. Cuando esa práctica irresponsablemente necia se instala, quien lo paga es el pueblo que ve frustrada la esperanza de resolver sus necesidades materiales y espirituales. Y en último término lo paga el propio proceso revolucionario, cuando se debilita su capacidad de convencimiento.
martes 10 de noviembre de 2009
ALGUNAS FOTOS DE ALFREDO 10.11.09




Como, por uno u otro motivo, he venido hablando repetidas veces de Alfredo Maneiro, quise hoy colocar aquí algunas fotos suyas para que, quienes no tuvieron la suerte de conocerlo, se hagan al menos un idea de cómo era, físicamente, ese hombre inteligentísimo y, para mi, entrañable. Nadie que lo viese caminando por la calle podría imaginar que ese gordito de aspecto feliz, tuviese una de las mentes más brillantes que ha dado Venezuela en su historia y fuera el gran revolucionario que era.
En una de las fotos, estamos juntos en un vapor navegando por el rio Yangtsé, en las inmediaciones de Shanghai.
En otra, estamos en una playa de la ría de Vigo, en Galicia. Nos acompaña Anita Brumlick, su mujer.
La otra, en blanco y negro, está tomada en Caracas, en un apartamento en Bello Monte, donde nos reuníamos a veces.
En la cuarta Alfredo toma de la mano a mi hijo Esteban que debía tener unos dos años, si acaso. Eso nos da una idea del año en que fue tomada la foto, pues ahora Esteban tiene 35. La escena corresponde a algún lugar del parque Guatopo.
lunes 9 de noviembre de 2009
EL CAPITAL 9.11.09
EL CAPITAL
Parece mentira, pero todavía no he leído El Capital de manera continuada.
Siempre lo he hecho por pedacitos.
Me acuerdo ahora de una conversación con Alfredo Maneiro en la bomba de gasolina de Plaza Venezuela (la que hace esquina) hace muchos años.
Me insistía en que tenía que leerlo.
Yo le decía; pero Alfredo, es que es muy jodido. Y él replicaba que no, que era una lectura sumamente interesante y que era necesario conocer El Capital a fondo.
Pero la verdad es que nunca pude.
Hace unos meses, Alí Rodríguez me aconsejaba que, para comenzar, me saltase el primer capítulo y me fuera directamente al segundo. Que el primero lo dejase para lo último. Decía Alí que el propio Marx reconocía la dificultad de ese capítulo, el cual habría escrito en lenguaje muy filosófico a causa de una culebra que tenía con los hegelianos. Algo así.
Bueno, pero resulta que ahora Chávez nos llama a leer los libros de István Mészáros, Más allá del Capital y El desafío y la carga del tiempo histórico.
Y la verdad es que no me parece correcto entrarle con seriedad a Mészáros sin haber previamente leído El Capital.
De modo que me dispongo a intentar la tarea. Es una deuda pendiente con Alfredo, con Alí y conmigo mismo.
Buscaré esta tarde en la biblioteca de mi casa la vieja edición de tapas amarillas en tres tomos, de las ediciones en lenguas extranjeras de la URSS y la pondré sobre la mesita de noche.
Ya les contaré como me va.
Parece mentira, pero todavía no he leído El Capital de manera continuada.
Siempre lo he hecho por pedacitos.
Me acuerdo ahora de una conversación con Alfredo Maneiro en la bomba de gasolina de Plaza Venezuela (la que hace esquina) hace muchos años.
Me insistía en que tenía que leerlo.
Yo le decía; pero Alfredo, es que es muy jodido. Y él replicaba que no, que era una lectura sumamente interesante y que era necesario conocer El Capital a fondo.
Pero la verdad es que nunca pude.
Hace unos meses, Alí Rodríguez me aconsejaba que, para comenzar, me saltase el primer capítulo y me fuera directamente al segundo. Que el primero lo dejase para lo último. Decía Alí que el propio Marx reconocía la dificultad de ese capítulo, el cual habría escrito en lenguaje muy filosófico a causa de una culebra que tenía con los hegelianos. Algo así.
Bueno, pero resulta que ahora Chávez nos llama a leer los libros de István Mészáros, Más allá del Capital y El desafío y la carga del tiempo histórico.
Y la verdad es que no me parece correcto entrarle con seriedad a Mészáros sin haber previamente leído El Capital.
De modo que me dispongo a intentar la tarea. Es una deuda pendiente con Alfredo, con Alí y conmigo mismo.
Buscaré esta tarde en la biblioteca de mi casa la vieja edición de tapas amarillas en tres tomos, de las ediciones en lenguas extranjeras de la URSS y la pondré sobre la mesita de noche.
Ya les contaré como me va.
domingo 8 de noviembre de 2009
DÍAS Y NOCHES 8.11.09
Ayer estábamos viendo y disfrutando a Sabina en la transmisión por TV de un concierto suyo en Buenos Aires.
Cuando cantaba aquello de: “tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla diecinueve días y quinientas noches”, la frase me pareció familiar.
Creí recordar dónde había visto una ligeramente parecida.
Así que busqué mi Libro de la Luna Interior y allí me fui directamente al poema “Él se trabaja a sí mismo con papeles”.
Encontré los versos que buscaba: “tarda dos días en esta operación. O tarda cien noches. No lo sé bien”. Es un poema de 1990. Creo que antes de que Sabina escribiera su canción.
Como admiro su talento, me agradó que ambos hubiéramos coincidido en una imagen que descalabra la relación natural entre días y noches.
Es curioso.
Pero no tanto.
Porque, pensándolo bien, todos los poemas del mundo hablan de lo mismo: del amor, la vida y la muerte.
Y todos los seres humanos, repetimos las experiencias de vida, una y otra vez, cada uno las suyas, como si fueran únicas e irrepetibles.
Como el agua del río, que siempre parece la misma, pero que nunca lo es.
Cuando cantaba aquello de: “tanto la quería, que tardé en aprender a olvidarla diecinueve días y quinientas noches”, la frase me pareció familiar.
Creí recordar dónde había visto una ligeramente parecida.
Así que busqué mi Libro de la Luna Interior y allí me fui directamente al poema “Él se trabaja a sí mismo con papeles”.
Encontré los versos que buscaba: “tarda dos días en esta operación. O tarda cien noches. No lo sé bien”. Es un poema de 1990. Creo que antes de que Sabina escribiera su canción.
Como admiro su talento, me agradó que ambos hubiéramos coincidido en una imagen que descalabra la relación natural entre días y noches.
Es curioso.
Pero no tanto.
Porque, pensándolo bien, todos los poemas del mundo hablan de lo mismo: del amor, la vida y la muerte.
Y todos los seres humanos, repetimos las experiencias de vida, una y otra vez, cada uno las suyas, como si fueran únicas e irrepetibles.
Como el agua del río, que siempre parece la misma, pero que nunca lo es.
sábado 7 de noviembre de 2009
UNA CARTA DE JUAN CARLOS 7.11.09
UNA CARTA DE JUAN CARLOS
7 de Noviembre de 2009
Juan Carlos me escribe desde su lugar de estudio, al otro lado del Atlántico. Me pareció bien transcribir su carta, para compartirla con ustedes.
Mi apreciado Farruco,
Ahora que dispongo de más tiempo para la reflexión, para la vivencia
del espíritu, haciendo uso privilegiado de eso que llaman la“comprensión desde afuera”, que no significa para nada alejarse de los compromisos y las creencias, pero que muchas veces ayuda a situar de mejor forma los entendimientos , apelo a las reflexiones de un amigo de origen argentino (qué importa su nombre -pudiera ser éste o aquél- o el nuestro, o el de quién sea, si lo que cuenta es que canta verdades?) que ha escrito sobre el tema más reciente en su blog, en el tenor que más abajo incluyo.
Va el abrazo de siempre,
Juan Carlos Lossada
“(…) El peor enemigo del espíritu libre, sensible, es el traidor, aquél que actúa únicamente partiendo de la entidad puntual (yo, aquí, ahora), olvidando que el universo es interactuante, que se conforma por definiciones extensas (nosotros, aquí y allá, ayer y mañana). Cómo se le da entidad al que traiciona sus principios, al que traiciona su
palabra, su persona? Cómo se entiende a quien logra seguir viviendo a pesar de haber decidido renunciar a probablemente lo único que lo hace digno, su palabra, su coherencia entre palabra y acto? Qué moral maldita es la que, en la concepción de tales individuos, logra permitirles que trasciendan una escisión tan evidente?
“(…) cómo es que *nosotros* dejamos que determinadas personas, vestidas en galas angelicales, intelectuales, emocionales, sensibles, logren vulnerar las defensas para, una vez habiendo entrado como Aquiles y su puto caballo, destruir Troya desde adentro, logrando que no quede absolutamente nada en pie, ni siquiera la fe en el amor, en la amistad, en que existe algo bueno en este puto mundo? Cómo podemos seguir creyendo en que existe algo bueno si fue justamente un ángel inmaculado quien decidió clavar la daga justo a la altura del corazón, por la espalda pero al mismo tiempo mirándonos a los ojos, dejándonos
ver que son tan buenos, y tan miserables, y tan cobardes y tan terribles como nunca hubiésemos podido concebir? Cómo se reconstruye la bondad, la fe... la fe en todo lo que da sentido a la existencia, si esos que en buena medida te permitían fundamentarla fueron quienes en definitiva te la destruyeron...?
“(…) y me sigo preguntando en virtud de qué se valida tamaña destrucción, tamaña incapacidad de soportar la bondad, el credo, el vínculo, la inocencia, el amor, la inmanencia. Prefiero seguir siendo inocente, ingenuo. Prefiero creer que lo que hacemos en vida repercute en la eternidad, que todas nuestras traiciones algún día nos pasarán
la cuenta, y que lo que nos dignifica es la capacidad de vincularnos, que nuestra libertad se juega también en la dignidad que exhibimos cuando elegimos jugarnos por una causa, por una persona, por un amor. Descreo de quienes oscilan como veletas, por más que es el paradigma de la época, descreo y desprecio a quienes se montan a una reputación,
un cargo o un delirio de grandeza insufrible, a quienes declaman amar y poder entregarse libremente para luego salir corriendo pues son incapaces de asumir su libertad como capacidad de compromiso. Me siento digno, feliz y honrado de saber hacerme cargo de mis emociones, de mis decisiones, de mis compromisos, de mi amor. Siento que tengo
algo personal con todos aquellos que no sólo son cobardes y dicen no serlo, sino que además se arman un discurso en el cual son buenos y poseen justas razones para actuar como hacen, que carecen de la capacidad de hacerse responsables de sus actos, del daño que hacen a sus semejantes cuando actúan como criaturas inconscientes, como egos
sobredimensionados y al mismo tiempo insoportablemente dolientes.
“(…) Y sí, a veces se duda, a veces se maldice, pero la condición humana implica finitud, y quien pretende ser omnipotente, quien cree gozar de un exceso de poder, quien cree que puede conocerlo todo, tarde o temprano se encontrará a los pies de su tumba penando por nunca haber podido plantar los pies en algo, siquiera en sí mismo, y muere más solo que en el medio del desierto...
7 de Noviembre de 2009
Juan Carlos me escribe desde su lugar de estudio, al otro lado del Atlántico. Me pareció bien transcribir su carta, para compartirla con ustedes.
Mi apreciado Farruco,
Ahora que dispongo de más tiempo para la reflexión, para la vivencia
del espíritu, haciendo uso privilegiado de eso que llaman la“comprensión desde afuera”, que no significa para nada alejarse de los compromisos y las creencias, pero que muchas veces ayuda a situar de mejor forma los entendimientos , apelo a las reflexiones de un amigo de origen argentino (qué importa su nombre -pudiera ser éste o aquél- o el nuestro, o el de quién sea, si lo que cuenta es que canta verdades?) que ha escrito sobre el tema más reciente en su blog, en el tenor que más abajo incluyo.
Va el abrazo de siempre,
Juan Carlos Lossada
“(…) El peor enemigo del espíritu libre, sensible, es el traidor, aquél que actúa únicamente partiendo de la entidad puntual (yo, aquí, ahora), olvidando que el universo es interactuante, que se conforma por definiciones extensas (nosotros, aquí y allá, ayer y mañana). Cómo se le da entidad al que traiciona sus principios, al que traiciona su
palabra, su persona? Cómo se entiende a quien logra seguir viviendo a pesar de haber decidido renunciar a probablemente lo único que lo hace digno, su palabra, su coherencia entre palabra y acto? Qué moral maldita es la que, en la concepción de tales individuos, logra permitirles que trasciendan una escisión tan evidente?
“(…) cómo es que *nosotros* dejamos que determinadas personas, vestidas en galas angelicales, intelectuales, emocionales, sensibles, logren vulnerar las defensas para, una vez habiendo entrado como Aquiles y su puto caballo, destruir Troya desde adentro, logrando que no quede absolutamente nada en pie, ni siquiera la fe en el amor, en la amistad, en que existe algo bueno en este puto mundo? Cómo podemos seguir creyendo en que existe algo bueno si fue justamente un ángel inmaculado quien decidió clavar la daga justo a la altura del corazón, por la espalda pero al mismo tiempo mirándonos a los ojos, dejándonos
ver que son tan buenos, y tan miserables, y tan cobardes y tan terribles como nunca hubiésemos podido concebir? Cómo se reconstruye la bondad, la fe... la fe en todo lo que da sentido a la existencia, si esos que en buena medida te permitían fundamentarla fueron quienes en definitiva te la destruyeron...?
“(…) y me sigo preguntando en virtud de qué se valida tamaña destrucción, tamaña incapacidad de soportar la bondad, el credo, el vínculo, la inocencia, el amor, la inmanencia. Prefiero seguir siendo inocente, ingenuo. Prefiero creer que lo que hacemos en vida repercute en la eternidad, que todas nuestras traiciones algún día nos pasarán
la cuenta, y que lo que nos dignifica es la capacidad de vincularnos, que nuestra libertad se juega también en la dignidad que exhibimos cuando elegimos jugarnos por una causa, por una persona, por un amor. Descreo de quienes oscilan como veletas, por más que es el paradigma de la época, descreo y desprecio a quienes se montan a una reputación,
un cargo o un delirio de grandeza insufrible, a quienes declaman amar y poder entregarse libremente para luego salir corriendo pues son incapaces de asumir su libertad como capacidad de compromiso. Me siento digno, feliz y honrado de saber hacerme cargo de mis emociones, de mis decisiones, de mis compromisos, de mi amor. Siento que tengo
algo personal con todos aquellos que no sólo son cobardes y dicen no serlo, sino que además se arman un discurso en el cual son buenos y poseen justas razones para actuar como hacen, que carecen de la capacidad de hacerse responsables de sus actos, del daño que hacen a sus semejantes cuando actúan como criaturas inconscientes, como egos
sobredimensionados y al mismo tiempo insoportablemente dolientes.
“(…) Y sí, a veces se duda, a veces se maldice, pero la condición humana implica finitud, y quien pretende ser omnipotente, quien cree gozar de un exceso de poder, quien cree que puede conocerlo todo, tarde o temprano se encontrará a los pies de su tumba penando por nunca haber podido plantar los pies en algo, siquiera en sí mismo, y muere más solo que en el medio del desierto...
viernes 6 de noviembre de 2009
LA CARNE DE LOS TRAIDORES 6.11.09
LA CARNE DE LOS TRAIDORES
6 de noviembre de 2009
Reflexionando sobre las extrañas situaciones que a uno le ha tocado vivir de cerca, no dejo de preguntarme de qué barro estará amasada la carne de los traidores.
Y me respondo a mí mismo que si es con el mismo barro con que estamos hechos los demás, entonces es que algo de fuerte impacto se cruzó en sus vidas. ¡Vaya Usted a saber! Tal vez la explicación es simple. Por ejemplo, que no tuvieron suficiente teta cuando chiquitos, o algo así.
¡Quién sabe!
He pensado bastante sobre esto últimamente.
Porque si me toca emprender la conformación de nuevos equipos, de ninguna manera puedo comenzar partiendo de la duda, ni de la desconfianza, con base a alguna amarga experiencia.
Sino todo lo contrario: volver a confiar en la gente, como siempre lo he hecho.
Seguramente no es fácil, de acuerdo con las marcas que uno lleva en el alma, pero creo que lo que corresponde, una vez y otra vez, es apostar a que toda persona, por su condición humana, lleva en el corazón una capacidad inmanente para entregarse a la verdad, la belleza y la justicia.
Es decir, para practicar la bondad.
¿Será que digo estas cosas porque me aflora la cultura cristiana en la que me he formado?
No sé. Pero así lo pienso.
Lo que si pienso también es que, para equilibrar esta confianza necesaria, hay que guardar la ingenuidad en un cofre de doble cerradura y botar las llaves.
6 de noviembre de 2009
Reflexionando sobre las extrañas situaciones que a uno le ha tocado vivir de cerca, no dejo de preguntarme de qué barro estará amasada la carne de los traidores.
Y me respondo a mí mismo que si es con el mismo barro con que estamos hechos los demás, entonces es que algo de fuerte impacto se cruzó en sus vidas. ¡Vaya Usted a saber! Tal vez la explicación es simple. Por ejemplo, que no tuvieron suficiente teta cuando chiquitos, o algo así.
¡Quién sabe!
He pensado bastante sobre esto últimamente.
Porque si me toca emprender la conformación de nuevos equipos, de ninguna manera puedo comenzar partiendo de la duda, ni de la desconfianza, con base a alguna amarga experiencia.
Sino todo lo contrario: volver a confiar en la gente, como siempre lo he hecho.
Seguramente no es fácil, de acuerdo con las marcas que uno lleva en el alma, pero creo que lo que corresponde, una vez y otra vez, es apostar a que toda persona, por su condición humana, lleva en el corazón una capacidad inmanente para entregarse a la verdad, la belleza y la justicia.
Es decir, para practicar la bondad.
¿Será que digo estas cosas porque me aflora la cultura cristiana en la que me he formado?
No sé. Pero así lo pienso.
Lo que si pienso también es que, para equilibrar esta confianza necesaria, hay que guardar la ingenuidad en un cofre de doble cerradura y botar las llaves.
jueves 5 de noviembre de 2009
EL CONTADOR 5.11.09
EL CONTADOR
Acabo de instalar aquí un contador de visitas.
Es de lo más sencillo. No indica fechas ni orígenes ni clasifica a las vistas de ninguna manera. Simplemente las cuenta.
Comienza en cero. Hoy, 5 de noviembre.
Como este es un blog modesto, que está hecho para la media docena de amigos y amigas que tratan de seguirme espiritualmente en mis andanzas, me sospecho que el número diario de accesos se contará con los dedos de las manos.
De verdad que no aspiro a más.
Es la cercanía espiritual de ustedes la que le da sentido a este pequeño intento de comunicación, que no es más, si lo piensan, que un pequeño homenaje a la amistad, la lealtad y la consecuencia.
Acabo de instalar aquí un contador de visitas.
Es de lo más sencillo. No indica fechas ni orígenes ni clasifica a las vistas de ninguna manera. Simplemente las cuenta.
Comienza en cero. Hoy, 5 de noviembre.
Como este es un blog modesto, que está hecho para la media docena de amigos y amigas que tratan de seguirme espiritualmente en mis andanzas, me sospecho que el número diario de accesos se contará con los dedos de las manos.
De verdad que no aspiro a más.
Es la cercanía espiritual de ustedes la que le da sentido a este pequeño intento de comunicación, que no es más, si lo piensan, que un pequeño homenaje a la amistad, la lealtad y la consecuencia.
DEL RECELO A LA LÁSTIMA 5.11.09
CON VISTA A LA DERECHA
(publicado hoy, 5 de Noviembre en el Correo del Orinoco)
DEL RECELO A LA LÁSTIMA
Son caras que pertenecen a la misma figura. Expresiones de una visión de país completamente retrógrada y de un concepto elitista de sociedad alimentado con el racismo y el culto a los privilegios.
Así la derecha económica da recelo.
La derecha eclesiástica da miedo.
La derecha política da asco.
La derecha comunicacional da dolor de estómago.
La derecha intelectual da tristeza.
Recelo, porque sabes que está allí, como un poder real, todavía con mucha fuerza, moviendo hilos, sobornando conciencias, facturando, decidiendo.
Miedo, porque te imaginas por un instante que la inquisición que ella representa puede regresar y quemarte en la plaza pública sin compasión, en nombre de la verdad revelada (o bendecirte y arrojarte inmediatamente desde un helicóptero)
Asco, porque la hipocresía generalizada y la doblez moral siempre te producen esa nausea profunda que se mete en el cuerpo y el alma hasta estremecerlos.
Dolor de estómago, por lo mismo. Porque la obsesión, la mentira, el odio y falta de escrúpulos todo junto, hacen un coctel infernal y corrosivo que agujerea lo que le pongan.
Lástima, porque en verdad produce ese sentimiento ver a viejas y a nuevas glorias, serviles ante el capital, deambulando por los argumentos y las ideas en el vano intento de atrapar alguno o alguna que valga la pena.
farrucosesto@gmail.com
(publicado hoy, 5 de Noviembre en el Correo del Orinoco)
DEL RECELO A LA LÁSTIMA
Son caras que pertenecen a la misma figura. Expresiones de una visión de país completamente retrógrada y de un concepto elitista de sociedad alimentado con el racismo y el culto a los privilegios.
Así la derecha económica da recelo.
La derecha eclesiástica da miedo.
La derecha política da asco.
La derecha comunicacional da dolor de estómago.
La derecha intelectual da tristeza.
Recelo, porque sabes que está allí, como un poder real, todavía con mucha fuerza, moviendo hilos, sobornando conciencias, facturando, decidiendo.
Miedo, porque te imaginas por un instante que la inquisición que ella representa puede regresar y quemarte en la plaza pública sin compasión, en nombre de la verdad revelada (o bendecirte y arrojarte inmediatamente desde un helicóptero)
Asco, porque la hipocresía generalizada y la doblez moral siempre te producen esa nausea profunda que se mete en el cuerpo y el alma hasta estremecerlos.
Dolor de estómago, por lo mismo. Porque la obsesión, la mentira, el odio y falta de escrúpulos todo junto, hacen un coctel infernal y corrosivo que agujerea lo que le pongan.
Lástima, porque en verdad produce ese sentimiento ver a viejas y a nuevas glorias, serviles ante el capital, deambulando por los argumentos y las ideas en el vano intento de atrapar alguno o alguna que valga la pena.
farrucosesto@gmail.com
Suscribirse a:
Entradas (Atom)