Con vista a la derecha
(Publicado el pasado jueves en El Correo del Orinoco
El capitalismo es la utopía de los tontos.
Si alguna utopía es irrealizable es la que vende el capitalismo.
Detrás de sus vitrinas bien iluminadas, lo que hay es la crueldad de una imagen imposible.
El lujo como estímulo para la conciencia, la idea del éxito como ilusión que convoca siempre un poco más allá, el combate incesante de cada quien en dura competencia contra lo que sea, la supeditación del amor y la ternura a los intereses materiales, el afán de acumulación de bienes en una interminable locura sin medida, todo ello es producto de ese atentado contra lo humano llamado eufemísticamente “economía de libre mercado”.
Pero, además, los otros daños colaterales que produce ese régimen son infinitos: anotemos la estructuración de la sociedad en estratos o clases (unas “altas” y otras “bajas”), la pobreza extendida, el hambre, la miseria, la explotación, la desigualdad, los desplazamientos masivos, la imposición mundial del pensamiento único, la destrucción de la naturaleza y, sobre todo, como un ángel sombrío, apocalíptico, la continuada guerra de los pueblos poderosos contra los pueblos pobres.
El Capitalismo es como una segadora de los anhelos de libertad. Todas las cosas tangibles o intangibles las convierte en mercancías. Y por el acceso a esas mercancías muchos hombres y mujeres toleran, cuando no consienten, su propia esclavitud.
En verdad es extraño que haya intelectuales capaces de defender algo tan terrible.
Los que lo hacen, traicionan su propia razón de ser como pensadores.
Son desleales a su íntima capacidad de sentir y razonar. Se convierten así en más esclavos que el resto.
No son muchos, pero hacen ruido. Andan por ahí, escribiendo, opinando, rezongando, en los viejos periódicos de la oligarquía.
lunes 6 de septiembre de 2010
martes 31 de agosto de 2010
LAS ELECCIONES Y LA CULTURA / 31.8.10
(Publicado el sábado 28 de Agosto en TODOSADENTRO)
Las elecciones del 26 de septiembre son importantísimas para dotarnos de la mejor representación popular posible en la Asamblea Nacional.
Pero si esto es verdad en términos generales, en el marco de un país en transformación profunda, lo es aún más, si cabe, en términos específicos en cuanto se refiere a la cultura.
Pasados ya los tiempos iniciales de la Revolución, con sus exploraciones, sus idas y venidas, sus vaguedades y sus aciertos, ahora, cuando ya está claro el propósito de construir el socialismo y desmantelar el estado burgués, es necesario dotarnos de un marco jurídico revolucionario en lo que se refiere a la cultura.
Todas nuestras leyes culturales son anteriores al gobierno bolivariano. Todas, sin excepción, son anteriores a este proyecto hermoso e intensamente humano que lidera el Comandante Chávez.
¡Hay que modificar todas las leyes existentes que afectan a la cultura! ¡Es necesario hacerlo, trabajar para ello! ¡Hay que sustituirlas por nuevas leyes que nos permitan avanzar en los propósitos de cambiar la vida para construir la felicidad colectiva. Allí la cultura juega un papel primordial.
Por ese motivo es preciso que estemos atentos a estas elecciones tan importantes para el proceso bolivariano. Hay que participar con alma y corazón. Hay que ir a la batalla electoral de las ideas. Debemos preparar a nuestro pueblo para el mejor voto. Y luego, cuando llegue el día, no faltar a la cita.
De esa manera tendremos una Asamblea que sea expresión cierta del pueblo en Revolución y actué en consecuencia.
Las elecciones del 26 de septiembre son importantísimas para dotarnos de la mejor representación popular posible en la Asamblea Nacional.
Pero si esto es verdad en términos generales, en el marco de un país en transformación profunda, lo es aún más, si cabe, en términos específicos en cuanto se refiere a la cultura.
Pasados ya los tiempos iniciales de la Revolución, con sus exploraciones, sus idas y venidas, sus vaguedades y sus aciertos, ahora, cuando ya está claro el propósito de construir el socialismo y desmantelar el estado burgués, es necesario dotarnos de un marco jurídico revolucionario en lo que se refiere a la cultura.
Todas nuestras leyes culturales son anteriores al gobierno bolivariano. Todas, sin excepción, son anteriores a este proyecto hermoso e intensamente humano que lidera el Comandante Chávez.
¡Hay que modificar todas las leyes existentes que afectan a la cultura! ¡Es necesario hacerlo, trabajar para ello! ¡Hay que sustituirlas por nuevas leyes que nos permitan avanzar en los propósitos de cambiar la vida para construir la felicidad colectiva. Allí la cultura juega un papel primordial.
Por ese motivo es preciso que estemos atentos a estas elecciones tan importantes para el proceso bolivariano. Hay que participar con alma y corazón. Hay que ir a la batalla electoral de las ideas. Debemos preparar a nuestro pueblo para el mejor voto. Y luego, cuando llegue el día, no faltar a la cita.
De esa manera tendremos una Asamblea que sea expresión cierta del pueblo en Revolución y actué en consecuencia.
domingo 29 de agosto de 2010
PAVESE Y LOS NECIOS. Rubén Wisotzki / 29.8.10
(Recibo este correo y decido publicarlo)
Farruco, escribo esto en medio de los chillidos de los que no entienden, de los que se resisten a los cambios, de los que se quejan del presente pero no del pasado (y por lo tanto no son ni pasado ni presente), de los que se quejan del presente y también del pasado (¿se quejarán también del futuro?); escribo esto porque además de todo, no hacen nada, no proponen nada, pareciera que prefieren la Nada; escribo esto minutos después de revisar algunas entrevistas mías realizadas en el pasado donde los ¿artistas? ¿creadores? ¿intelectuales? ansiaban, y me tomo la licencia de la dramatización verbal, quemarlo todo, porque no se hacía nada bien, porque todo era, en aquel entonces, un desastre; escribo esto porque hay quien afirma, jura y perjura en los medios de hoy que antes todo estaba bien en el mundo de la cultura y en el ayer no hacía mas que tocar las puertas de la fundaciones privadas para que lo ayudasen con la publicación de un libro, una exposición, una obra de teatro, una película o esa figura tan endeble llamada bolsa de trabajo (¿quien era el bolsa?); escribo esto mientras recuerdo como se reclamaba la creación del Ministerio de Cultura y la abolición del Conac; escribo esto mientras recuerdo (y releo en los periódicos ya amarillentos) a artistas de reconocidas trayectorias, justos premios nacionales en su momento, declararme que nunca permitirían que se les privatizara el espíritu, que podrían privatizarlo todo si se les antojaba, pero nunca el espíritu (¿ya no se acuerdan de la ola de privatizaciones que hundió a este país, y así a otros de la región como Argentina? ¿Ya nadie se acuerda de CAP y Menem?); escribo esto mientras confirmo a través de esas gastadas paginas culturales del medio impreso que los esfuerzos privados tenían mas fuerza que los esfuerzos públicos, que nadie entendía como era posible que una empresa pudiese apoyar mas a la cultura que el Estado; escribo esto mientras realizo mi propio mea culpa ya que uno formó parte de esa locura y ahora forma parte de esta aventura (aventura que en realidad comenzó hace muchos años, en el liceo, al lado de Pedro Calzadilla, en la universidad dentro del Movimiento 80, con Jorge Rodríguez a la cabeza de la FCU); escribo esto mientras leo que usted anda por el interior (que es mucho mas exterior de lo que se cree) del país, escuchando, hablando, proponiendo, debatiendo, con los creadores, y no puedo dejar a un lado la protesta generalizada de los creadores de ese interior (que ya bauticé exterior) que en el pasado se plantaban iracundos ante este ex reportero porque los presidentes del Conac no iban a sus tierras, porque no los escuchaba nadie, porque toda la atención oficial era para Caracas y sus alrededores; escribo esto mientras tengo muy presente que no hubo presidente del Conac que terminase la nueva sede de la GAN y hoy que luce a puertas abiertas nadie dice nada; escribo esto mientras apoyo el codo en una antología de Baudelaire, nacida en la editorial El Perro y la Rana y la Imprenta Cultural, que me costó dos bolívares en una Librería del Sur (y tampoco nadie dice nada); escribo esto mientras no me permito olvidarme de esa abuela de Barinas que en toda su vida no había pisado el teatro de la ciudad y que lo hizo hace muy poco con toda su familia gracias al trabajo de los activadores de Misión Cultura (esto me consta, estuve allí); escribo esto porque aquí nos habíamos olvidado de un intelectual de primera llamado Ludovico Silva y ahora cargo de arriba para abajo sendas obras suyas en el sello de Monte Ávila (se imprimió en el pasado y ya, ¿para que mas?); escribo esto mientras va terminando de a poco el mes de agosto que fue particularmente excepcional para el cine venezolano (producciones como Hermano o el Taita Boves, entre otras, recogen aplausos en todos lados) y nadie le otorgue un crédito, aunque sea pequeñito, minúsculo, raquítico, a que la Villa del Cine decidió estar allí presente en ese trabajo de alguna u otra manera; escribo todo esto porque no faltará quien diga que soy un tarifado pero para esa misma persona cuando estaba en El Nacional no lo era (¡hay que ver todas las pautas que se hacen en el periodismo privado porque así lo exigen los jefes de turno, cumpliendo así con los intereses de los dueños!); escribo esto porque los necios de tanta crítica, que en su momento cumplieron papeles rectores en la cultura, no cumplen con el requisito fundamental de la critica: la autocrítica; escribo esto porque el 27 de agosto de 1950 se suicidó el gran poeta italiano Cesare Pavese, ya han pasado 60 años, quien escribió entre montones de textos importantes: "La libertad no estriba en permitirle a alguien ser para siempre lo que fue, sino en crear las condiciones para que todos los hombres puedan determinar y construir su nueva realidad". Un abrazo,
Ruben Wisotzki
(entre otros errores que no me importan en pro de la urgencia que llevo, no me funcionan los acentos, pero está bien así, espero que la idea es la que lleve el acento)
Nota de Farruco: Rubén, perdóname por ponerle los acentos a efectos de su publicación. Aclaro también que aunque no estoy seguro de que La Villa participó directamente en esas películas (creo que no) para los efectos es lo mismo porque la Plataforma del Cine del Ministerio del Poder Popular (¡Poder Popular! ¿te das cuenta?) del Cine funciona de manera integrada. En fin, gracias por tu nota y un gran saludo.
Farruco, escribo esto en medio de los chillidos de los que no entienden, de los que se resisten a los cambios, de los que se quejan del presente pero no del pasado (y por lo tanto no son ni pasado ni presente), de los que se quejan del presente y también del pasado (¿se quejarán también del futuro?); escribo esto porque además de todo, no hacen nada, no proponen nada, pareciera que prefieren la Nada; escribo esto minutos después de revisar algunas entrevistas mías realizadas en el pasado donde los ¿artistas? ¿creadores? ¿intelectuales? ansiaban, y me tomo la licencia de la dramatización verbal, quemarlo todo, porque no se hacía nada bien, porque todo era, en aquel entonces, un desastre; escribo esto porque hay quien afirma, jura y perjura en los medios de hoy que antes todo estaba bien en el mundo de la cultura y en el ayer no hacía mas que tocar las puertas de la fundaciones privadas para que lo ayudasen con la publicación de un libro, una exposición, una obra de teatro, una película o esa figura tan endeble llamada bolsa de trabajo (¿quien era el bolsa?); escribo esto mientras recuerdo como se reclamaba la creación del Ministerio de Cultura y la abolición del Conac; escribo esto mientras recuerdo (y releo en los periódicos ya amarillentos) a artistas de reconocidas trayectorias, justos premios nacionales en su momento, declararme que nunca permitirían que se les privatizara el espíritu, que podrían privatizarlo todo si se les antojaba, pero nunca el espíritu (¿ya no se acuerdan de la ola de privatizaciones que hundió a este país, y así a otros de la región como Argentina? ¿Ya nadie se acuerda de CAP y Menem?); escribo esto mientras confirmo a través de esas gastadas paginas culturales del medio impreso que los esfuerzos privados tenían mas fuerza que los esfuerzos públicos, que nadie entendía como era posible que una empresa pudiese apoyar mas a la cultura que el Estado; escribo esto mientras realizo mi propio mea culpa ya que uno formó parte de esa locura y ahora forma parte de esta aventura (aventura que en realidad comenzó hace muchos años, en el liceo, al lado de Pedro Calzadilla, en la universidad dentro del Movimiento 80, con Jorge Rodríguez a la cabeza de la FCU); escribo esto mientras leo que usted anda por el interior (que es mucho mas exterior de lo que se cree) del país, escuchando, hablando, proponiendo, debatiendo, con los creadores, y no puedo dejar a un lado la protesta generalizada de los creadores de ese interior (que ya bauticé exterior) que en el pasado se plantaban iracundos ante este ex reportero porque los presidentes del Conac no iban a sus tierras, porque no los escuchaba nadie, porque toda la atención oficial era para Caracas y sus alrededores; escribo esto mientras tengo muy presente que no hubo presidente del Conac que terminase la nueva sede de la GAN y hoy que luce a puertas abiertas nadie dice nada; escribo esto mientras apoyo el codo en una antología de Baudelaire, nacida en la editorial El Perro y la Rana y la Imprenta Cultural, que me costó dos bolívares en una Librería del Sur (y tampoco nadie dice nada); escribo esto mientras no me permito olvidarme de esa abuela de Barinas que en toda su vida no había pisado el teatro de la ciudad y que lo hizo hace muy poco con toda su familia gracias al trabajo de los activadores de Misión Cultura (esto me consta, estuve allí); escribo esto porque aquí nos habíamos olvidado de un intelectual de primera llamado Ludovico Silva y ahora cargo de arriba para abajo sendas obras suyas en el sello de Monte Ávila (se imprimió en el pasado y ya, ¿para que mas?); escribo esto mientras va terminando de a poco el mes de agosto que fue particularmente excepcional para el cine venezolano (producciones como Hermano o el Taita Boves, entre otras, recogen aplausos en todos lados) y nadie le otorgue un crédito, aunque sea pequeñito, minúsculo, raquítico, a que la Villa del Cine decidió estar allí presente en ese trabajo de alguna u otra manera; escribo todo esto porque no faltará quien diga que soy un tarifado pero para esa misma persona cuando estaba en El Nacional no lo era (¡hay que ver todas las pautas que se hacen en el periodismo privado porque así lo exigen los jefes de turno, cumpliendo así con los intereses de los dueños!); escribo esto porque los necios de tanta crítica, que en su momento cumplieron papeles rectores en la cultura, no cumplen con el requisito fundamental de la critica: la autocrítica; escribo esto porque el 27 de agosto de 1950 se suicidó el gran poeta italiano Cesare Pavese, ya han pasado 60 años, quien escribió entre montones de textos importantes: "La libertad no estriba en permitirle a alguien ser para siempre lo que fue, sino en crear las condiciones para que todos los hombres puedan determinar y construir su nueva realidad". Un abrazo,
Ruben Wisotzki
(entre otros errores que no me importan en pro de la urgencia que llevo, no me funcionan los acentos, pero está bien así, espero que la idea es la que lleve el acento)
Nota de Farruco: Rubén, perdóname por ponerle los acentos a efectos de su publicación. Aclaro también que aunque no estoy seguro de que La Villa participó directamente en esas películas (creo que no) para los efectos es lo mismo porque la Plataforma del Cine del Ministerio del Poder Popular (¡Poder Popular! ¿te das cuenta?) del Cine funciona de manera integrada. En fin, gracias por tu nota y un gran saludo.
¡NO HAY TIEMPO QUE PERDER! 29.8.10



En la gira por los veinticuatro Estados del país, recorrimos tres esta semana: Carabobo el miércoles, Cojedes el jueves y Aragua el viernes. Con ellos ya van veinte.
En cada uno de los Estados tuvimos cuatro grandes reuniones: con Misión Cultura, con los directores de cultura de los municipios y gobernaciones, con los cultores y agrupaciones y, por último con nuestro propio gabinete ministerial en cada estado.
En verdad, intenso.
Llegamos a Caracas, en la noche del viernes.
Ayer sábado, estuve en la presentación del libro de Fidel Castro, La Victoria Estratégica. Fue una hermosa y muy concurrida actividad para un extraordinario libro. Hablaron Eugenio Suárez, director de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de Cuba, así como el Comandante de la Revolución Guillermo García. A mi me tocó decir unas palabras.
De allí salimos para el Teatro Teresa Carreño donde se presentaba una obra conjunta entre el elenco infantil de la Colmenita Cubana y los niños de la Colmenita Bolivariana. Un conmovedor acto de hermanamiento, con presencia de la Ministra Isis Ochoa, responsable del evento, y del embajador Rogelio Polanco y otros compañeros.
Un par de horas más tarde, en la Galería de Arte Nacional, coincidieron varias actividades, en las que nos acompañó el ministro Edgardo Ramírez: la lectura del Veredicto y entrega de premios del Salón de Arte Popular, tiempos de liberación. La presentación por parte de Benito Irady de los ciento veinte primeros libros de la colección de arte venezolano. Que estuvo muy bien. La inauguración de lo que será la primera sala del Museo de Arte Popular, así como de su tienda de arte. La apertura de una exposición excelente sobre Quintana Castillo, como un homenaje a este gran maestro nuestro. Y la inauguración de la Colección Permanente de la Galería de Arte Nacional, que es un triunfo de la nueva política museística (hablaremos sobre esto en otra nota)
Hoy, domingo, a las once de la mañana, se inaugurará la Colección Permanente del Museo de Arte Contemporáneo, y también una muestra sobre El Desnudo en el Arte contemporáneo. Una hora después, nos trasladaremos al Museo de Bellas Artes para inaugurar su Colección Permanente.
Felicito por ello a los trabajadores de la Fundación Museos!
¡Así es que se trabaja para el pueblo en tiempos de Revolución!
sábado 28 de agosto de 2010
FLOJERA / 28.8.10
Con vista a la Derecha
Publicado el pasado jueves en EL CORREO DEL ORINOCO
Escribir semanalmente sobre la Derecha para contribuir a hacer un buen retrato de sus tenebrosidades y vergüenzas, es la razón de ser originaria de esta columna de opinión. Con ese objetivo tan sencillo nació hace aproximadamente un año.
Pero confieso que lo que en un principio pudo parecerme divertido, con el tiempo se fue convirtiendo en algo fastidioso. Porque son tantas las costuras éticas del escualidismo intelectual, sus hipocresías y dobles discursos, las cabriolas argumentativas de sus más destacados miembros, el fanatismo, extraña disociación y soberbia clasista que los engalana, la rutina constante de sus banalidades ridículas y el ejercicio por ellos practicado de la mentira sin pudor, que la verdad es que ya cansa.
Al menos en mi caso ya me estoy fastidiando de intentar seguirlos, conociendo como conocemos que todo esa manipulación escuálida se produce al servicio de un pensamiento único y totalitario, dictado por los grandes poderes financieros.
Unos y otros, viejos derechistas y nuevos reaccionarios, intelectuales cuarto republicanos y saltadores de talanquera, que ejercen sin reparo el papel de policías cotidianos del Gran Hermano al que sirven, como digo, ya cansan.
Cada uno de ellos, lo quiera o no, lleva en su corazón la estampita de un dólar santificado.
Con enorme paciencia leo frecuentemente sus artículos y declaraciones para buscar en ellos honestamente algo salvable en medio de la singular decadencia que los caracteriza. Algo que los redima.
Pero ni un rastro de interés. Sólo el terrible odio al pueblo bolivariano. Sólo un rechazo visceral a Chávez. Sólo una traición desenraizada a la conciencia colectiva.
Me doy cuenta de que, en realidad, no vale la pena ni siquiera prestarles atención.
¿Será que mejor dedico mi esfuerzo a otros asuntos?
¡Hay tantas cosas hermosas sobre las cuales escribir!
Publicado el pasado jueves en EL CORREO DEL ORINOCO
Escribir semanalmente sobre la Derecha para contribuir a hacer un buen retrato de sus tenebrosidades y vergüenzas, es la razón de ser originaria de esta columna de opinión. Con ese objetivo tan sencillo nació hace aproximadamente un año.
Pero confieso que lo que en un principio pudo parecerme divertido, con el tiempo se fue convirtiendo en algo fastidioso. Porque son tantas las costuras éticas del escualidismo intelectual, sus hipocresías y dobles discursos, las cabriolas argumentativas de sus más destacados miembros, el fanatismo, extraña disociación y soberbia clasista que los engalana, la rutina constante de sus banalidades ridículas y el ejercicio por ellos practicado de la mentira sin pudor, que la verdad es que ya cansa.
Al menos en mi caso ya me estoy fastidiando de intentar seguirlos, conociendo como conocemos que todo esa manipulación escuálida se produce al servicio de un pensamiento único y totalitario, dictado por los grandes poderes financieros.
Unos y otros, viejos derechistas y nuevos reaccionarios, intelectuales cuarto republicanos y saltadores de talanquera, que ejercen sin reparo el papel de policías cotidianos del Gran Hermano al que sirven, como digo, ya cansan.
Cada uno de ellos, lo quiera o no, lleva en su corazón la estampita de un dólar santificado.
Con enorme paciencia leo frecuentemente sus artículos y declaraciones para buscar en ellos honestamente algo salvable en medio de la singular decadencia que los caracteriza. Algo que los redima.
Pero ni un rastro de interés. Sólo el terrible odio al pueblo bolivariano. Sólo un rechazo visceral a Chávez. Sólo una traición desenraizada a la conciencia colectiva.
Me doy cuenta de que, en realidad, no vale la pena ni siquiera prestarles atención.
¿Será que mejor dedico mi esfuerzo a otros asuntos?
¡Hay tantas cosas hermosas sobre las cuales escribir!
martes 24 de agosto de 2010
CREANDO UNA BASE ECONÓMICA PARA LA CULTURA 24.8.10
Publicado el pasado sábado en TODOSADENTRO
Últimamente nos hemos formulado una pregunta que es fundamental para nosotros: ¿puede la cultura constituir una base económica suficientemente firme y estable como para sustentar con dignidad a quienes activan vitalmente en ella, en el universo de sus manifestaciones?
De inmediato nos contestamos a nosotros mismos afirmativamente: si, si puede.
La cultura tiene una enorme potencialidad para ello a través de la producción de bienes materiales e inmateriales que sean valorados por el conjunto de la sociedad.
Su escala, ciertamente, en el conjunto de las tareas productivas será relativa, por no decir modesta, pero no por ello menos sensible e importante.
Con esa hipótesis de trabajo trazamos una línea estratégica: la de construir ese territorio económico donde se mueva la actividad cultural.
Ahora estamos reuniéndonos con los dirigentes reconocidos de los artesanos de todo el país, para discutir los ámbitos donde nosotros y ellos (nosotros como Estado revolucionario y ellos como parte del pueblo en transformación socialista) podamos desarrollar políticas y acciones comunes, bien coordinadas.
El tema central es la producción y alrededor de ese tema gira todo: el asunto de los insumos y materias primas, de los instrumentos y máquinas, de la capacitación, del financiamiento, de las normas y leyes que regulan la actividad, del acopio y distribución, de la promoción y de la comercialización nacional e internacional.
Empezamos con los artesanos, pero pronto estaremos en conversaciones con escritores, con músicos, cantantes, gentes de la danza, el teatro y el circo, cineastas, pintores, escultores, diseñadores, fotógrafos, magos, cultores en general y cuantos colectivos consideren su actividad dentro del campo cultural y tengan interés en el tema.
Lo que buscamos es que el Estado ponga su capacidad rectora y estructuradora y, por su parte, los artistas pongan su esfuerzo y su talento creativo. Es una asociación invencible.
La idea de fondo es apostar a que la cultura (¿y quién sino ella?) puede contribuir con decisión a la tarea de transformar la Venezuela rentista en una Venezuela productiva.
Con sus palabras, pero también con su propio ejemplo, es decir, con los hechos.
Al mismo tiempo, y con todo esto, vamos haciendo socialismo.
Últimamente nos hemos formulado una pregunta que es fundamental para nosotros: ¿puede la cultura constituir una base económica suficientemente firme y estable como para sustentar con dignidad a quienes activan vitalmente en ella, en el universo de sus manifestaciones?
De inmediato nos contestamos a nosotros mismos afirmativamente: si, si puede.
La cultura tiene una enorme potencialidad para ello a través de la producción de bienes materiales e inmateriales que sean valorados por el conjunto de la sociedad.
Su escala, ciertamente, en el conjunto de las tareas productivas será relativa, por no decir modesta, pero no por ello menos sensible e importante.
Con esa hipótesis de trabajo trazamos una línea estratégica: la de construir ese territorio económico donde se mueva la actividad cultural.
Ahora estamos reuniéndonos con los dirigentes reconocidos de los artesanos de todo el país, para discutir los ámbitos donde nosotros y ellos (nosotros como Estado revolucionario y ellos como parte del pueblo en transformación socialista) podamos desarrollar políticas y acciones comunes, bien coordinadas.
El tema central es la producción y alrededor de ese tema gira todo: el asunto de los insumos y materias primas, de los instrumentos y máquinas, de la capacitación, del financiamiento, de las normas y leyes que regulan la actividad, del acopio y distribución, de la promoción y de la comercialización nacional e internacional.
Empezamos con los artesanos, pero pronto estaremos en conversaciones con escritores, con músicos, cantantes, gentes de la danza, el teatro y el circo, cineastas, pintores, escultores, diseñadores, fotógrafos, magos, cultores en general y cuantos colectivos consideren su actividad dentro del campo cultural y tengan interés en el tema.
Lo que buscamos es que el Estado ponga su capacidad rectora y estructuradora y, por su parte, los artistas pongan su esfuerzo y su talento creativo. Es una asociación invencible.
La idea de fondo es apostar a que la cultura (¿y quién sino ella?) puede contribuir con decisión a la tarea de transformar la Venezuela rentista en una Venezuela productiva.
Con sus palabras, pero también con su propio ejemplo, es decir, con los hechos.
Al mismo tiempo, y con todo esto, vamos haciendo socialismo.
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